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La gran esperanza

O dejar que el coronavirus contagie a todos muera quien muera o vivir encerrados. Las vacunas son la única salida para recobrar la normalidad pero el difícil arranque de la inmunización masiva genera incertidumbre

Vacunación del personal sanitario del centro de salud Juan XIII en València

Vacunación del personal sanitario del centro de salud Juan XIII en València Miguel Ángel Montesinos

La vacuna o, mejor dicho, las vacunas contra la covid-19 se han convertido en la gran esperanza para luchar contra el SARS-CoV-2, un nuevo virus del que todavía se desconocen muchas cosas, contra el que no hay tratamiento farmacológico y que, por tanto, se ha cobrado ya más de 5.000 vidas solo en la C.Valenciana, 2,27 millones en todo el mundo y amenaza con un colapso sanitario total. Las vacunas son la gran esperanza y puede que la única para volver a la ansiada normalidad ya que las otras salidas pasan por una inmunización de grupo «a lo salvaje» permitiendo el contagio generalizado de la población con los peajes de muertes que esto conllevaría o llevar una vida contraria a lo que somos como especie gregaria: un confinamiento domiciliario sostenido y mantenido en el tiempo.

Conscientes de ello, la comunidad científica se puso desde el minuto cero a desarrollar una vacuna eficaz y lo pudieron hacer porque en este caso sí, la colaboración internacional está funcionando.Desde China compartieron la secuenciación del genoma del SARS-CoV-2 con toda la comunidad científica en cuanto detectaron que el coronavirus había saltado de la cadena animal a la humana. A partir de ahí, la suma de esfuerzos económicos (el mucho o poco dinero que había para investigación se ha ido este año en gran parte para luchar contra la covid-19) y de conocimiento científico —el preexistente y el que se ha adquirido a contrarreloj— da la respuesta a por qué solo un año después de que la pandemia sacudiera al mundo entero se puede haber comenzado una campaña masiva y sin precedentes de inmunización.

Pfizer-BioNTech, Moderna y ahora AstraZeneca-Oxford. Y aún quedan, al menos otras tres patentes más por venir


El arranque de la campaña está siendo difícil en buena parte porque solo ha llegado una pequeña parte de las dosis comprometidas de Pzifer y de Moderna, dos de las al menos seis patentes de las que la UE ya ha comprado dosis. Una vez se regularice el suministro —España espera recibir 2,7 millones de dosis de Pzifer en marzo— el ritmo de inmunización podría acelerarse y se consolidará con la llegada del resto de vacunas. La de Astrazeneca será la próxima tras recibir la autorización europea. Son 300 millones de dosis para Europa y España recibirá ya 1,8 millones este mes. Pero quedan las de Sanofi/GSK, con otros 300 millones; Johnson & Johnson/Janssen, con 200 millones y CureVac, con 225 millones y se está en conversaciones con Novavax. Ya hay voces que abogan por incluir traer a Europa también las vacunas chinas.

El objetivo que se han marcado los gobiernos es inmunizar a un volumen de población suficiente para conseguir la denominada inmunidad de grupo (que los no vacunados estén protegidos al estar la mayoría vacunados) pero esto no se conseguirá hasta que, al menos, el 70 % de la población reciba sus dosis. Eso supone solo en la Comunitat Valenciana vacunar a más de 3,5 millones de valencianos, gran parte con dos dosis y de aquí a mitad de año, un plazo que en estos momentos parece inalcanzable a la vista del difícil arranque que ha tenido en España la primera fase del programa. Desde diciembre y hasta marzo se busca proteger a los más vulnerables: los mayores en residencias que han venido acumulando hasta un tercio de todas las muertes por coronavirus, los sanitarios, los dependientes y ahora también los mayores de 80 años. Por ahora solo se han puesto unas 174.00 dosis y apenas 68.000 valencianos están inmunizados, pero es que solo han llegado 182.000 dosis.

La lentitud es el mayor pero hasta el momento de este gran experimento mundial aunque el escándalo de las personas que se han colado en la «lista» de los primeros en inocularse valiéndose de su cargo tampoco ayuda a dejar en buen lugar el proceso. «Sí, la vacunación es nuestra única salida, por eso hay que acelerarla e inmunizar al máximo posible de gente cuanto antes, así evitamos dejarle margen al virus para que siga cambiando». Es la advertencia que lanza el experto en Salud Pública e investigador en el área de servicios de salud de Fisabio, Salvador Peiró, sobre todo cuando son casi diarias las noticias de la aparición de nuevas variantes del virus que ya lo han hecho más transmisible, como la británica, y podrían obligar a reformular las vacunas ya en el mercado para adaptarse a las variantes.

Los responsables de la administración dicen estar preparados para pisar el acelerador y descargan la responsabilidad en los problemas de suministro de los laboratorios y en los incumplimientos en la entrega de las dosis pactadas. Confiando en que las farmacéuticas cumplan y se alcancen los plazos, aún quedan muchas dudas sobre la mesa sobre todo de carácter científico. No se pone en tela de juicio la seguridad —no se han notificado reacciones adversas de gravedad— pero sí hay todavía lagunas cuando se habla de si todas las vacunas van a ser eficaces para todos los grupos de población, si las vacunas lograrán cortar también la transmisión y cuánto durará la inmunidad «artificial» que generan. «Por ahora, sabemos lo que sabemos de la protección porque no ha pasado el tiempo suficiente aunque la respuesta es probablemente más potente a la que el cuerpo genera de forma natural al estar infectado y podría durar al menos 10 meses, lo que supone una tabla salvavidas porque es tiempo que ganamos para hacer muchas cosas», transmite Peiró. Por ahora, los datos preliminares de países como Israel apuntan a la esperanza ya que allí, tras vacunar a buena parte de la población, ha bajado la transmisión «aunque es difícil de interpretar ya que también están en un confinamiento duro».

Donde hay más dudas es al plantear si la inmunidad de grupo será suficiente para llegar a la casi erradicación del virus o como muchos expertos vaticinan, tendremos que aprender a convivir con este nuevo patógeno como ya hemos aprendido a convivir con otros agentes infecciosos respiratorios como la gripe. «Ya hemos visto que no es estacional como la gripe porque al virus le da igual el frío o el calor. No es seguro pero sí es posible que en un futuro tengamos que convivir con él y con revacunaciones periódicas», defiende el investigador de Fisabio, que lanza una advertencia: todo el esfuerzo que se está haciendo ahora será en balde si la inmunización no se globaliza, como ya lo ha hecho el virus. «Va a ser un problema las distintas velocidades de vacunación porque los países que se queden rezagados van a ser un reservorio donde el virus dará cambios y serán en un futuro fuente de nuevas variantes del coronavirus». Lo ideal pues, pisar el acelerador, pero sin dejar a nadie atrás.

José A. Lluch Responsable de los programas de vacunaciones en la C. Valenciana

José A. Lluch: “Llegaremos a tiempo si los laboratorios abren el grifo”


El jefe del servicio de Promoción de la Salud defiende que hay capacidad mínima para vacunar a 200.000 personas a la semana pero falta el suministro de dosis


Aunque la vacunación contra la covid-19 lleve apenas 40 días en marcha, el servicio que dirige José A. Lluch lleva preparándose para este momento desde casi los primeros compases de la pandemia diseñando un plan de vacunación de la gripe sobredimensionado que sirvió de banco de pruebas para lo que venía, la mayor campaña de vacunación de la historia. Solo lleva 40 días pero la escasez de dosis, los continuos ajustes para adecuarse a los retrasos de los laboratorios, la demanda por vacunar cuanto antes a los más vulnerables y el ruido por las inmunizaciones fuera de plazo la están enturbiando.


La consellera de Sanidad, Ana Barceló, puso un calendario estricto el 11 de enero. Para finales de enero todas las residencias tendrían la primera dosis. Llevamos un retraso de dos semanas. ¿Qué pasa?

Hemos tenido que reprogramar varias veces el calendario por los problemas y retrasos de entrega de los laboratorios, tanto el de Pfizer como el de Moderna. Pfizer empezó ya en diciembre mandando menos dosis de las pactadas y nos ha vuelto a pasar a mediados de enero, el día 15, lo que obligó a parar la vacunación entre sanitarios y volver a reprogramarlo todo. Ahora tampoco nos están llegando las 30.000 dosis pactadas realmente, en cada envío mandan siempre dosis por debajo. Y de Moderna, la primera entrega se retrasó, esta semana hemos recibido las 4.200 pactadas de la anterior y no sabemos cuándo llegarán las 10.000 que tocaban esta semana. Eso está retrasando todo el programa y también la recomendación de no vacunar en las residencias donde había brotes activos más importantes, que eran muchas, nos ha hecho irnos a estas fechas.


A este ritmo, ¿llegaremos a julio con ese 70 % de la población inmunizada? ¿Tenemos capacidad?

Las dosis nos llegan con cuentagotas. Si las farmacéuticas cumplen con su promesa de ampliar significativamente las entregas y abren el grifo todo cambiará y llegaremos, pero incluso si Pfizer duplica la entrega, de 30.000 a 60.000 aún será una ridiculez. Con 300.000 dosis semanales podríamos poner a todos los centros de salud a trabajar como con la gripe y tener a 150.000 o 200.000 personas vacunadas a la semana o incluso por encima si movilizamos a centros privados, mutuas, voluntarios o paramos algún día la atención sanitaria «normal» para volcarnos en la campaña. Incluso montando grandes espacios de vacunación en estadios como ya se está haciendo en otros lugares. ¿Por qué no?


Ahora que llevamos 174.000 dosis puestas, ¿qué efectos adversos se han descrito?

Los datos son a nivel estatal pero todos los que ha habido han sido los esperables y ninguno grave. Sé que ha habido familiares de pacientes en residencias que han achacado la muerte de sus seres queridos a la vacuna, pero no hay evidencia de que sea cierto. Son personas mayores con unas enfermedades de base muy complejas. Lo que hay es casualidad pero no causalidad.


¿Qué opinión le merecen los casos investigados de personas que se han colado?

Es inaceptable que una persona haga uso de su autoridad y se salte los criterios. El impacto es mínimo sobre el global de dosis inoculadas pero transmite que el esfuerzo de hacer un orden solo sirve para quien no tiene el poder. Nos quita fuerza. Hemos dado instrucciones concretas y detalladas de qué hacer y a quién buscar para no dejar huecos.

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