05 de octubre de 2010
05.10.2010

El niño con Down de Llíria sigue sin profesor en casa

Richard Quesada no está escolarizado desde que comenzó el curso y la conselleria alega que la atención domiciliaria aún no ha sido aprobada

05.10.2010 | 02:00

La lucha por una educación y una vida digna de su hijo continúa. Ha pasado ya un mes desde que comenzara el nuevo curso escolar pero Richard Quesada, el niño de Llíria con síndrome de down, continúa sin recibir, lo que por ley le pertenece: docencia en casa. El pasado mes de junio su madre, Carmen Calvo, presentó "en tiempo y forma" toda la documentación necesaria para que la Conselleria de Educació le asignara un docente a domicilio para este año pero a día de hoy todavía no ha resuelto su solicitud.
El niño de 13 años y enfermo crónico no puede acudir al Colegio Público de Educación Especial Virgen de la Esperanza de Cheste, el que le ha asignado Educació, con regularidad debido a una enfermedad cardiopulmonar que le obliga a pasar el invierno encerrado en casa.
Desde el departamento que dirige Alejandro Font de Mora niegan que el niño deba tener un profesor en casa desde el inicio del curso puesto que la atención domiciliaria todavía no ha sido aprobada por Educación. Asimismo, aseguran que "los servicios jurídicos resolverán esta misma semana la propuesta de resolución de la inspección basada en informes médicos, educativos y técnicos". Para Carmen, la estrategia de Educación es "no negarlo, pero sí alargarlo todo lo que pueden". "En 2001 el nene estuvo todo el año sin profesor. Hace dos años no vino entre noviembre y abril, y el año pasado hasta que no nos pusimos en huelga de hambre, igual", asegura.
La dirección del Colegio Virgen de la Esperanza de Cheste confirmó en septiembre a Carmen que antes de que comenzara octubre Richard recibiría a un educador en casa, pero días después volvió a llamar para decirle que en la conselleria todavía tenían que resolver "alguna cosa". Ni el colegio ni la familia entienden nada: "lo que hacen con los papeles de mi hijo es meterlos en un cajón durante meses", advierte resignada.
El resultado de toda esta batalla es que Richard ha perdido más de dos años y medio de docencia desde 2001 y acumula un gran retraso en su educación. Un tiempo que no podrá recuperar porque con el síndrome de down "lo que no aprende hoy ya no lo podrá hacer mañana", asevera resignada la progenitora.

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