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Delitos de odio

Alzar la voz contra la LGTBIfobia

Visibilizar, denunciar, alzar la voz, ocupar espacios. Es lo que piden los activistas lgtb. Eso y que toda la sociedad, no solo el colectivo, se implique en plantar cara al odio. - Solo una de cada 10 agresiones por homofobia o transfobia se denuncian en comisaría

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Manifestación contra las agresiones homófobas en València

Ocurre en un instante. En cualquier calle, en cualquier plaza, en cualquier espacio público. En las casas, en los colegios. En las redes sociales, en los plenos y en los parlamentos. En ‘prime time’ en la televisión. Un «qué guapis todes», puede ser el detonante para castigar al que se percibe como diferente, a las masculinidades o feminidades no hegemónicas. Al ‘maricón’ a la ‘bollera’ o al ‘transformer’. España y la Comunitat sufren un repunte de agresiones homófobas y tránsfobas, pese a que la gran mayoría no se denuncian en comisaría o fiscalía. Pero la LGTBIfobia no es nueva, siempre ha sido estructural. Y siempre ha habido personas que se organizan para plantar cara al odio, que no se callan y que alzan la voz.

Visibilizar, denunciar y ocupar espacios. También cuidarse, ser consciente de la homofobia presente en la sociedad. Pero que el miedo no paralice. Es lo que piden los activistas, colectivos, y figuras públicas del colectivo consultadas por este diario para hacer frente al odio. «Nos merecemos vidas libres de miedo. Hay que convertir el temor en determinación», dice Fran Pardo, activista LGTBI.

«Es fundamental que hablemos y visibilicemos esto, la realidad de lo que conlleva ser lgtb; las agresiones, el miedo, tener que meternos en el armario en determinadas ocasiones para protegernos... Y ser conscientes de que el miedo no va a solucionar nada», añade Pardo.

La antesala del odio

«El discurso del odio es la antesala de los delitos de odio». Fran Fernández, coordinador de Lambda, contesta con un rotundo ‘sí’ cuando se le pregunta si han repuntado las agresiones, y liga el aumento a la existencia de partidos de extrema derecha. «No podemos tolerar que la gente de Vox equipare nuestros talleres en las aulas a fomentar la pederastia. Eso es sembrar el miedo en la población, y el miedo incita a la violencia. Que nos llamen ‘secta’ o lobby gay diciendo que tenemos privilegios mientras la gente pasa penurias económicas incita a la violencia», denuncia.

«Nos merecemos vidas libres de miedo. Hay que cambiar el temor por determinación», dice Pardo

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«Bajo el paraguas de la libertad de expresión se permiten discursos que alimentan el odio y que fomentan luego agresiones. Y esto viene de la extrema derecha y de la derecha moderada que le permite decirlo para contentarlos. Debemos tratar el tema seriamente, y decir claramente que la homofobia no es libertad de expresión», sentencia Fran Pardo.

Fran Ferri es síndic de Compromís en Les Corts y activista LGTBI. En la toma de posesión de Vox en el parlamento valenciano decidió lucir una camiseta de ‘gaysper’ (icono de un fantasma con la bandera lgtbi) para visibilizar al colectivo.

 «Como activista no podía esconder que en la constitución de las Corts estaba presente un grupo de ultraderecha homófobo, por sus declaraciones y sus actos», explica. Y critica su discurso que deshumaniza. «No nos insultan diciendo ‘maricones’ pero hablan de lobby, o de que somos unos privilegiados, y esto hace que algunas personas se sientan empoderadas para atacarnos», explica.

 Pero dentro del odio también hay escalas, como explican desde Lambda. «A la extrema derecha solo le importan estas agresiones cuando pueden echarle el odio a la gente migrante». Según Pardo «aprovechan para criminalizar a las personas extranjeras, cuando nos da igual la nacionalidad». 

Denunciar

Igualdad ha atendido este año 94 casos de agresiones en las oficinas Orienta, pero la enorme mayoría de ellos no se han llevado a comisaría. «Solo uno de cada diez casos de agresiones se denuncian», dice Susana Gisbert, fiscal delegada de Delitos de Odio. Anima a las víctimas a denunciar «en comisaría y en fiscalía», en los dos sitios. «Nosotras estamos especializadas, y tarde o temprano nos personaremos en la causa, así que es positivo que la gente venga a fiscalía», señala.

Pero el miedo muchas veces puede más. «Muchas personas no han salido aún del armario y no quieren que se sepa, o no les apetece hacerse visibles y que su cara salga en todos lados y deciden no denunciar», explica el coordinador de Lambda. Mucha gente ha acudido a la asociación a contar agresiones, pero no tantas han denunciado. Frente a esto, Gisbert explica que hay mecanismos de protección para que las víctimas estén tranquilas. «Se puede estudiar una orden de alejamiento, y hasta medidas para guardar la intimidad de la persona». Insiste; «denunciar es fundamental, hay que denunciar siempre. Porque hoy te ha pasado a ti, pero mañana esa persona puede agredir a otro. La persona que tú no denunciaste puede ser el que asesine al próximo Samuel», dice Gisbert.

Por otro lado, recuerda que la denuncia no tiene que venir siempre de la víctima, puede venir de cualquiera. «Si tú y yo vemos una agresión homófoba nuestra obligación como ciudadanos es denunciarlo», señala.

Ante una denuncia por agresión, añaden desde Lambda «es fundamental que se aporte el parte de lesiones, y contar toda la información posible a los agentes». Pese a esto, matiza Fernández, «aún detectamos cierta desconfianza hacia la Policía basada en algunas malas experiencias». Por eso, pide mayor formación en delitos de odio; «hemos visto que formar a los agentes en violencia de género ha cambiado radicalmente las denuncias, podría ser muy positivo», pide.

Más allá de las denuncias, existen espacios seguros para que cualquier persona del colectivo pueda asesorarse, formarse y hablar de sus experiencias con otros iguales en los que poder apoyarse y ver que no está solo. «Las oficinas de Orienta, Lambda, el Orgull Crític, o hasta espacios como Varietats en la calle Cavallers», señala Pardo.

«Hay que denunciar. Porque el que no denuncies puede ser el que mate al próximo Samuel» dice Gisbert

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Guillem Montoro es técnico de las oficinas de Orienta y también el primer concejal trans de España, una de las pocas figuras trans visibles en la política valenciana. Y ese es precisamente uno de los problemas que achaca. «Hoy todos tenemos personas homosexuales o lesbianas en nuestro entorno, y quien no tiene referentes en la tele todos los días. Esto no pasa con las personas trans, pero existimos, y tenemos que hacernos visibles y contar que existen recursos para que las personas que no saben donde ir puedan hacer su tránsito». Las oficinas de Orienta son uno de ellos, y cuentan con un teléfono gratuito (900 10 10 15).

Aliados heterosexuales

«No hace falta ser ballena para pertenecer a Greenpeace, tampoco ser mujer para ser feminista, ni ser de Uganda para combatir el racismo. Pues nunca cambiará la situación de las personas lgtbi si los hetero no se suman y asumen como propias las reivindicaciones», así explica Fernández la necesidad de generar un clamor social en torno a los derechos LGTB, que son a la vez derechos humanos. «Falta valentía entre las personas heterosexuales», añade Fran Pardo.

La situación, continúa, debería parecerse a la aprobación del matrimonio homosexual, en el año 2005. «Supuso un antes y un después para darle la vuelta a la discriminación, y lo conseguimos organizándonos, pero también logrando que toda la sociedad se volcara», apunta.

«Si tú consideras que los derechos LGTBI son derechos humanos, hazlo visible. No toleres las agresiones y no riamos la gracia al chiste de mariquitas. Posiciónate. Porque si te mantienes neutro solo le estás dejando más espacio al odio», sentencia Fernández.

La extensión del odio y las amenazas en las redes sociales

«Tengo 25 años, y empecé a recibir las amenazas con 17, cuando empecé a hacer activismo en Twitter». Es el testimonio de Fran Pardo, que verá como este miércoles se sientan en el banquillo varias de las personas que le amenazaron de muerte en redes sociales por su orientación sexual. Según la memoria de delitos de odio del Ministerio de Interior, los delitos de odio en redes sociales son los que más han aumentado, en comparación por el resto de canales. Para Pardo no ha sido un camino fácil, y las amenazas han condicionado, y condicionan su día a día. «Intento evitar algunas zonas de València como Mestalla, y he renunciado en general a salir de noche salvo en días muy puntuales». En su caso, el temor no tiene rostro, se esconde tras un avatar. «Mi miedo es que ellos saben quien soy yo, pero yo no sé quienes son ellos. Me los podría cruzar un día por la calle sin reconocerlos, y qué puede pasar si les da por cumplir sus amenazas», lamenta. Por eso, Pardo anima también a denunciar los delitos de odio por redes sociales, «antes existía mucho sentimiento de impunidad, pero ahora, con las denuncias, ya no se ven tantos casos como el mío», dice. Gisbert apunta que en estos casos «cuando no se puede rastrear la IP o se lanzan las amenazas desde una red pública», es muy complicado encontrar a los agresores. Además, matiza, cuando se encuentran entra el componente de odio, que debe valorar el juez o jueza.

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