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Mitos y verdades de los masones en el siglo XXI

Superada la losa del franquismo, vuelven los masones valencianos, que hoy son más de medio millar. No son una secta ni una religión, sino un modo filosófico de buscar la perfección personal. Dos ‘venerables maestros’ revelan las claves.

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El cementerio de Buñol, una de las grandes capitales masonas de España

Cuando un profano se asoma por primera vez al mundo de los masones, el primer paso es el de desenterrar los fantasmas que alimentan nuestra intolerancia histórica. El perfil tenebroso de la masonería y los prejuicios que alarman, todavía, a ciertas esferas políticas -y religiosas-, no responden a la verdad. Primero, porque no se puede hablar de la masonería en singular, porque hay dos corrientes y dentro de cada una hay matices. «El pluralismo masónico, de hecho, ha roto con algunos de sus mitos religiosos y antifeministas», explican Sergio Svalina y Enrique Andreu, dos masones valencianos. La masonería, dicen, no te impone ninguna verdad, creencia o ideología. No es una religión. Tampoco una filosofía.

«Nuestra logia -algo así como las parroquistas del cristianismo- es adogmática, laica, liberal y progresista», explica Sergio Svalina, secretario de la Logia Hispanoamericana, de la línea continental, con una sede floreciente en Beniparrell. La apreciación es importante, porque existen dos corrientes masónicas: la inglesa y la continental. La primera, la ortodoxa, aún practica ritos medievales, no acepta mujeres en sus filas y obliga a creer en Dios. La segunda, la liberal, se desprendió hace ya tiempo de costumbres que consideran trasnochadas. Bajo esa corriente se fundó, por ejemplo, la Gran Logia Femenina de España, que reúne a 600 mujeres masonas.

Imagen de una logia, el espacio donde se reúnen los masones. víctor echave

¿Dónde está el origen de la masonería? ¿Cuál es su razón de existencia si no es una religión? La semilla de la masonería se plantó en Plena Edad Media (siglo XI), cuando se comenzaron a construir las grandes catedrales urbanas de estilo gótico. «Los constructores, los operarios y los aprendices se reunían en logias, que en lenguaje arquitectónico significa ‘galería exterior con arcos sobre columnas, techada y abierta por uno o más lados’, en la misma obra. Allí mismo hacían planos en el suelo y lo hacían en secreto para no desvelar pistas a otros grupos de constructores. De ahí ese secretismo ancestral», explica Andreu, secretario de la Logia Lluís Vives. Como la Hispanoamericana, pertenece a la Gran Logia Simbólica Española, la que aglutina a los masones liberales. En el lado ortodoxo manda la Gran Logia de España. Su presidente, el valenciano Óscar de Alfonso, ha sido motivo de polémica por sus elevados gastos en viajes financiados por la logia y por publicar en Instagram fotos ‘atrevidas’ para un colectivo, el suyo, tan rígido. En una de ellas, colocaba dos cocos sobre un ‘hermano’ masón simulando dos pechos femeninos.

La búsqueda de la perfección es el camino que marca, en general, a la masonería. «Trabajamos con alegorías sobre la construcción, en este caso de un templo personal. Decimos que pulimos piedras, como los constructores de las catedrales y castillos, junto a las piedras de nuestros hermanos», añade Svalina sobre la trascendencia del comportamiento con los demás. «Hay dos cosas que resaltar en la masonería: la tolerancia y las elevadas normas de ética. La masonería es una forma de trabajar en el perfeccionamiento del individuo mediante la reflexión, y para progresar hay que ir subiendo grados. Somos una escuela de formación, pero no somos el único camino hacia la perfección»», apostillan ambos. Como el constructor y su equipo buscaban la obra perfecta cuidando el material y utilizando unas buenas herramientas, el masón busca la construcción de un ‘yo’ lo más perfecto posible, vienen a decir. «Cuando viene un aprendiz nuevo, le digo: No creas en nada de lo que te digo, compruébalo por ti mismo», añade Svalina. La interpretación del cartabón, el compás, el cincel, el martillo, la plomada y el resto de las herramientas de la construcción como medios para tallarse a uno mismo, explica gran parte de lo que es la masonería.

¿Qué tienen que decir los masones cuándo se les tacha de ser una secta? «Es todo lo contrario. Aquí es muy difícil entrar y muy fácil salir», sentencia Svalina, un argentino instalado 18 años en València.

El triángulo, que simboliza al Gran Arquitecto del Universo, en una tumba en Buñol. j.m.lópez

En la masonería caben todas las religiones, incluso los agnósticos. «Yo, por ejemplo, soy apateísta. Puede que haya un Dios, pero a mí me da igual», afirma Svalina antes encenderse un cigarrillo. «En las logias se habla de todo menos de dos asuntos: política y religión. Y hay perfiles de todos los tipos, desde taxistas y albañiles hasta médicos y arquitectos», añade Andreu, catedrático de Biología Funcional de la Universitat de València. Esa dificultad para entrar en la masonería se refleja en el exigente examen que cualquiera ha de superar para ingresar en una logia. «Preparamos 125 preguntas. Con eso se sabe todo del examinado, porque hay cuestiones contradictorias que sirven para conocer si la persona miente o no», explican. La temática de las preguntas es de lo más variada. Cuestiones de hondo calado como la eutanasia, la pena de muerte o el aborto, por ejemplo, pueden entrar en el cuestionario para los aspirantes a ‘iniciados’. Hay una última prueba que superar: el aspirante, con los ojos vendados, es sometido a otras preguntas por parte de todos los miembros de la logia. ¿Por qué a ciegas? «Como no ves, estás descolocado, nervioso, y eso exige más concentración». Si todo va bien, en 3 o 4 meses uno se convierte en iniciado.

Blasco Ibáñez fue un gran masón. También Voltaire, Benjamin Franklin, Alexander Fleming, Clark Gable, Mozart, Churchill, Oscar Wilde, Ramón y Cajal, Conan Doyle, Henry Ford y Manuel Azaña, también. Y otros muchos.

El régimen franquista metió en el mismo saco de ‘personas enemigas de la patria’ a los comunistas, a los judíos y los masones (el «contubernio judeomasónico», dijo Franco en septiembre de 1975, en su discurso de la Plaza de Oriente). Los atacó con saña y buscó su exterminio. Aun hoy se oyen voces contra los masones, presentados en España como una organización secreta y malvada.

Lápida del nicho de un matrimonio masón en Buñol. j.m.lópez

En 2005, el papa emérito Benedicto XVI dijo que la masonería «es pecado». El papa Francisco los ha relacionado con los «anticlericales y satanistas». «En la angloesfera los masones siempre han estado muy bien vistos. Una de las teorías del odio en España es que Franco, hijo y hermano de masones, intentó entrar y no le dejaron, aparte de que había masones republicanos (Azaña, por ejemplo). Y a la Iglesia, una de las patas del régimen, no le convenían los librepensadores. Hemos sido excomulgados muchas veces y hay quien sigue pensando que queremos dominar el mundo», bromea Scalina.

«En España todavía se producen agresiones de la ultraderecha. Desde que está Vox, no es un buen momento para decir que eres masón», añade. «Además, los masones no hacemos proselitismo, eso es propio de los ingleses y lo hacen con total naturalidad. Eso sí, si nosotros vemos a alguien con un buen potencial para ser masón, le abrimos la puerta unos milímetros y esperamos a ver si quiere entrar», puntualiza Enrique Andreu.

La masonería ha recuperado terreno perdido en las últimas décadas y hoy vive una etapa de estabilidad. Se cuentan unos 600 masones en la Comunitat Valenciana, unos 2.500 en España. De los que pertenecen a la línea inglesa, un 70 % son pensionistas británicos que viven en la Costa Blanca», precisa Svalina.

Buñol es, por tradición, una de las grandes capitales masonas de España. Tiene su propio cementerio masónico, con 435 tumbas con su propia simbología. Es el camposanto de Europa con más maestros masones, 42, enterrados de Europa. ¿Por qué Buñol? La logia de Los Once Hermanos, fundada en 1891, ganó adeptos de toda España y estuvo formada por comunistas, libertarios, republicanos, anarquistas e incluso católicos

La imagen es muy distante de la que ofrecen las logias adogmáticas adaptadas a la actualidad: lugares de intercambio y de reflexión sobre los retos de nuestro tiempo, además de su carácter solidario con diferentes ONG. La Logia Luis Vives colabora, entre otros grupos, con Amigos de la Calle, asociación que reparte comida entre los sintecho de València, con asuntos jurídicos con los inmigrantes. «A mí ser masón me ha hecho más tolerante, más sensible a lo que me rodea y más paciente. La paciencia es una gran virtud masónica», explica Svalina. «A mí me ha hecho más extrovertido. Me relaciono con la gente de una forma más afable, soy menos rígido. Como profesor, antes no aceptaba la réplica de un alumno en la corrección de un examen. Además, he aprendido a ser más ordenado en la utilización de la palabra, a escuchar y no interrumpir», apostilla el catedrático.

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