Las alianzas entre 'familias' marcarán el futuro del PSPV

Las tres principales corrientes que conforman la federación valenciana se preparan para el proceso de renovación

Soler, Bielsa, Puig, Zapatero y Morant, en un acto del PSPV de apoyo a los pactos de Gobierno.

Soler, Bielsa, Puig, Zapatero y Morant, en un acto del PSPV de apoyo a los pactos de Gobierno. / Germán Caballero

Las familias las marca la genética en la vida civil y la unión de intereses en los partidos. En ambos casos el apellido se eleva como principal símbolo de convergencia y aunque los '-ismos' en torno a referentes internos hayan perdido la fuerza aglutinadora de antaño en el PSPV, el futuro orgánico del partido del puño y la rosa en la Comunitat Valenciana pasa en los próximos meses por la confluencia de corrientes internas, nombres propios y situaciones territoriales particulares que ejercen de atracción y movilización. 

La conformación del nuevo Gobierno de España y la pérdida del poder de la Generalitat abre en el horizonte un proceso de renovación del liderazgo del partido que hoy ostenta Ximo Puig. Como tarde, será en el otoño de 2025, cuando vence el mandato de la actual dirección. Hasta esa fecha (si es que no llega antes) queda mucho camino por andar, pero los movimientos internos ya han comenzado, y estos pasan por las alianzas entre los diferentes sectores que —con más o menos peso— conforman el partido. 

La posición dominante hasta ahora era la del llamado ximismo en torno al secretario general y expresident de la Generalitat, Ximo Puig. No es una familia propiamente dicha sino una unión de sensibilidades donde estarían como grandes pesos la ciudad de València, la Safor o la dirección provincial de Castelló, además del apoyo de los principales cargos del grupo parlamentario en las Corts. 

La fotografía de la toma de posesión de ayer de Diana Morant es una instantánea relativamente clara de este sector.En ella se ve a la propia ministra de Ciencia y Universidades junto a Puig, a la delegada del Gobierno en la Comunitat Valenciana, Pilar Bernabé, al síndic adjunto en las Corts, Arcadi España, y al alcalde de Gandia, José Manuel Prieto. La continuidad de Morant en el Gobierno de España es vista como un guiño de su sintonía con Pedro Sánchez, un aval nada desdeñable de cara al futuro. 

Otra de las familias destacadas es la que encabeza el secretario general del PSPV en la provincia de Valencia, Carlos Fernández Bielsa. En torno a él se sitúan varios alcaldes de Valencia y un sector de Castelló con nombres como el munícipe de Paterna, Juan Antonio Sagredo, o el de Cullera, Jordi Mayor, —el grupo de la Diputación de Valencia es una buena muestra— que exhiben, al igual que Bielsa, sus amplias victorias electorales en sus respectivos ayuntamientos y la pujanza por un «proyecto renovador» basado en el municipalismo. 

No en vano, en 2021 ganó la secretaría provincial con un amplio respaldo (85 % de apoyos) entre los que estaban algunos referentes del propio ximismo. Ese apoyo fue frente a la entonces corriente que predominaba en la provincia de Valencia, el abalismo, con Mercedes Caballero al frente, un juego de alianzas que se espera que dé más vueltas en los próximos meses.

Por último, como tercera gran corriente interna está la que encabeza Alejandro Soler, diputado en el Congreso y secretario general de la provincia de Alicante. A su alrededor ha aglutinado una amplia mayoría en este territorio, no en vano, en 2021 logró hacerse con el poder en esta provincia pese a que la dirección autonómica apoyó al otro candidato, el alcalde de Alcoi, Toni Francés. 

Soler tendría además sintonía en la provincia de Valencia con lo que queda del llamado abalismo —el sector que encabezaba el exministro y exsecretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos—, con quienes ya tuvo un objetivo común en 2017: impulsar a Pedro Sánchez a la secretaría general frente a Susana Díaz. Esta labor le permite al parlamentario en la Cámara Baja contar con buena conexión con Ferraz, especialmente con el secretario de Organización —número 3 del PSOE—, Santos Cerdán. 

Ganar espacio para negociar

Con el esquema de estas tres grandes corrientes —a las que se suman otras más pequeñas como Izquierda Socialista o los ciscaristas— empiezan los movimientos. Todos tratan de ganar espacio y fuerza para futuras negociaciones, «abrir codos», según admiten algunos de los inmersos en estas dinámicas, y estar bien colocados para cuando los procesos congresuales se convoquen oficialmente.  

Ninguno de los tres tiene una mayoría y las alianzasentre corrientes se vislumbran como definitorias para el futuro. Para ello, el nombre apuntado en rojo es el de Soler. Quien logre su apoyo, conformará un binomio mayoritario amplio que podría evitar una guerra abierta. En junio, durante la conformación de las listas, Bielsa y el dirigente alicantino hicieron tándem para enmendar la propuesta de Puig, algo para lo que contaron con el apoyo de Ferraz que avaló los cambios de los líderes provinciales.

Sin embargo, en las últimas fechas, hay cierto acercamiento del ximismo. El próximo 1 de diciembre el PSPV de la provincia de Alicante celebrará una cena en la que estarán Cerdán, Soler y Puig. No es el primer encuentro. Hace un mes, en Aspe, Puig junto con otros referentes de su entorno como Pilar Bernabé acudieron a una cena con el secretario provincial. Ambos, además, se sentaron juntos en el Congreso durante la sesión de investidura, una imagen llamativa. 

El caso Jordi Sevilla

Estas aproximaciones podrían ser una preparación para el periodo postPuig. Una tesis que se maneja es la posibilidad de una bicefalia con Soler como secretario general y Morant —si sigue contando con la confianza de Sánchez como hasta ahora— como candidata a la Generalitat en 2027. Eso solucionaría además la carencia de perfil orgánico de Morant. El señalamiento desde Ferraz —e incluso la Moncloa— no asegura nada como recuerda el caso de Jordi Sevilla.  

En todo caso, esto dependerá de Soler quien en el pasado no muy lejano ya mostró complicidad con Bielsa. Ambos podrían abanderar la bandera de la renovación frente al ximismo. Sea como fuere, los acercamientos se irán produciendo en un contexto que no será sencillo para el PSOE, con presión en la calle, sin casi fuerza territorial y la amenaza de que las reglas fiscales afecten a la labor del Gobierno. Todo ello podría ayudar a apretar filas y evitar guerras fuertes internas o hacer un cóctel más complicado.