24 de mayo de 2016
24.05.2016

Valencia y Singapur, polos opuestos

La paciencia y el autocontrol de los singapurenses constrastan con el carácter apasionado de los valencianos

24.05.2016 | 04:15
Valencia y Singapur, polos opuestos

Valencia está ansiosa por saber el nombre del nuevo entrenador mientras el dueño del club, Peter Lim, no tiene prisa en anunciarlo porque sabe que puede ser la clave del nuevo proyecto, el decisivo para él. No quiere volver a fallar (se equivocó primero con Nuno y Mendes en el arranque de la pasada campaña y, más tarde, con Gary Neville). Forma parte de la cultura de Singapur, la calma y el autocontrol, tan alejados del carácter apasionado y a veces desaforado de los valencianos. La presión de la hinchada no va a precipitar la decisión.

Singapur es un país hecho a sí mismo, como Peter Lim, pequeñito (5,5 millones de habitantes), e inversor de la mayor parte de su presupuesto en Educación y en Defensa. Sin recursos naturales, los singapurenses llegaron a la conclusión, hace 50 años, de que debían ser muy pragmáticos, formar a sus niños con mucha exigencia y convertirse en una potencia económica: es el mayor centro de comercio mundial, el segundo puerto que más mercancías mueve (tras el de Shanghai), uno de los mejores aeropuertos del planeta, una de las rentas per cápita más altas... Y uno de los más caros: una cerveza cuesta casi 15 euros.

Tras independizarse del Imperio británico, en 1963, los singapurenses decidieron extender el inglés más allá de las élites como lengua transversal de comunicación. Hay otros tres idiomas oficiales: el malayo, el chino mandarín y el tamil. También coexisten cuatro religiones (hinduismo, cristianismo, islamismo y budismo) y, según explica Lim, a los niños les enseñan a ser muy respetuosos con las otras religiones como uno de los pilares de la sociedad. La tolerancias religiosa.

«En Valencia, los niños sonríen más», afirma uno de los empleados singapurenses del dueño del club de Mestalla que visita a menudo la capital valenciana. Tiene que ver con la altísima presión educativa a la que son sometidos los niños en Singapur, siguiendo el modelo de Corea.
Por otro lado, este país asiático es conocido popularmente como «the fine country», en la doble acepción inglesa de «fine»: agradable y multa. El Estado multa a quien venda chicles (para no manchar el suelo), a quien tire papeles por la calle (la ciudad está muy limpia), a quien fume... Está prohibida la mendicidad (solo permiten pedir comida a los monjes tibetanos) y está prohibida por ley la homosexualidad (aunque se hace la vista gorda cuando estos celebran el día del orgullo gay).

Gobiernan los socialdemócratas
El Partido de Acción Popular, de corte socialdemócrata, gobierna el país desde 1.963. La transparencia y limpieza de los políticos son sagrados (por eso es tan grave para él que Marea Valencianista le acuse de supuesta corrupción ante la fiscalía). En su país, Lim es valorado como filántropo.

Al ser diminuto, Singapur teme ser atacado, aunque sus relaciones con los vecinos son buenas. Pero los jóvenes de 18 están obligados a un servicio militar de dos años. Y el gasto en el material militar más avanzado es enorme.
Por todo esto, el entendimiento entre dos pueblos tan distintos, el valenciano y el singapurense, cuesta. Y de ahí el intento de acercar dos culturas tan distintas a través de la expedición capitaneada por Layhoon.

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