17 de julio de 2012
17.07.2012

El urbanismo sin tregua de la Cumbre del Sol toca techo

La promotora se sirve de un plan parcial de 1979 para llevar las obras de urbanización hasta la cima de la montaña de 445 metros de Benitatxell

17.07.2012 | 02:00
Imagen tomada desde Moraira de la montaña del Puig de la Llorença.

La urbanización de la Cumbre del Sol, en el Poble Nou de Benitatxell, no ha necesitado de complejos proyectos arquitectónicos ni de grandes grúas para ganar altura. Ha conquistado de abajo a arriba durante 40 años una montaña, el Puig de la Llorença, y ahora mira por encima del hombro el litoral de la Marina Alta y parte del de la Marina Baixa. La promotora de la Cumbre del Sol, la empresa VAPF, sigue su lenta pero implacable escalada mientras otros proyectos urbanísticos fracasan. Ni siquiera las leyes urbanísticas que preservan el paisaje y los hitos geográficos son una traba. Ahora la Cumbre del Sol hace cumbre. Ese modelo urbanístico de convertir una montaña litoral en un enjambre de chalés toca techo.
La promotora está realizando obras de urbanización en los viales que, abiertos hace unos años, llegan hasta la misma cima, a 445 metros de altitud, del Puig de la Llorença. El impacto paisajístico es incontestable. Desde Moraira o Calp se ve la cresta de la montaña surcada de viales que ahora se asfaltarán. La actual normativa urbanística, con normas como la Ley de Ordenación del Territorio y Protección del Paisaje, "impide la construcción sobre elementos dominantes o en la cresta de las montañas, los bordes de los acantilados y la cúspide del terreno".
Pero la Cumbre del Sol parece que se rige por otras leyes. Fuentes municipales advirtieron ayer de que la promotora está ejecutando un plan parcial aprobado en 1979 y realiza ahora obras de urbanización en los sectores Lirios y Jazmines, que son los que llegan hasta la cima de la montaña. "No se puede hacer nada", sostuvieron estas fuentes.
Así, el negocio urbanístico parece no tener fin en esta urbanización de la Cumbre del Sol. Los trabajos de urbanización consolidan unos terrenos que, por su valor como hito geográfico, se podían haber mantenido libres de construcción. Los chalés no se levantarán de un día para otro. Pero la cima del Puig de la Llorença, con sus 445 imponentes metros sobre el nivel del mar, también sucumbe a un modelo urbanístico que se aviene mal con las nuevas corrientes de integración paisajística y respeto al territorio.

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