Que las legumbres son uno de los pilares fundamentales de la dieta mediterránea, nadie lo pone en duda. Son ricas en vitaminas y proteínas y puede conservarse durante meses antes de ser consumidas y cocinadas.  Por ello llevan milenios entre nosotros. En la antigüedad era muy complicado conservar los alimentos y el hecho de disponer de una gran fuente de energía que podía conservarse seca sin necesidad de frío y que, además, duraba meses sin perder sus cualidades las convirtió en auténticos tesoros culinarios. 

 

Uno de estos super alimentos que ha llegado hasta nuestros días es la lenteja. Entonces no contaban con estudio científicos que ahora han confirmado que esta pequeña legumbre ayuda a regular la tiroides y un consumo habitual ayuda a prevenir desajustes puntuales de esta glándula que regula el metabolismo, como el hipotiroidismo o el hipertiroidismo.

Esta legumbre es quizá una de las más antiguas cultivadas por el hombre. Comenzó a cosecharse en extremo oriente, en algún lugar remoto en el tiempo entre el norte de Siria y el suroeste de Turquía. Se trataba de la variante silvestre de esta legumbre, que, a base de selección por parte de los primitivos agricultores, dio paso a las variantes que ahora conocemos. 

 

Sin embargo, no fue hasta el nacimiento de la cultura egipcia cuando su consumo se extendió. En Egipto, la lenteja se convirtió en un alimento esencial y diario. De hecho, todavía sigue siéndolo en toda la franja oriental del Mediterráneo.  La lenteja se convirtió en el pilar de la gastronomía egipcia. Era barata, versátil, nutritiva y se almacenaba durante mucho tiempo. La lenteja, ya sea guisada, en forma de harina o el puré, se consumía a diario en la época de los faraones del antiguo Egipto

 

Le lenteja se ha cultivado desde la antigüedad por su versatilidad y sus enormes propiedades

Alto valor nutricional y muy económica

La lenteja es una legumbre con una alta concentración de nutrientes. Contiene una buena cantidad de hidratos de carbono con los que el cuerpo puede obtener energía y además está llena de proteínas vegetales. Aunque se trata de proteínas de menos calidad que las presentes en otras legumbres, la gastronomía de la zona descubrió cómo optimizar su consumo combinando en el mismo plato lentejas y algún tipo de cereal como el arroz hasta conseguir proteínas de alto valor biológico equiparable a las presentes en la carne o el pescado. 

 

La lenteja aporta proteínas, minerales, hidratos y vitaminas que fortalecen el sistema inmune y la función de la glándula tiroides

Otra de las ventajas del cultivo de la lenteja es su capacidad para regenerar el suelo en el que crecen. Eran fáciles de cosechar, pero además la planta de la lenteja favorece la regeneración del suelo al aportarle nitrógeno gracias a las bacterias simbióticas que viven en sus raíces. 

 En cuanto a su composición nutricional, las lentejas contienen un 23,5% de proteínas más que la judía o el garbanzo. A diferencia de las proteínas de origen animal, la lenteja no posee ni colesterol ni de grasas saturadas, son fáciles de digerir y se rodean de otros nutrientes necesario como vitaminas y minerales. Las lentejas están cargadas de hierro, fósforo, calcio, magnesio y selenio. Ayudan a regular la función de la tiroides y evitan desajustes en el metabolismo.