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Andrea Cea Blanco: Una maestra con casa, trabajo y falla en un mismo barrio, al que haría feliz como pocos

Andrea Cea Blanco: Una maestra con casa, trabajo y falla en un mismo barrio, al que haría feliz como pocos

Andrea Cea Blanco: Una maestra con casa, trabajo y falla en un mismo barrio, al que haría feliz como pocos

El encanto de la corte sabe mejor cuanto más se reconcilia con las comisiones. Carteros-Litógrafo Pascual y Abad ha sido, tradicionalmente, una falla no pequeña de censo, pero sí una comisión tranquila, de las que tiene que caer bien porque no hace ruido ni pretende hacerlo. Verbigracia: en sus primeros 34 (de 37) años de vida sólo había tenido un séptimo premio de ingenio y gracia. El éxito cortesano les llegó antes, en 2010, con la niña Virginia Gómez. Y ahora lo buscarán con Andrea Cea, esa niña a la que llevó su madre a los cuatro años a la puerta del casal. «Me apuntó para probar, y para probar yo solita, posiblemente con la duda de si me gustaría o no. Me apuntó a todo y me bajaba a todo. Luego ella también se animó y se hizo fallera también». Y la convirtió en un superfallera: «He estado dos años en la delegación de play back».

Es una de las muchas preseleccionadas dedicadas a la enseñanza. Una tendencia muy habitual este año y en anteriores. Y ahí está pletórica. «Soy maestra de educación Infantil y Primaria y trabajo actualmente en el colegio Concha Espina». Ya es fija. «Es un colegio concertado». Se acabaron las bolsas, las sustituciones, los periodos de espera. «Me considero afortunada porque muchos compañeros míos o no se dedican a lo que estudiaron, o están todavía rotando... la bolsa es un camino que tiene mucho mérito. Por eso yo, con esta estabilidad, tengo motivos para ser feliz». Era una vocación «desde niña. Y conforme me iba haciendo mayor, más claro lo tenía». Ha estado muchos años en Infantil «y ahora pasaré a primaria. Debes tener las dos carreras para dar clase en las dos etapas. Cada una tiene su encanto». Las cosas le ruedan bien. Porque vive independizada desde hace tres años, pero «en el barrio de al lado. Lo tengo todo junto». Las casas, el trabajo... y la falla. Todo en la Creu Coberta y adyacentes. «A muchos niños de la falla los tengo en el colegio. Los conoces y los ves en dos papeles: en la diversión y en el estudio. Que son dos realidades diferentes. Lo mismo que la mía cuando estoy en una o en otro sitio». No puede dejar de recordar las caras de sorpresa del infantil de turno cuando llega y ve que Andrea «la de la falla» es su nueva «seño».

A veces no todo sale rodado. Por ejemplo, su falla de este año, la suya de fallera mayor, estuvo marcada por el accidente del artista Juanjo García. «No podía ni mirar. Era una falla que iba muy acorde con mi comisión, porque estaba dedicada a Correos». Pero con el accidente «es la única que no pudo levantarse al tombe. El equipo hizo un trabajo maravilloso y con la ayuda de la comisión y... un poco de grúa, salió bien. No se rompió nada». Y se remató con un rutilante séptimo puesto, el mejor de la historia de la comisión.

No hay por qué ahondar cuando no es necesario. Quien la lleva la entiende. «Me considero muy responsable por lo que me ha tocado vivir desde muy pequeña. Maduras precozmente, pero también es bueno enfrentarse a los problemas desde niña. Te prepara para el futuro. Como docente también lo ves». Sea lo que sea, devolver a los «carteros» a lo más alto de la fiesta sería una satisfacción muy grande para la comisión y da la sensación palmaria de que para ella también.

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