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Movilización el 25 y 26 de enero

El malestar de los sanitarios catalanes: "Si no lo frenamos, en dos años estamos como Madrid"

Médicos y enfermeras del sistema público apoyan la convocatoria de huelga y denuncian que la sobrecarga asistencial les impide ofrecer la atención adecuada | Los sanitarios afirman "sufrir" por la seguridad de sus pacientes

De izquierda a derecha, la anestesista Irene Bermell, el psiquiatra José Manuel López, la enfermera Núria Guirado y la médica de familia Patricia Diez-Cascón. FERRAN NADEU / JOAN CORTADELLAS / MARC VILA

La sanidad pública de Cataluña irá a la huelga los días 25 y 26 de enero. La semana pasada, el sindicato Metges de Catalunya (MC) convocó a 25.000 médicos de la atención primaria y de hospitales a participar en el "inicio" de un "ciclo ininterrumpido de movilizaciones". Días después, se unieron ocho sindicatos más (entre ellos, Infermeres de Catalunya) de otros perfiles sanitarios, como enfermería, auxiliares, psicólogos o administrativos.

Las razones principales son la sobrecarga asistencial, las malas condiciones laborales y un futuro poco halagüeño en el que se prevén jubilaciones que no podrán ser cubiertas porque faltan médicos y enfermeras. Madrid, marcado en las últimas semanas por las huelgas de médicos y manifestaciones masivas apoyadas por un gran grueso de la ciudadanía, ha acabado por dar el empujón definitivo a los facultativos catalanes.

El conseller de Salut, Manel Balcells, confía en llegar a un acuerdo con los sindicatos para evitar el paro. Pero la desafección entre el colectivo es manifiesta. Desde 2006 no se producía una convocatoria de huelga de este calibre en Catalunya, pues la de 2018 afectó solo a la atención primaria. El Periódico de Catalunya, del grupo Prensa Ibérica, habla con médicos y enfermeras que se movilizarán en enero. Lo que al final está en juego, advierten estos sanitarios, es la "seguridad" de los usuarios de la sanidad pública.

Un psiquiatra de la Primaria: "Trabajas con la sensación de que no llegas a nada"

osé Manuel López, psiquiatra del centro de salud mental para adultos (CSMA) Santa Coloma. Ferran Nadeu

José Manuel López es psiquiatra del centro de salud para adultos (CSMA) Santa Coloma (Barcelona), donde trabaja 35 horas semanales. Además, pasa visita un día a la semana en el centro de atención primaria (CAP) de la zona, dentro del programa de apoyo a la primaria. Y hace guardias en el Hospital del Mar de 24 horas y de 17 en el Centre Emili Mira, un psiquiátrico de Santa Coloma.

"Los que estamos en psiquiatría comunitaria pedimos no hacer las guardias de 24 horas en el Mar y que se contrate a un adjunto de urgencias. Así podríamos visitar un día más en el CSMA. Antes había, pero desde los recortes no", explica este psiquiatra de 46 años. Las jubilaciones del CSMA en los últimos años no han sido amortizadas. Ahora mismo hay cinco psiquiatras en plantilla, pero solo trabajan res, ya que uno de ellos está de baja y otro se fue. "Somos tres psiquiatras haciendo el trabajo de cinco".

Hay pacientes en el CSMA que no han sido visitados aún desde el 31 de agosto, día en que comenzó a faltar ese segundo facultativo. "A medida que se quejan, les vamos dando una respuesta oficial. A los que no necesitan un ingreso los atendemos telefónicamente, metiéndolos con calzador en nuestra agenda, aunque eso supone hacer más informes y recetas", dice López.

En los últimos años, la demanda "ha aumentado un montón". Este psiquiatra trata a pacientes que han intentado suicidarse, que fueron en su momento atendidos en las urgencias de los hospitales pero que no han podido ser vistos en el CSMA "hasta tres meses después".

"Me siento absolutamente desbordado, con la sensación de que no llegas a hacer las cosas bien, de que lo que haces lo haces mal. Ahora mismo, si le quiero dar una visita al mes a un paciente grave, me sale para primeros de febrero", relata. "Me gusta lo que hago, pero en condiciones decentes". López lamenta que, al final, "bajan la calidad y la accesibilidad" del paciente al sistema. "Y muchos se acaban yendo a la Privada".

Una anestesista: "Esto es la crónica de una muerte anunciada"

La anestesista del Hospital de Bellvitge Irene Bermell. Ferran Nadeu

"Esta huelga es un hartazgo. Son muchos años de demandas que no se han escuchado por parte de la Administración". Habla Irene Bermell, de 44 años y anestesista del Hospital de Bellvitge (L'Hospitalet de Llobregat).

Aunque ahora tiene plaza, Bermell sabe lo que es trabajar en precario. "He sufrido 11 años de interinidad, lo que implica no tener derecho a complementos. No tenía plaza en propiedad porque no se hacían las convocatorias, la conseguí hace unos años. Soy un pobre reflejo de la precariedad que aún se vive", explica.

Bermell ha encadenado contratos eventuales que al final duraban, en su conjunto, "cinco o seis años". "Contratos de cinco meses... En agosto te despedían y te contrataban en septiembre. Y soy facultativa especialista", relata. Trabaja 40 horas semanales ("cobrando menos que en otras comunidades donde no trabajan esas horas") y hace horas extra "porque faltan profesionales". Esta carencia de sanitarios, dice, es "más flagrante" en la primaria, pero los especialistas en los hospitales, advierte, "tampoco sobran". Hay bajas profesionales que no se cubren, también en centros de alta complejidad como Bellvitge, asegura.

"La gente se va fuera porque en centros que no son el Institut Català de la Salut (ICS) encuentran mejores condiciones retributivas y de carga asistencial", se queja esta anestesista. Recuerda la huelga de 2006, cuando los médicos reclamaban algo "similar" a lo de ahora. "Esto es la crónica de una muerte anunciada. Si no ponemos freno, en dos o tres años, Catalunya estará igual que Madrid".

Una médica de familia: "Lo que más nos importa es hacer medicina de calidad, no el salario"

Patricia Díez-Cascón, médica de familia en el CAP Rio de Janeiro, en Barcelona. JOAN CORTADELLAS

Patricia Díez-Cascón, médica de familia del CAP Rio de Janeiro de Barcelona, asegura que la sanidad pública de Catalunya está "en decadencia" desde hace 13 años. "Trabajamos con mucha presión asistencial, hay muchas visitas. Casi nadie para a tomar un café. Sales normalmente una hora más tarde", dice. Tiene 41 años.

El "agobio" forma parte del día a día. Visitas presenciales, pero también e-consultas y atención telefónica copan la jornada habitual. "A veces es muy difícil abordarlo". La atención primaria, en estos momentos, está haciendo los controles a pacientes crónicos que no pudo en los dos últimos años a causa del covid-19.

"Es muy difícil cumplir los horarios, los pacientes se van calentando, y luego tienes que atenderlos en seis minutos. Sufrimos mucho por la seguridad de los pacientes, por si se nos escapan cosas", cuenta Diez-Cascón. Por eso, como sus colegas, entiende que mucha gente se vaya a trabajar fuera. "No se está cumpliendo el acuerdo de la última huelga [la de la primaria de 2018], que fijaba un máximo de 28 pacientes por médico al día", se queja.

Tampoco se cumplen los cupos. Sin un doctor de familia debería tener un cupo de 1.200 o 1.400 pacientes para hacer una "asistencia de calidad", hay muchos que cuentan con cupos de hasta 2.200, el doble. "Lo principal no es el salario, sino hacer medicina de calidad. Queremos recuperar la sanidad que teníamos porque mucha gente se coge seguros privados", reclama.

Una enfermera de la primaria: "Sufrimos más agresiones verbales de los pacientes"

La enfermera del CAP Piera Núria Guirado. MARC VILA

"No creo que estemos ni más ni mejores valoradas tras la pandemia. Creo que todos estamos muy cansados y que ha bajado mucho el nivel de empatía". Lo dice Núria Guirado, enfermera de 41 años en el CAP Piera (Barcelona). "Se nos exige mucho más de lo que podemos dar, pero si no lo damos no es porque estemos menos preparadas, sino porque somos las que somos".

Esta enfermera se queja de que algunos pacientes siguen yendo a los CAP reclamando un médico, cuando las enfermeras pueden hacer mucho trabajo de manera autónoma. "En los últimos meses he sufrido varias agresiones verbales. Intentan acceder a nosotros de manera más agresiva, y eso me preocupa mucho", asegura.

El colectivo de enfermería está sufriendo un "momento muy complicado", como el resto de la sanidad pública. Guirado insiste en que faltan médicos, pero también enfermeras. "Y hemos de seguir asumiendo toda la cronicidad, la atención domiciliaria, la enfermería comunitaria, además de todo este volumen de visitas no planificadas por el aumento de gripe, resfriados y bronquiolitis", explica.

"Estamos muy quemadas". Ella, dice, irá a la huelga porque quiere que el colectivo del que forma parte consiga "reconocimiento social", que el ciudadano sepa "qué hace una enfermera" y que esta es una profesión "independiente" de la del médico. "Queremos que a nivel económico se nos remunere en la categoría A1. Y, desde un punto de vista legal, que se nos reconozcan las competencias que ya estamos realizando desde hace años, como la prescripción enfermera", zanja.

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