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Escritor y sociólogo. Premio Espasa 2021
Emilio Lamo de Espinosa Premio Espasa 2021

Europa tiene que unirse si quiere seguir haciendo historia

El escritor y sociólogo considera que, en la actualidad, el continente europeo «es un mero invitado en la tensión geopolítica que mueve el mundo, la que protagonizan Estados Unidos y China». Y advierte: Occidente ha perdido la hegemonía de los últimos tres siglos

Europa tiene que unirse si quiere seguir haciendo historia

Nuestro futuro se está jugando entre un Occidente debilitado pero todavía orgulloso y soberbio y un Oriente que se sabe más poderoso y no acabamos de entender. Así lo considera el escritor, doctor en Sociología y Derecho y autor de una veintena de libros Emilio Lamo de Espinosa en Entre águilas y dragones. El declive de Occidente, Premio Espasa 2021, donde analiza diferentes factores de la inflexión histórica que vivimos en la actualidad y nos llevará, por primer vez en la Historia, a hablar de una única civilización mundial donde el mundo occidental pierde la hegemonía que ha mantenido los últimos tres siglos.

Llevamos tiempo oyendo a hablar del declive, que no decadencia, de Occidente, ¿qué hechos lo han acelerado y cuando se prevé que toque fondo?

La decadencia la trató Steinberg en su libro que se publicó cuando la Gran Guerra. Yo hablo del declive relativo que se produce por la emergencia de otros países, por lo tanto la hegemonía que ha mantenido Occidente en la historia del mundo durante trescientos años ha dejado de ser así porque aparecen países con peso que cuentan en la Historia. Este declive se debe a dos variables: una divergencia demográfica tremenda entre Oriente y Occidente -Europa era el 20 % de la población mundial hace un siglo y ahora es el 7 %; Asia es el 60 %- cuya consecuencia es que países con economías en desarrollo como China, con 1.3000 millones de habitantes, produzca más que Estados Unidos, con 300 millones; y la convergencia tecnológica, Asia ha copiado las tecnologías , su productividad crece y el centro de gravedad del mundo pasa de Occidente y el Atlántico al Pacífico y a Asia.

Vaticina una revolución como la industrial, pero más acelerada, extensa y rápida, ¿de qué plazo estamos hablando?

Aflora en los últimos diez años, llevaba gestándose otros veinte y creo que en diez o quince la economía china puede superar a Estados Unidos, de modo que para mediados de siglo esa revolución estará ya realizada por completo. Es mucho más extensa porque afecta a todo el mundo -la industrial solo al noratlántico-; más rápida porque los ritmos de crecimiento de los países que emergen son enormes, con tasas anuales del 7 al 10 % (en la industrial EE UU o el Reino Unido crecían al 1 o al 2% anual); y más profunda desde la perspectiva de la globalización cultural porque afecta a más procesos, creencias, hábitos y costumbres, a lo que se ha llamado la cocalización del mundo.

Sin embargo en esa globalización cultural se impone el modelo occidental, con lo cual la hegemonía no se corresponderá con el poder económico.Mi argumento es que ha sido la occidentalización del mundo la que le ha dado a este la capacidad para retar a Occidente y por tanto para emerger, pero en el terreno cultural el mundo es una enorme coctelera de religiones, estilos de vida, creencias, gastronomías, músicas... En ese proceso de mestizaje en que hablamos, por primera vez en la historia de una civilización mundial, Occidente da más de lo que recibe. Un ejemplo es el éxito del pianista Lang Lang en China, un país donde el piano estaba prácticamente prohibido por burgués, y ahora se estima que hay 40 millones de niños chinos tocando Chopin y Bach, por tanto ellos nos conocen y aprecian nuestra sensibilidad musical, cosa que nosotros no sabemos hacer con su tradición y elementos culturales.¿Con lo cual ese declive será en el plano económico?

Tampoco. Con la globalización económica todos los países pueden crecer, la cuestión es que el poder se distribuye en un juego agónico entre los países que crecen más -los asiáticos- y hacen perder poder a Occidente. Esto se ve en tres instituciones fundamentales del mundo moderno que son vectores de modernización: el Estado democrático de derecho como instrumento, la economía de mercado y el modo científico. China e India crecen porque son economías de mercado; y la ciencia, que es un invento occidental, se ha universalizado, con la única excepción del Islam, que es un caso aparte.

Habla de una Europa desorientada, sin poder, en esa única civilización, ¿qué debe de hacer para seguir contando en la historia?

No hay otra alternativa que la creación de los Estados Unidos de Europa si queremos seguir siendo sujeto histórico. La tensión geopolítica que articula ahora el mundo y mueve la historia es la que hay entre Estados Unidos y China, los demás somos invitados como meros observadores. Europa ya no hace historia, la sufre desde la segunda postguerra. Se trata, como decía Merkel, de tomar el destino en nuestras manos, o como dijo Josep Borrell, aprender a hablar el lenguaje del poder. Habría que hablar al mundo con una sola voz y para que esa política exterior sea creíble, articular una política de seguridad y defensa. Se necesitaría voluntad y tiempo. Mientras tanto seguirá dependiendo del paraguas de seguridad que le presta Estados Unidos.

Sostiene que España está ensimismada, confusa y con una situación preocupante respecto a su posición en el mundo, ¿cómo revertir esa mala imagen exterior que describe?La presencia exterior y credibilidad de un país es una proyección de su fuerza interior. Un país con fuertes crisis económicas, pedigüeño, necesitado de recursos ajenos, no puede ser activo ni creíble, ni en la UE ni en América Latina. En estos momentos la situación es peor con un gobierno con dos políticas exteriores y necesitado de alianzas que buscan destruir España como país.Alude a inflexiones históricas para explicar que mirando al pasado no siempre podemos predecir el futuro y pone como ejemplo la caída de la Unión Soviética, ¿qué otros cisnes negros encontramos en hechos históricos recientes?

Generalmente, la experiencia, la Historia, nos vale para reducir de manera inteligente la incertidumbre y generar seguridad, excepto en puntos de inflexión histórica como el actual. Cisnes negros fueron la caída de la URSS, que nadie fue capaz de prever, el atentado del 11 S, que considero el comienzo del siglo XXI, la crisis económica del 2007, el brexit y la elección de Trump -los sociólogos expertos en análisis electoral vaticinaban lo contrario en ambos casos-. En momentos de inflexión histórica lo único que nos sirve de guía es la geografía, examinar los mapas de los países para entender que pueden hacer y qué no.

¿En esa futura civilización mundial única están en juego los derechos y libertades individuales?

Es un riesgo evidente, pero la ventaja que tiene China respecto a Rusia en esta nueva guerra fría es que al país asiático no le interesa exportar su modelo, solo comerciar, y en principio no amenaza nuestras libertades, aunque podría llegar a hacerlo. La pregunta abierta es: ¿una sociedad desarrollada con una economía moderna puede ser compatible con un estado totalitario?. La experiencia histórica nos diría que no, pero China es un objeto político no identificado, que ellos llaman una civilización disfrazada de estado. En general, y me voy a la psicología social, el ser humano pide lo mismo en todas partes: seguridad, prosperidad y libertad. China tiene la primera, esta adquiriendo la segunda y lo lógico es que pida la tercera. A lo mejor ellos son distintos. No lo sé.

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