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Expedición valenciana a la necrópolis de Pompeya

El arqueólogo Llorenç Alapont dirige la décima intervención de un grupo investigador en busca de rituales funerarios en Porta Sano

Una de las urnas funerarias con los restos óseos en su interior. Levante-EMV

La arqueología es una de las disciplinas que más misterios resuelve y que más atractiva resulta por las conclusiones a las que llega. Explicar el pasado es entender el presente y tender puentes entre lo que fuimos y lo que somos, y de eso sabe mucho el equipo que dirige Llorenç Alapont. Investiga desde hace diez años, cada verano, los restos de las necrópolis de Pompeya, donde un día cualquier se quedó congelado en el tiempo y así sigue hasta hoy. Han excavado en Porta Nola, pero esta vez será en Porta Sano. Allí han podido confirmar que la muerte en el Imperio Romano era un ritual repleto de detalles para despedir a los seres queridos en su viaje al más allá.

Si la pandemia lo permite, una decena de arqueólogos de distintas universidades viajarán a Pompeya en julio. De ellos, alrededor de cinco son valencianos. Alapont es el director de la expedición e investigador en el departamento de Prehistoria, Historia Antigua y Arqueología de la Universitat de València. Le acompañará Juanjo Ruiz, director del Museu de la Casa Gran de la Pobla de Vallbona y de la fundación María Clavel de Chelva, además de Joaquín Alfonso, arqueólogo de Onda, y Ana Miguélez. Todos ellos viajarán gracias al proyecto multidisciplinar de Investigación sobre Arqueología de la Muerte en Pompeya, Necrópolis de Porta Nola y Porta Sarno, coordinado por la Dirección del Parque Arqueológico de Pompeya, bajo la coordinación de Massimo Osanna y la dirección de Luana Toniolo, Llorenç Alapont y Rosa Albiach.

En primer plano Alapont y detrás Lheriteau, Rivera, Hernáez y Díaz. Levante-EMV

El escenario es un sueño para cualquiera que estudie la historia antigua. «No es que sea mejor que el resto, pero es el mejor yacimiento del mundo para investigar, todo fue sellado por el volcán», dice Alapont. Allí todo sigue igual que como se dejó aquel día, alrededor del 79 d. C., en una calidad de conservación excepcional por la ceniza que lo cubrió.

Han investigado los calcos de las personas que murieron allí, los moldes de yeso que se sacan de los huecos entre las rocas según la técnica de Giuseppe Fiorelli. «Hemos realizado análisis para ver si murieron por asfixia, por shock térmico o por qué», señala Alapont. Se trata de un estudio que se publicará próximamente, aunque este año quieren sacar a la luz un mausoleo de Porta Sano y estudiar unas cremaciones que hay dentro. «Más allá de cosas concretas, los hallazgos nos permiten documentar cómo eran los ritos funerarios», dice Alapont.

El calco de yeso de un niño que murió en la erupción soterrado por la ceniza. L-EMV

«Hemos descubierto tres lechos funerarios. Uno es una cama totalmente decorada, revestida con huesos esculpidos en forma de animales, cascos o victorias, cubierto de pan de oro. Se quemaban con el difunto y lo hemos reconstruido», explica el director.

Los hallazgos producen una emoción enorme, pero implican una gran responsabilidad. Alapont explica que cualquier cosa que se encuentre debe ser explicada después para el público, hay que transformarla en información útil. Y eso no es baladí.

Expedición valenciana a la necrópolis de Pompeya

Metodología para analizarlo todo

Para ello, se utiliza una metodología que analiza todo: en una urna con huesos quemados, se realiza una microexcavación para ver si fueron depositados de forma premeditada o casual. «Eso te da información sobre el transporte de la pira a la urna, por ejemplo», señala Alapont. Además, los huesos son analizados para saber la temperatura a la que ardieron y cuánto tiempo estuvieron en la pira. Después, cómo ha afectado a cada hueso para ver dónde se colocó el cuerpo sobre el fuego, si estaba acostado o no.

«Dentro de las urnas siempre encontramos monedas: ofrendas, como los el óvolo de Caronte para pagar al barquero que les lleve a la vida eterna y que se ponían sobre los ojos. Luego encontramos monedas que han sido puestas después para alejar a la muerte», dice Alapont. En conjunto, era una «performance», donde se creaba un ambiente con olores, música, y un banquete por el difunto.

«Hemos encontrado urnas con restos de un padre y un hijo, otras con lucernas para ayudar al difunto a cruzar al otro lado», explica Alapont. Este verano, si la pandemia lo permite, continuarán indagando en el pasado con ánimo de realizar en València una exposición de los hallazgos que el equipo ha encontrado entre los restos romanos.

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