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Un 'robatangas' actúa en Elda

Una vecina del barrio de San Francisco de Sales alerta sobre las continuas sustracciones de prendas íntimas colgadas en los tendederos

Un 'robatangas' actúa en Elda

Un 'robatangas' actúa en Elda

El barrio eldense de San Francisco de Sales está sufriendo el peculiar azote de un ladrón de tangas. Se sospecha que se trata de un hombre de mediana edad que actúa en solitario, siempre de madrugada o al amanecer, y el único botín que persigue son los tangas con independencia del color, el tamaño o la forma que tengan.

Ha sido una víctima la que ha decidido difundir la noticia a través de las redes sociales. Lo ha hecho para advertir al vecindario y denunciar públicamente unos hurtos que, según asegura, lleva tiempo sufriendo sin haber logrado descubrir al autor. Explica que ha habido noches en las que el «robatangas» se ha llevado hasta dos prendas íntimas al mismo tiempo y con las pinzas puestas.

Los robos se producen en los balcones de las plantas bajas donde las familias tienden la ropa recién sacada de la lavadora para que se seque antes de plancharla.

La morfología de los bloques de pisos de San Francisco de Sales sitúan los balcones a metro y medio de la calle. Una circunstancia que facilita la sustracción de cualquier objeto que se deposite en ellos ya que quedan al alcance de los viandantes. De hecho, las vecinas y vecinos más veteranos del lugar recuerdan que las sustracciones de ropa en este barrio eran habituales décadas atrás. A veces lo hacían para vender las prendas en los mercadillos populares a un euro el artículo, y en otras ocasiones eran simples gamberradas de jóvenes. Pero ahora estos hurtos apenas se producen porque con el invento de las secadoras los tendederos se utilizan muy poco.

Mari Ángeles Carpena vive en San Francisco de Sales «toda la vida» y nunca ha echado en falta bragas, sujetadores, calzoncillos ni tangas. Pero sí pijamas, jerseys y hasta la faja de su madre.

«La verdad es que no te puedes fiar porque los que vivimos en las plantas bajas cuando tendemos la ropa se queda a la mano de cualquiera que pase por la calle, y en un descuido tienen hasta tiempo de pararse para elegir lo que más les guste y, encima, se lo llevan recién lavado», explicaba ayer mientras terminaba de hacer la colada a mano porque hace unos días se le averió la secadora. «Por eso salgo de vez en cuando al balcón para echar un vistazo porque no me fío», señalaba recordando que en una ocasión tendió el edredón nórdico y se sentó en una silla hasta que se secó del todo.

Pero lo del «robatanga» le parece a Mari Ángeles «una cosa muy rara». Más propia de un «chalao» que de un ladrón o un gamberro.

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