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Guerra en Ucrania

La devastación ucraniana bajo la mirada de voluntarios valencianos

El 70 % de los edificios en Irpen están "destruidos", según la oenegé Juntos por la Vida | La ayuda enviada desde València se entregará a un orfanato con 170 niños de Donbás

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La devastación ucraniana bajo la mirada de voluntarios valencianos Benito Pajares

"Aunque lo han perdido todo, no quieren dejar a sus gentes, sus casas, sus animales, a sus hombres. Algunos que se marcharon comienzan a regresar. En sus pueblos se sienten seguros y tiene esperanza de volver a reconstruir sus vidas. A pesar de la guerra y la destrucción, tienen fuerza para ello". Son palabras de Clara Arnal, presidenta de la oenegé valenciana Fundación Juntos por la Vida, cuyos voluntarios se han trasladado a zonas devastadas por la guerra en Ucrania como Irpen o Bucha con el objetivo de "conocer la realidad y las necesidades de la población y preparar acciones de ayuda y de cara a la reconstrucción".

Tanques abandonados, carreteras cortadas, barricadas improvisadas, bosques quemados, edificios y hogares bombardeados, cientos de vidas destruidas. Arnal retrata el estado en el que se encuentra Ucrania tras la invasión rusa, que dio comienzo el pasado 24 de febrero. Un ejemplo es el búnker "más protegido de toda la región de Kiev", donde se escondieron durante tres días entre 300 y 500 personas.

"El ejército ruso consiguió romper las puertas de acero, aparentemente impenetrables, y comenzó la masacre. De las más de 450 personas fallecidas en Bucha, más de la mitad murieron en ese búnker. Es un lugar de horror, todavía se percibe el hedor y sentimos escalofríos de pensar todo lo que tuvieron que sufrir", narra Arnal desde el lugar, donde todavía quedan restos de "basura, alcohol, comida" de las tropas rusas.

Hogares destruidos

La devastación está presente en todos los hogares y las imágenes de "bombas sin detonar, con el peligro que eso supone" se repiten. En Irpen, constatan, "el 70 % de los edificios han sido destruidos, las tiendas y comercios que aún permanecen en pie están cerradas, no hay vida en esta ciudad porque la mayoría de las personas han huido del horror. Hay minas que no han sido identificadas".

En la aldea de Kukhari, Raia y su familia vieron cómo en los primeros días una bomba caía por el techo de su casa, matando a su marido. "Tardaron dos días en poder entrar y recuperar el cuerpo de su marido", cuenta.

Gracias a la ayuda de sus dos hijos y de sus vecinos han podido iniciar su reconstrucción "con plásticos y maderas", aunque continúan rodeados de proyectiles. "Cuando vinieron las fuerzas especiales les dijeron que no sabían si la bomba está activada, pero que no la podían desactivar, que si querían que lo hicieran ellos bajo su propio riesgo y su propia cuenta. Esta familia está viviendo con una bomba enfrente y otra debajo del suelo de su casa", relata Arnal.

Desde Chernóbil, Masha, una de las "heroínas" de Juntos por la Vida, gestiona y distribuye la ayuda humanitaria "entre los que más lo necesitan". Ella trabajaba en la cocina de un restaurante que ya no existe y su marido Igor en la ciudad. "Muchísima gente se ha quedado sin trabajo allí, eran los que sustentaban sus familias en esta zona de Ivankiv, muy deprimida económicamente y que ahora está sufriendo una segunda victimización. Hace 36 años fue el accidente nuclear y hoy la guerra", apunta Arnal. 

Antes de despedirles, Masha les mostró el sótano que sirvió de refugio durante un mes diez personas, dos de ellas niños muy pequeños. No pudo evitar la emoción al evocar "las condiciones infrahumanas en que vivieron y el miedo que pasaron".

"Ningún niño o niña del mundo se merece estar jugando entre barricadas"

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A pesar de todo, Clara Arnal explica que muchas de las personas les piden ayuda para "quedarse y reconstruir sus vidas". "Es algo que a veces no podemos entender, pero tenemos que comprenderlos y estar con ellos", añade. No obstante, la oenegé considera que siguen siendo "lugares peligrosos y recomienda que se desplacen a otras zonas y alojamientos más seguros". 

Sobre todo para proteger a las principales victimas: los niños y niñas. En el pueblo Fenevychi, los pequeños juegan junto a las barricadas improvisadas que todavía permanecen intactas. "Ningún niño o niña del mundo se merece estar jugando entre barricadas, seguiremos trabajando por ellos", defiende Clara Arnal.

Ayuda para la reconstrucción

Todos estos lugares son zonas donde la Fundación conoce a muchas familias, gracias a los programas humanitarios durante los veranos con menores ucranianos, que han estado llegando a la Comunidad Valenciana para ser acogidos. "Niños y niñas de las zonas afectadas por la catástrofe nuclear de Chernóbil y también desde hace unos años de la zona de Donbás donde comenzó la guerra", señalan desde la oenegé.  

 "Hace 22 años que viene a Irpen por primera vez. He tenido la gran oportunidad de ver cómo esta ciudad prosperaba. Una ciudad que ha acogido durante todos estos años a miles de desplazados internos, que perdieron sus casas en las zonas de Donetsk o Lugansk y han visto aquí su segundo hogar. Ahora está destruida, barrios enteros, casas, vidas por esta guerra incomprensible", afirma Arnal, de espaldas a un edificio bombardeado. Por eso, desde la oenegé es fundamental traer ayuda humanitaria.

Los voluntarios de Juntos por la Vida han repartido el material enviado desde València a un hospital en Striy y a las aldeas rurales de Ivankiv, alejadas y de difícil acceso. Además, han conocido la situación de precariedad que vive un orfanato con 170 niños y niñas entre 7 y 20 años, evacuados desde Donbás, donde entregarán más ayuda.

"Hemos venido para ver a la gente que queremos, darle nuestro apoyo. A los que están aquí, y a los que se han desplazado a otros lugares como España, no les vamos a dejar. Llevamos más de 25 años con ellos, con nuestros queridos amigos de Irpen y de Bucha, y seguiremos acompañando en este camino hacia la libertad y hacia la reconstrucción", concluye Arnal.

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