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Ciudadanía resiliente después de la batalla

Cinco protagonistas de tres luchas urbanas de València rememoran los años de pelea en defensa de unas causas que defendieron durante décadas contra viento y marea.

Representantes de Salvem el Botànic, Salvem el Cabanyal y la asociacion de víctimas del accidente del metro, fotografiados en la plaza del ayuntamiento de València

Representantes de Salvem el Botànic, Salvem el Cabanyal y la asociacion de víctimas del accidente del metro, fotografiados en la plaza del ayuntamiento de València

A veces la vida te besa en la boca, como cantaba Serrat. O te aboca a una lucha que no has buscado pero en la que te zambulles -o te zambullen- hasta las trancas. Es lo que les sucedió a los cinco representantes de Salvem el Botànic, Salvem el Cabanyal y la Asociación de víctimas del metro 3 de julio (Avm3j) protagonistas de este artículo. Cinco ciudadanos de a pie a los que sendos proyectos urbanísticos y un accidente de metro les extirparon de su zona de confort y les obligaron a movilizarse en defensa de un objetivo, de una causa que consideraron justa y que defendieron durante años (y alguna década)contra viento y marea.

Ninguna entidad lo tuvo fácil al iniciar sus reivindicaciones: y les advertían de que no valía la pena pelear porque no ganarían ni conseguirían nada

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La lucha de las tres entidades ya ha tocado a su fin, tras quinquenios activas. Y Levante-EMV ha querido reunirlos en una tarde lluviosa de abril, en la que el aguacero respeta la cita para la foto de grupo. Una imagen que simbólicamente, se capta en la plaza del Ayuntamiento, rescatada de la tiranía del coche privado y recuperada para la ciudadanía que va en silla de ruedas, a pie o en bicicleta. Para ellos llevamos la mochila llenas de preguntas. ¿Qué hacen los «héroes y heroínas» después de la lucha? ¿Se sienten héroes? ¿Cómo han recuperado sus vidas? ¿Volverían a hacerlo?

Ninguno de los cinco se identifica con la definición de héroe o heroína. Su protagonismo no fue buscado, ni deseado. Pero su lucha se prolongó más allá de una década. Una resistencia y persistencia que no está al alcance de cualquiera.

"Los tribunales nunca nos dieron la razón pero conseguimos ganar la batalla y que no se construyeran las tres tristes torres (junto a los Jesuitas)"

Pasqual Requena - Salvem el Botànic. Recuperem Ciutat

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Faustino Villora fue junto a Maribel Doménech una de las caras visibles de la plataforma Salvem el Cabanyal. Su lucha duró 18 años. Desde el 22 de abril de 1998 cuando decidieron organizarse en contra del plan especial de protección y reforma interior (Pepri) del Cabanyal con la actuación «estrella» de prolongar la avenida Blasco Ibáñez hasta el mar. Una amenaza que consiguió frenarse en 2014, después de que el Tribunal Supremo dictaminara que el proyecto suponía expoliar y destrozar la trama histórica del «pueblo del Cabanyal-Canyamelar», declarado bien de interés cultural (BIC)el 3 de mayo de 1993. El polémico Pepri del Cabanyal se derogó en 2016, por lo que «el Poble Nou de la Mar» ya ha superado la amenaza de la polémica prolongación. Aunque sigue debatiendo su futuro.

«En el Cabanyal el tema no está solucionado, ni lo estará en los próximos cien años. Aunque ahora es un barrio normalizado con los problemas que tienen otros barrios, como el de la planificación del futuro y luchar contra fenómenos como la gentrificación. Aunque aún se está a tiempo. Depende de las fuerzas sociales que se desarrollen y el tarannà que coja el barrio. Pero el futuro es esperanzador. No quiere decir que todo vaya bien. Pero podría ir bien. Porque en el Cabanyal hemos conseguido recuperar la autoestima», explica Villora sobre cómo ve la situación actual del «poblado» que sigue debatiendo su futuro urbanístico.

"Se debatía sobre patrimonio y urbanismo pero siempre queríamos defender a las personas. El sufrimiento que se padeció no se recuperará nunca"

Maribel Doménech y Faustino Villora - Salvem el Cabanyal-Canyamelar

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La lucha de Salvem el Cabanyal o de Salvem el Botànic ha servido, según considera Pasqual Requena, portavoz de la segunda plataforma, para «normalizar el barrio». Ypracticar la didáctica de que los administradores de la res pública aprendan que «las cosas no se pueden hacer así». Aunque Salvem el Botànic se despidió de la vida pública el 27 de abril de 2017, tras veintidós años de lucha, ha vuelto a estar de actualidad porque ya se conoce el futuro del «mal llamado solar de Jesuitas. No me gusta llamarlo así porque es como identificar un espacio vacío. Nosotros peleábamos para que ese terreno estuviera ocupado por un jardín que completara el Jardí Botànic y que no se construyeran en este espacio privilegiado las tres tristes torres». Finalmente en el espacio junto al edificio de Jesuitas, en la esquina entre la Gran Vía Fernando el Católico y el paseo de la Petxina, se habilitará un jardín que llevará el nombre de Trini Simó, la historiadora que abanderó la lucha ciudadana de Salvem el Botànic. Recuperem Ciutat, junto a otros urbanistas y activistas veteranos como Carles Dolç, abogados, médicos, y mucha ciudadanía de a pie de calle con una fuerte conciencia reivindicativa y de ciudad. «Creo que somos el único colectivo de los tres que no ha ganado una sola causa judicial. Los tribunales nunca nos dieron la razón, pero conseguimos ganar la batalla y que no se construyeran las tres tristes torres», señala.

Tampoco se consideran heroínas las hermanas Garrote de Miguel, Rosa y Beatriz, dos de las caras visibles de la Asociación de víctimas del metro 3 de julio (Avm3j) que, tras nueve años y 105 concentraciones después del accidente ferroviario que segó la vida de 43 personas y dejó malheridas a 47 viajeros, abandonaron sus protestas en la plaza el 3 de julio de 2015. Aunque hasta enero de 2020 no abandonaron la lucha. En esos cinco años entre su última concentración en la plaza de la Virgen y el 27 de enero medió una segunda comisión de investigación del accidente del 3 de julio de 2006, en la que las víctimas pudieron ser oídas por primera vez en diez años, y en las que se identificó a «trece responsables» políticos de la mala gestión del siniestro. Yen enero de 2020 cuatro exdirectivos de Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana (FGV) admitieron su responsabilidad en la falta de diligencia para garantizar las condiciones de seguridad de la circulación ferroviaria. Se cerraba así un capítulo de la historia de la joven democracia valenciana que conmocionó a muchos ciudadanos.

Rosa Garrote, la última presidenta de la Avm3j, rememora con respecto a su historia que «al principio sufres un mal irrecuperable. Pero después llega un momento en que piensas que tienes que ser realista».

Su hermana, Beatriz Garrote, tercia también en la respuesta. «Primero tienes que ser realista, pero después tienes que hacer concesiones y te vas amoldando a lo que se puede conseguir. Aunque pienses que se podría hacer más, pero llegas a donde llegas». La expresidenta de la Avm3j también lamenta que en este caso concreto se produjera la «destrucción de pruebas. Nos quitaron el derecho que teníamos a saber qué pasó» en el accidente del metro de València del 3 de julio de 2006.

Tres protagonistas del reportaje en los bancos recién instalados en la plaza del Ayuntamiento de València. Germán Caballero

"No vais a ganar; no tenéis nada que hacer"

Ninguna de las tres asociaciones lo tuvo fácil al iniciar sus particulares batallas contra los «elementos en contra». «Nadie apostaba por nosotros cuando comenzamos. Ynos advertían: ‘No vais a ganar. No tenéis nada que hacer’», recuerda Maribel Doménech de Salvem el Cabanyal. «Eso no vale nada, más vale derribarlo», escuchaban sobre la trama histórica del Cabanyal. «Pero teníamos claro -continúa Doménech- que debíamos buscar la fisura para poner en valor el pueblo y su humanidad. Es que hablamos de casas habitadas y defendidas por tres generaciones de una misma familia. Ese era el potencial que ha tenido la lucha del Cabanyal».

Pese a que el relato era de temática urbanística, Faustino Villora incide en el dolor humano que se infligió durante todos los años que estuvo vigente «el plan de destrucción» del Cabanyal-Canyamelar. «Todo el sufrimiento humano que padeció mucha gente que incluso murió pensando que su casa iban a echarla abajo. Todo eso no se recuperará nunca». Por eso, aunque el tema de debate era «el patrimonio y el urbanismo, también existía una vertiente humana. La defensa jurídica era a nivel patrimonial, por la trama urbanística, pero nosotros siempre queríamos defender a las personas».

Tras varias décadas de lucha, ¿con qué se quedan estos «resilientes ciudadanos» después de la batalla? De los 22 años de historia de Salvem el Botànic. Recuperem Ciutat, Pasqual Requena considera que los mejores momentos fueron los que sumaban a todas los simpatizantes del colectivo que defendía la naturaleza por encima del cemento. «Alquilamos un Intercity para ir a protestar a Barcelona frente al Expohotel [de Antonio Mestre, el último propietario de los terrenos de Jesuitas, que accedió a permutarlos y desistir de construir un hotel en este espacio] o el espectáculo de tres horas con el que conseguimos llenar el Teatro Principal en el que recibimos todo el apoyo del sector cultural y educativo de la ciudad», rememora Requena. También recuerda con emoción «el día que se anunció y en el que se firmó el convenio entre el Ayuntamiento de València y Mestre» que salvaba este espacio del ladrillo. Ytambién el de «la despedida» como activistas de Salvem el Botànic en el Jardí Botànic acompañada de un sopar de sobaquillo. En la retina, también anécdotas hilarantes como «cuando venían los coches de Lladró [familia que era uno de los tres propietarios iniciales de los terrenos] detrás de nosotros haciéndonos fotos».

"La respuesta política teníamos claro que no iba a cambiar. Solo podíamos aspirar a llegar a la gente. Por eso fue tan emocionante ver la plaza llena en 2013"

Rosa y Beatriz Garrote - Asociación víctimas del metro 3 de julio (Avm3j)

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Salvem el Cabanyal también protagonizó viajes protesta en épocas en las que las redes sociales ni se adivinaban. «Alquilamos una furgoneta y nos fuimos a París, donde la alcaldesa entonces de València, Rita Barberá, presentaba las conclusiones del tercer milenio. Protestamos a las puertas de la Unesco y los republicanos de París nos ayudaron a repartir panfletos que imprimimos en varios idiomas y que retransmitimos en una cabina desde donde se veía la torre Eiffel».

Para los dos «cabanyaleros», Villora y Doménech, el mejor momento de sus catorce años de batalla fue «el día que nos notificaron la orden del Ministerio de Cultura», en diciembre de 2009. El colectivo preparaba el centenario de la lonja de pescadores del Cabanyal y llevaba tres meses acondicionando la Fàbrica de Gel, una nave industrial completamente abandonada. «Ese día descorchamos champán y fue una explosión de felicidad para mí». «Ese día fue el mejor -coincide Villora- porque suponía que habíamos ganado la batalla».

El peor, para Faustino, fue la jornada en la que el Supremo confirmó la primera sentencia del Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana (TSJ) que ratificaba el Pepri del Cabanyal. «La asamblea de ese día, la de la derrota, fue la primera que vino a grabar Canal 9». Aunque, curiosamente, el magistrado que presidió la sala de la sentencia que perdimos «es el que después dicta la sentencia que nos abre el camino de la salvación y que permitió al Ministerio de Cultura ser competente».

Las hermanas Garrote de Miguel también bucean en sus recuerdos, a petición de Levante-EMV, para elegir el peor y el mejor momento que atesoran de sus catorce años de lucha. Ambas representantes de la Avm3j coinciden en destacar la concentración del 3 de mayo de 2013, la primera después de la emisión del programa «Los olvidados» del Salvados de Jordi Évole. «Ver la plaza llena después de siete años de concentraciones. La respuesta política teníamos claro que no iba a cambiar. Sólo podíamos aspirar a llegar a la gente», rememora Rosa Garrote.

La presidenta de la Avm3j también elige la segunda comisión parlamentaria sobre el accidente del metro en las Corts, «porque sacó a la luz todo lo que estaba escondido y denunciábamos y dio validez a nuestra lucha». Y un tercer hito. «El 27 de enero de 2020. El día que no comenzó el juicio por el accidente, porque cuatro directivos reconocieron todo lo que habían negado durante tantos años».

Dos protagonistas del reportaje en los bancos recién instalados en la plaza del Ayuntamiento de València. Germán Caballero

Una confesión que, a juicio de Pasqual Requena, implica «a otros responsables políticos» como el conseller o el presidente de la Generalitat en el momento del accidente . «O la exgerente de FGV», introduce Beatriz Garrote «porque la verdad se sobrepone a todo», aunque considera que «la gente no se arrepiente, lo hace quien tiene una amenaza peor». Una significación que, a juicio de Faustino Villora, «en el Cabanyal no conseguimos a pesar de que tuvimos que escuchar estupideces de tal calibre como la de un arquitecto que, para justificar la prolongación de Blasco Ibáñez, contaba: ‘cuando era pequeñito quería subirme a los Viveros y ver el mar. Ese sentimiento me hubiera gustado experimentarlo’».

Beatriz Garrote, además de la concentración en la que se llenó la plaza, recuerda como los mejores momentos «cuando la Fiscalía pidió reabrir la instrucción, un momento que pensamos que nunca viviríamos y abrió la puerta a todo lo que vino después». Y el peor, a nivel personal, «la reunión de la Avm3j con Alberto Fabra porque fue muy decepcionante el trato que se nos dio en esa cita o saber todo lo que se publicó sobre H&M Sanchis y que no pasara nada, ni dimitiera nadie».

Aunque, subraya Rosa Garrote, «los poderosos al final pagan o quedan señalados». Porque, concluye Villora, «como decía la tía Lola del Cabanyal: «Ellos tienen el poder, pero nosotros tenemos la razón».

Y cargados de razón todos han recuperado sus historias personales tras años de movilizaciones . «Está bien recuperar tu vida», coinciden los cinco. 

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