30 de marzo de 2020
30.03.2020
Levante-emv

Contenido exclusivo para suscriptores
Abrazar el duelo durante la crisis de la covid-19

Abrazar el duelo durante la crisis de la covid-19

30.03.2020 | 10:13 Un artículo de

Todos nosotros estamos abordando un proceso de duelo. Hablamos de duelo siempre que se produce un cambio relevante. Al cambiar algo que valoramos, algo que teníamos y "muere", para dejar paso a una nueva situación. El duelo tiene que ver con lo que hemos perdido, con aquello que valorábamos tanto.

Actualmente hemos perdido nuestra "normalidad", nuestra definición de libertad (que comprendía una amplia libertad de movimientos), el contacto físico con muchas personas, una cierta previsión económica y, quizás, la esperanza en conseguir algunos anhelos. Además, estamos ante una incertidumbre tal que no podemos, ni siquiera, definir el alcance de lo que realmente hemos perdido.

Ojo, nada de esto es definitivo, aunque ahora mismo sea incierto cuándo y cómo le daremos la vuelta.

Desde 1969, en el campo de la psicología domina la teoría de las 5 fases del duelo, desarrollada por la psiquiatra suizo-estadounidense Elisabeth Kübler-Ross. Tras atravesar esas cinco fase se produce una "adaptación constructiva al cambio". Pido permiso para alterar ligeramente el orden que ella propuso, dejando claro que se trata de tan sólo de un propuesta subjetiva, basándome en mis propias vivencias personales y profesionales.

Antes de hablar de las fases emocionales, es importante tener presente que no es un proceso que se viva de forma predecible, y cada camino de duelo es único. En este sentido, el tiempo que cada persona está en cada fase emocional del duelo es diferente, del mismo modo que es diferente el itinerario que recorre. Puede pasarse tan rápido por alguna de ellas que ni nos demos cuenta de haberla transitado, pero siempre se pasa mínimamente por todas. No es deseable quedarse estancado en ninguna de ellas, ya que no se concluiría el ciclo de adaptación constructiva al cambio. En definitiva, pese a que hay un orden para explicar el proceso, podemos avanzar y retroceder a lo largo del camino, no hay un estándar único, ni correcto de atravesar un duelo.

 La primera fase es la NEGACIÓN

La negación aporta incredulidad y consiste en discutir lo que está sucediendo ("no está pasando"), negando lo que se afirma que está sucediendo ("no es tan grave lo que está sucediendo"), cuestionando las medidas que nos piden que apliquemos ("no sirven para nada las medidas"), o incluso, las consecuencias de no seguir dichas medidas ("no tiene por qué ser tan catastrófico lo que pueda suceder"). Incluso, negarlo puede suponer pensar "A MI (Y A LOS MÍOS) NO NOS VA A PASAR". Esta fase se suele acompañar de frases como "esto parece una película de"

La negación es simplemente un mecanismo de supervivencia, porque reconocer lo que está sucediendo puede ser muy doloroso o nos da demasiado miedo, pero, a su vez, choca con la realidad.

Hasta que no dejamos de negar la pérdida, no podemos ocuparnos de ello, ya que no lo vemos como algo real y que nos concierna.

La segunda fase es la RABIA

La rabia consiste en enfadarse por lo que está sucediendo, siendo habitual la búsqueda de culpables a los que atribuir la responsabilidad de lo que está sucediendo, y que es irreversible. Por una parte, suele ir referida al pasado, y el pasado no se puede cambiar. Por otra, nos lleva a juzgar el comportamiento de los demás en el presente, y se hace necesario tener en cuenta que las decisiones que competen a otras personas no están en nuestras manos.

Cuando superamos la fase de la rabia podemos asumir aquello que sí que está en nuestras manos, y podemos empezar a responsabilizarnos de nuestra propia gestión ante la nueva situación que afrontamos.

La tercera fase es la TRISTEZA

Al superar la negación, y dejarnos de entretener con el "ruido" de la rabia, nos encontramos cara a cara con la pérdida. Vemos claramente qué es lo que hemos perdido o qué anhelos no vamos a conseguir como teníamos previsto y experimentamos con plenitud el vacío y el dolor de la pérdida. Quedarse en esta fase tiene el riesgo del desánimo, la impotencia y la depresión.

En este momento, la tristeza para cada persona está asociada a pérdidas diferentes, aunque podamos tener elementos en común. Aquello con lo que la asociamos nos está informando sobre las necesidades que necesitamos priorizar, nuevamente, siendo subjetiva la elección de dichas necesidades prioritarias.

Cuando superamos la fase de la tristeza, ya sabemos cuál es nuestro propósito (satisfacer nuestras necesidades prioritarias), y nos responsabilizamos para encontrar la mejor estrategia para atenderlas, partiendo de las circunstancias actuales.

La cuarta fase es la NEGOCIACIÓN

Se produce un proceso de negociación interna para elaborar diferentes tipos de estrategias. Para ello se puede llegar a fantasear con hipótesis que no han sucedido. Tales estrategias tienen como objetivo atender nuestras necesidades prioritarias. Además, las estrategias que escojamos funcionarán en la medida en que sean sostenibles. Sostenibles significa que el atender una necesidad prioritaria no comporte desatender otra necesidad prioritaria.

Existen infinitas posibilidades de diseñar estrategias y es posible que sea necesario seguir una metodología de "ensayo y error", hasta dar con estrategias realmente sostenibles.

La quinta fase es la ACEPTACIÓN

Implica aceptar la nueva realidad, con una mirada orientada al presente y para alcanzar el futuro deseado, con nuevos significados, poniendo de manifiesto que se ha producido una adaptación constructiva a la nueva realidad.

Alcanzada esta fase, el proceso de cambio que ha dado pie al duelo se da por concluido, y se puede volver a experimentar alegría y placer.
Además, tras un proceso de duelo, siempre llega una SORPRESA. Esta fase es un misterio, pero después de todo proceso de duelo, aparecen sorpresas gratificantes maravillosas, que resultan imposibles de predecir.

Por ultimo, acompañando estas fases puede intercalarse, la alegría, y ello lo vemos en la multiplicidad de "memes" y bromas que inundan nuestros móviles estos días. ¿Por qué hacemos tantas bromas? Conectar con la alegría, la risa, nos aporta liviandad. La liviandad es la capacidad de dar la importancia justa a las cosas: ni menos de la que tienen, ni más de la que tienen.

Y tú, ¿en qué fase te sientes?