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Carles Senso: "Se ha banalizado el discurso del fascismo"

El historiador analiza el ascenso de la ultraderecha en un libro: "Aquello que hizo posible el fascismo está activo en la actualidad"

Senso posa con un ejemplar
de su último libro, ‘Fascismo
Mainstream’.  Carlos Sampedro

Senso posa con un ejemplar de su último libro, ‘Fascismo Mainstream’. Carlos Sampedro

«La historia debe servir de advertencia». Es una de las primeras reflexiones que lanza Carles Senso al ser preguntado sobre cómo surge la idea de emprender el proyecto de Fascismo Mainstream, el último libro que publica el doctor en Historia y periodista valenciano y que trata de arrojar luz acerca de los motivos que han contribuido al ascenso de la ultraderecha que se vive en todo el planeta desde hace ya años. El estudio lo afronta desde una perspectiva que combina la revolución tecnológica actual con las lecciones que surgen de analizar lo sucedido en la primera mitad del siglo XX. «Un viaje entre el presente y el pasado», define. Para ello, Senso parte de una tesis: «vincular las fake news y la posverdad con la expansión de la extrema derecha».

«Es necesario —defiende— porque sin ellas la ultraderecha no sería nada en la política mundial». Fascismo Mainstream ahonda en esta cuestión denunciando, por ejemplo, que Donald Trump realizó más de 10.000 afirmaciones falsas en público en su primer año como presidente de EE UU, «una media de 12 al día», destaca.

Según Senso, los medios han fallado en este punto al no saber combatir estos discursos. «El periodismo debe jugar un papel activo para desentrañar a los movimientos ultras», reivindica. Si bien admite que para eso es necesario tanto «investigación y dedicación» como «recursos». «La precarización —del sector— y las redes sociales han generado la tormenta perfecta».

Estas últimas son la gran clave de bóveda de su estudio. Ya no solo porque «vacían de legitimidad al periodista» sino porque «para sus algoritmo, el discurso ultra es el oro de Moscú».

«Las redes sociales están enamoradas del engagement». Este concepto, traducido como ‘interacción’, recibe una gran atención de los algoritmos, diseñados para fomentar la visibilidad y la relevancia de aquellos mensajes que generan muchas respuestas. «¿Y qué genera más engagement que el odio?», se pregunta retóricamente. «El odio polariza, sitúa opciones políticas en situaciones extremas y hace que choquen. Desde esas emociones se generan muchas interacciones».

Senso denuncia que este proceso de dar voz al discurso del odio provoca un peligroso fenómeno fan, una suerte de moda. «Se ha banalizado el discurso del fascismo. Existen distancias entre el fascismo del siglo XX y el actual, pero principalmente en las formas», lo que unido a la polarización y a la falta de respuesta desde los medios, «ha permitido su expansión». Además crece entre los más jóvenes. «Abascal tiene más seguidores en Instagram, la red social más utilizada por los menores de 30 años, que Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Pablo Casado juntos», resalta.

Por eso, para combatir este incremento entre personas a las que «el Holocausto nos ha llegado en blanco y negro», Senso pone el foco en su libro en «cómo se estudia la Historia» hoy en día. «El fascismo es un elemento muy particular de los años 30 y 40, pero aquello que hizo posible el fascismo está activo en la actualidad, y eso es peligroso», alerta.

Tras un rato de conversación, la pregunta es obligada: ¿Cómo se sale de este embrollo? «No tengo la respuesta pero me gusta la pregunta», responde entre risas. Pero trata de apuntar algunas claves: «Implicación más allá de las redes», «mucha empatía y pedagogía» y «coordinación entre la sociedad». Y zanja con un recordatorio de que «la única forma de ser demócrata es ser antifascista».

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