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Enseñanza

Mil adioses anticipados a las aulas cada curso

Cada curso más de un millar de maestros y profesores de colegios e institutos públicos se jubilan voluntariamente al cumplir los 60

Lourdes Mondria, profesora de geografía e historia en IES l´Eliana.

Lourdes Mondria, profesora de geografía e historia en IES l´Eliana.

En los últimos cuatro cursos y en los seis meses que llevamos del presente ejercicio se han jubilado 5.978 maestros y profesores en la enseñanza pública no universitaria según datos facilitados por la Conselleria de Educación. La gran mayoría de estas jubilaciones son voluntarias, 4.890 (82 %) frente a las 708 forzosas al cumplir los 65 años (12 %) o las 380 (6%) motivadas por una incapacidad laboral permanente. La media de los últimos cuatro cursos de estos adioses anticipados a las aulas supera el millar anual.

Para poder acceder a la jubilación voluntaria tras cumplir los 60, los docentes deben tener un mínimo de 30 años de servicios prestados en la Administración. A lo largo de este curso 2014-15 alcanzarán dicho requisito 1.137 profesores y maestros funcionarios de carrera de la Generalitat que soplarán una tarta de cumpleaños con seis decenas de velas. La cifra de enseñantes que se han jubilado voluntariamente entre el pasado septiembre y este febrero ya asciende a 588 según Educación.

Entre ese medio millar largo de profesores que han colgado la tiza este curso al cumplir los 60 están Lourdes Mondria y Rosa Clement. Lourdes dijo adiós a las aulas el 2 de febrero tras 41 años dando clase, 35 de ellos en l´Eliana; primero en el colegio público Virgen del Carmen y en los últimos 15 enseñando Geografía e Historia en el Instituto de Educación Secundaria (IES) de este municipio del Camp de Túria. Rosa, catedrática de Matemáticas y secretaria del IES El Saler, se jubiló en septiembre después de 35 años de enseñanza, los últimos 10 de ellos en este instituto de Valencia.

Los maestros del «baby boom»

Tanto Rosa como Lourdes aprobaron sus oposiciones en la segunda mitad de la década de los 70, cuando había una gran demanda de docentes para atender a los hijos del «baby boom» de finales de los sesenta y principios de los setenta que llegaban en oleadas a las aulas. Aquellos jóvenes recién salidos de la Escuela de Magisterio o de las facultades que a finales de los 70 y principios de los 80 optaron por la enseñanza pública llegan ahora a los 60 con 32 años de docencia a las espaldas, que en el caso de cuerpo de profesores les da derecho a recibir la pensión máxima, o con los 35 años de servicios a la Administración con los que los maestros ya pueden cobrar el 100 % de la jubilación sin necesidad de esperar a cumplir los 65.

El primer motivo que lleva a los docentes a retirarse a los 60 si ya han cotizado lo suficiente para lograr la pensión máxima, según Rosa, «es el miedo a que esta opción desaparezca, pues cada vez hay más rumores de que la van a quitar». Efectivamente, aunque la jubilación voluntaria del profesorado existe desde que la Ley Orgánica General del Sistema Educativo (Logse) la reguló en 1991, no tiene un carácter definitivo por lo que lleva casi cinco lustros prorrogándose repetidamente en los Presupuestos Generales del Estado sin que nada garantice que al año siguiente vuelva a figurar en ellos.

En este sentido, Lourdes añade que «hay gente que se plantea trabajar un año o dos más porque se ve bien, pero no lo hace porque teme que la jubilación voluntaria se suprima o se retrase». «La verdad es que no entiendo porque se juega con estas cosas», critica.

Además del temor a que se endurezca el acceso a la jubilación anticipada, otro factor que hace que los docentes digan adiós antes de hora es el deterioro de las condiciones de trabajo en los últimos cuatro años con el aumento de ratio de alumnos por clase, la eliminación de desdobles de aulas y el incrementode la carga lectiva, así como los recortes salariales. «He estado muy a gusto en mi instituto, pero la situación de los últimos años no me satisface nada, pues cada vez nos están quitando más recursos y eso influye», lamenta Lourdes. «Lo que no puede ser es tener cada vez más alumnos en la clase y más diversos, ya que atender a un estudiante con dificultades no es igual en un aula con 20 alumnos que con 30», añade.

Tanto Rosa como Lourdes se quejan de que la ley contemple la reducción de las horas de clase a los docentes mayores de 55 años, pero la Administración no permita llevarla a la práctica «porque no hay disponilibidad horaria debido a la falta de profesores».

«Falta formación continua»

También pesa a la hora de dejar las aulas «la inexistente formación continua del profesorado debido a las escasas facilidades que da la conselleria», denuncia Rosa. «La falta de actualización es algo que influye, pues notaba que no estaba haciendo las clases tan bien como yo quería», dice. «El alumnado ha cambiado mucho „prosigue„ y no se puede enseñar como hace 30 años».

Lourdes insiste, por su parte, en que al primar la docencia directa „los profesores de Secundaria„ han pasado de 18 a 20 horas semanales de clase„ «se resta tiempo al trabajo en equipo para diseñar proyectos educativos transversales, con lo que se merma la calidad de la enseñanza».

Un mes en enviar un sustituto

El docente que cumpla los dos requisitos para beneficiarse de la jubilación voluntaria y quiera acogerse a ella debe comunicarlo a la Administración con tres meses de adelanto. Lourdes formalizó su petición en septiembre, y su sorpresa ha sido que pese a jubilarse el 2 de febrero, Educación no ha cubierto la vacante que ha dejado hasta un mes después. «Me dicen que es por una cuestión burocrática, que como me pagan todo el mes, la sustitución no se podía hacer hasta el 2 de marzo», añade. «Esta explicación no me cabe en la mente si pienso que no tratamos con números sino con personas», apunta contrariada por el retraso.

En ambos casos la jubilación no supone un adiós a la enseñanza. «No puedo desvincularme de la enseñanza, pues emocionalmente el IES l´Eliana sigue siendo mi instituto», subraya Lourdes que va a seguir colaborando con el Grupo de Gestión Ambiental que ayudó a montar en el centro. Rosa también continúa unida al equipo de mediación del IES El Saler, «pero como madre de un alumno». Colabora con el Ampa en las extraescolares y en los intercambios. «Para mi la educación es muy importante y por ello sigo implicada por mejorarla, ahora a través del Círculo de Educación de Podemos», concluye.

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