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Desconexión forzosa

La revolución de internet no ha llegado a todo el territorio. En las zonas rurales valencianas, la conexión es de hace 30 años y el teletrabajo representa una utopía, mientras de fondo se oye el lamento de la despoblación

José Ramón ayuda a Cristina, una vecina  de Casas Altas, a pedir cita en la ITV ya  que solo diez personas en el pueblo tienen  internet.

José Ramón ayuda a Cristina, una vecina de Casas Altas, a pedir cita en la ITV ya que solo diez personas en el pueblo tienen internet.

Uno se marcha de fin de semana a una casa rural a no saber nada del mundo, excepto del que le rodea en ese mismo instante: naturaleza, compañía, una chimenea y poco más. El teléfono móvil se queda en la mochila y de eso va el viaje, de desconectar. Lo que unos buscan otros lo sufren y son decenas de municipios de la geografía valenciana, con una conexión a internet de no más de 30 megas: ni Netflix, ni teletrabajo, ni correos electrónicos demasiado pesados. Es, simplemente, una realidad que la mayoría de la población ya hemos superado y que los miles de habitantes del interior de Castelló, València y Alicante todavía no pueden imaginar.

Es la «brecha digital», ese concepto abstracto y manido con historias concretas detrás. Álvaro ve las series en HBO desde su smatphone, con los datos de su compañía telefónica. José Ramón es farmacéutico y con su ordenador ayuda a todo el pueblo a hacer trámites online. Patricia quiere lanzar su tienda en internet pero no tiene suficiente conexión para gestionar pedidos. Irene, publicista, intentó teletrabajar desde casa durante el confinamiento, pero tuvo que volver a València. Cristina, como estudiante, tampoco pudo seguir sus clases desde la plataforma universitaria y a Alberto le tocó hacer y presentar el trabajo final de máster a través de su móvil.

Son casos que reflejan el estado de «abandono» (así se sienten) los residentes del interior. Viven a poco más de una hora de la costa pero a juzgar por su conectividad, podrían vivir a principios de la década de los 2000. Las quejas han surtido efecto y la Conselleria de Innovación y Sociedad Digital se ha puesto manos a la obra: se ha determinado, por comarcas y municipios, las deficiencias digitales en cada lugar para tratar de ponerle solución. Ese informe se ha trasladado a Telefónica, quien forma parte de un foro de trabajo creado adhoc para solventar la falta de cobertura móvil y banda ancha de estos lugares. También están representados la Federación Valenciana de Municipios y Provincias, la Agencia Antidespoblación y la Conselleria de Hacienda. El foro nace para que exista una coordinación entre los agentes implicados y todos manejen la misma información. El presidente de la mancomunidad del Rincón de Ademuz,Eduardo Aguilar, vio esa falta de coordinación en el primer contacto: «Movistar se quedó perplejo, pensaba que estábamos conectados a internet».

El caso delRincón es más llamativo si cabe porque en 2017 Movistar obtuvo fondos del Programa de Extensión de la Banda Ancha de nueva generación, que buscaba llevar fibra óptica a zonas rurales. La instalación se hizo en casi todos los municipios -excepto Casas Altas y la Puebla de San Miguel- pero nunca se llegaron a conectar a la red principal, que pasa por la carretera nacional entre Teruel y Cuenca. Así, la instalación de fibra óptica está hecha, pero no esta conectada. Mientras, Movistar ofrece allí 3 megas de conexión y solo la aragonesa Embou ofrece 30 megas. Aparte de eso, otras alternativas como routers de internet 4G con datos ilimitados de compañías móviles o conexión Wimax, donde la red viaja a través de ondas de radio.

Patricia busca cobertura en la zona de tratamiento de las plantas aromáticas que cultiva en su empresa. F. Bustamante

«Los jóvenes aquí tienen servicios de tercera, se van a València para tener 100 megas por 28 euros», lamenta José Ramón, farmacéutico en Casas Altas. Su farmacia funciona como el locutorio municipal, ya que además de comprar medicamentos, los vecinas y las vecinas van a realizar algunas gestiones que solo se pueden hacer online: pedir cita previa para pasar la ITV del coche, descargarse el justificante de pago del comedor escolar o obtener la vida laboral de la Seguridad Social. Todo ello no exento de esperas: cada trámite tarda entre 20 y 30 segundos en hacerse. Lo peor, según José Ramón, no es que vaya lento, es que no funcione la red y pasa a menudo. En verano, cuando aumenta la población, la débil red se cae y deja sin servicio a la farmacia, que no puede emitir recetas. A veces no queda más remedio que adelantarla y descargar el justificante después.

De los 140 habitantes de Casas Altas, a una hora y media de València, solo 10 personas tienen conexión a internet en una de las múltiples alternativas para paliar la deficiente red. Según recuerda José Ramón, este verano el bar del pueblo contrató la conexión Wimax y algunas personas iban allí a teletrabajar, pero en cuanto terminó el periodo estival, volvieron a sus ciudades y otra vez se vació Casas Altas.

EnAdemuz, capital comarcal, Patricia Aparicio es la gerente de Agroblainpa, empresa destinada al cultivo de plantas aromáticas y la producción de aceites esenciales. La intención de poner en marcha la tienda online es, por ahora, eso: una intención difícil de materializar.

Patricia exporta toda la producción de su empresa, sobre todo a Francia y Alemania.Se basta con correos electrónicos, pero no puede haber ningún trámite más complejo que ese para funcionar. «Hace algunos meses pedimos una subvención para modernizar las instalaciones y tuve que hacerla de noche, porque la página web se colgaba en mitad de la solicitud», explica. En las oficinas del centro de Ademuz si tiene cobertura y banda ancha mínima, pero nada de eso existe en la explotación agraria pasando Casas Bajas, a once minutos de allí. Entre el decantador y el alambique, Patricia no tiene ni cobertura móvil. Complicado gestionar un negocio así.

Álvaro Esparza sabe de esto. Se está reformando un espacio enCastielfabib para montarse un despacho porque hasta ahora se pasaba la mitad del tiempo enValència y en cuanto a su conexión, va «trampeando». Funciona con una conexión de datos ilimitados en el teléfono y cuando debe descargarse algo que pesa mucho, «el ayuntamiento me hace el favor». Eso si hay cobertura, porque si hay tormenta, la conexión cae. «Vamos tirando», sintetiza Álvaro.

La baja demanda y la despoblación, un «círculo vicioso»

Jordi Marín forma parte del Foro Nueva Ruralidad y está al frente del grupo de estudio de Educación y Formación. Es profesor rural en Els Ports y allí la situación es algo mejor, pero nada esperanzadora. «Nadie sabe qué criterios sigue el despliegue de la fibra óptica. Hay pueblos que hace tiempo que la piden y no les llega nunca sin dar ningún motivo, como Herbers, la Mata, Vallibona, Castell de Cabres o Palanques. La sospecha es que se siguen criterios de baja demanda, pero así nunca habrá una posibilidad de romper el círculo vicioso», explica Marín en referencia a la despoblación. Además, Marín añade otro factor a la nefasta conexión existente y que también sucede en Los Serranos, con una decena de pueblos con conexiones de internet débiles: la climatología. «No debería afectar la nieve, el viento o la lluvia, porque en países con climas más extremos, como Noruega o Escocia, no tienen estos problemas», señala. 

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