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El humor sobrevive en la pandemia

Reír es más contagioso que un virus porque hay carcajadas pegadizas a kilómetros mientras que no existen patógenos que infecten por teléfono. Pero, en tiempos de enfermedad y muerte, ¿es posible reír?

Ortifus, María Zamora y Eugeni Alemany

Ortifus, María Zamora y Eugeni Alemany

El perro que se pregunta quién es ese tal covid y por qué le pasean tanto y tanta gente distinta. El hombre que decide ponerle una correa a un peluche para poder salir a la calle. La pillada a un tertuliano con su amante durante una conexión en un programa por videollamada o el malabarismo de edades para vacunarse con AstraZeneca que ni las discotecas en Marbella. Entre titulares de enfermedad y muerte, la pandemia y todas sus consecuencias han tenido un lado cómico, quizás por ello, el CIS pregunte cuántas personas han llorado durante este tiempo (y un 64 % mienta diciendo que no), pero no si han reído. Cómo para no hacerlo, podría firmar Félix Tezanos al final del estudio.

«El humor es una vía de escape, es terapéutico», explica Ortifus, humorista gráfico del diario Levante-EMV y que ha editado Confino humor con las viñetas publicadas durante el confinamiento. Sus palabras van en la línea de las de Eugeni Alemany, un todoterreno del mundo audiovisual, entre el presentador clásico multifacético y el influencer que en lugar de fotografiar las tostadas alineadas las presenta quemadas. «Es como tomarse un orfidal», dice sobre la risa. «Es la mejor forma de combatir esta fatiga pandémica», añade María Zamora, actriz, con trayectoria en programas de humor como Assumptes Interns y parte del catálogo de humoristas de Riure’s en valencià.

El humor sobrevive en la pandemia

Las defensas del mejor arma para el oficio de los tres humoristas las corrobora la psicóloga clínica Consuelo Tomás. «Reír tiene beneficios sobre la salud de las personas, desde elementos físicos hasta psicológicos y sociales», agrega. En el aspecto físico indica efectos como la «liberación de endorfinas que sirven para anestesiar el dolor», «disminuir la presión arterial» y, además, se ejercitan más de 50 músculos en la cara, 300 en todo el cuerpo («al final va a ser más completo que la natación», dice en broma) , mientras que en los beneficios psicológicos menciona que como «hay un estado de mayor relajación se evita el estrés y se alejan las preocupaciones. Además, la risa es incompatible con la angustia». «Eso sí, una sesión de risoterapia no es un tratamiento, esto no resuelve problemas psicológicos, simplemente ayuda», matiza. Vaya, que la risoterapia podría ser la excavadora frente al barco Ever Given encallado en el canal de Suez.

Las ventanas han sido para Ortifus una forma de reflejar la realidad con un tono de humor y de cierta esperanza. «Quería mandar un mensaje positivo, algo de optimismo, a partir de cómo se comportaba la gente», cuenta. Al principio, admite, le costó. «En una situación así me daba miedo que me dijeran que no era momento para reír, pero yo pensaba que sí y había gente que lo agradecía y creo que esas viñetas quedaron como un testimonio gráfico de esa parte más cómica de cosas que nos pasan», reflexiona. En su caso cuenta que ha sentido cierta «autocensura». «Hay una mayor sensibilidad y no sabes si habrá quien se ofenda, pero no se puede contestar en serio una cosa que es humor», opina.

El humor sobrevive en la pandemia

La ventana por la que se asomaba Eugeni Alemany eran las redes sociales con su diario de cuarentena. «Tuvo mucho éxito porque para mucha gente era un momento de desconexión. El humor es curativo, hace que no te sientas solo, es como la música», expresa el presentador. Entre las aventuras y desventuras, Alemany creó y encarnó al superhéroe pandémico Lejíaman o le cantó Pavo real, de José Luis Rodríguez El Puma, a su suegra para conseguir su perdón. «La teoría de la pandemia nos la sabemos, el humor es ponerla en práctica y que la gente se sienta identificada, son las bromas que haría igualmente si me viera con mis amigos porque el humor es bajar la teoría a la realidad», señala. Y vuelve a la carga:«La gente que muestra que todo es perfecto miente, a mí las tostadas se me queman, se me pegan y nunca me sale el corazón en el café». Porque no hay nada más serio que una vida perfecta. Así, con toda la naturalidad con la que hace las bromas, deja una frase que le dijo algún antepasado que quien escribe este reportaje no apuntó: «Más vale caer en gracia que ser gracioso».

El humor sobrevive en la pandemia

María Zamora confiesa que lo de hacer reír «depende del día, como todo el mundo». «Las personas que trabajamos en esto acabamos haciendo risa de todo, pero hay días que cuesta más, que no sabes qué hacer para hacer risa», explica como quien habla de una receta de cocina de esas que a veces a todos se nos pasa de sal. «Pero al final es una forma de vida y te acostumbras y siempre hay algo de lo que puedes rascar porque necesitar necesitamos reírnos todos», dice Zamora. En su caso, no obstante, el cierre de la hostelería y del ocio nocturno supuso un golpe a la línea de flotación a los monólogos como los de Riure’s en valencià. «Ha sido complicado», pero cambia el tono. «Mi vida ha podido ser un drama en algunos momentos y es bueno saberse reír de una misma y del momento». Al final, el humor es como el sitio donde guardar la mascarilla, que es distinto para cada persona, pero es necesario tenerlo. 

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