El 71% de la población de la Ribera Baixa sólo puede abastecerse de agua de calidad directamente de la red pública mediante fuentes de ósmosis de titularidad municipal. Así, más de 56.000 habitantes de los 80.360 censados en la comarca necesitan llenar las garrafas en las plantas desnitrificadoras habilitadas en los cascos urbanos si desean poder consumir agua que cumpla los parámetros estipulados por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Todas las localidades, con la excepción de Cullera y Fortaleny, cuentan con este tipo de infraestructuras, que permiten proporcionar agua libre de nitratos y componentes contaminantes, como los herbicidas detectados recientemente en los pozos de Corbera y Llaurí o Alzira, Carcaixent y Carlet en la Ribera Alta.

La instalación de las plantas desnitrificadoras se remonta a varias décadas atrás. La preocupación de los ayuntamientos por garantizar agua apta para el consumo humano provocó que en los años 90 la Ribera Baixa viviera su particular "boom osmótico", que conllevó la instalación de la mayor parte de las fuentes existentes hoy en la zona.

Albalat de la Ribera, Sueca y Favara fueron de los municipios pioneros. A principios de los 90 y con subvenciones provinciales, instalaron sus plantas, puesto que ya entonces la presencia de nitratos comenzaba a alarmar a las autoridades. Posteriormente, se sumaron a la iniciativa Benicull, Corbera, Riola, Polinyà de Xúquer, Almussafes y Sollana, que pusieron en marcha las suyas hacia finales de la década.

También en Llaurí y Corbera

Llaurí se unió al club de los pueblos con planta osmótica recientemente, cuando el consistorio se vio obligado a realizar un esfuerzo económico e instalar una fuente, debido a la contaminación por herbicida detectada en su principal pozo de abastecimiento. En Corbera desde hace dos décadas ha evitado que el ayuntamiento deba ahora efectuar un desembolso adicional tras el aumento por encima del umbral permitido del nivel de contaminantes en el agua potable.

En el caso de Fortaleny, las autoridades municipales aseguran que el agua del pozo que nutre a esta pequeña población es de "gran calidad" e, incluso, está libre de altos índices de nitratos. Se trata, así, de una isla en la Ribera Baixa.