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Matemática y divulgadora científica

Clara Grima: "El talento matemático es el petróleo de un país, cuanto más tiene más progresa"

Clara Grima defiende el poder de las Matemáticas, de los algoritmos, en la Europa del siglo XXI. Aboga por enseñarlas bien en la escuela para perderles el miedo y remarca además que ayudan a formar espíritus críticos.

EL TALENTO MATEMÁTICO ES EL PETRÓLEO DE UN PAÍS, CUANTO MÁS TIENE MÁS PROGRESA

Clara Grima (Coria del Río, Sevilla, 1971) está convencida de que las Matemáticas pueden salvar el mundo. Es una idea que se repite en sus encuentros con estudiantes de Secundaria. Profesora del área de Matemática Aplicada de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Informática de la Universidad de Sevilla, ha presidido también la Comisión de Divulgación de la Real Sociedad Matemática de España. Con su blog «Mati y sus mateaventuras», para acercar los números a los niños, y con libros como «Hasta el infinito y más allá» y, el más reciente «En busca del grafo perdido» se ha convertido en una de las divulgadoras más mediáticas.

Usted sostiene que todos los que dominan el mundo lo hacen gracias a que saben Matemáticas o a que tienen gente trabajando para ellos que sabe. ¿Los números nos salvarán o nos someterán?

Uno de los mayores problemas de salud actuales no es el covid, sino la resistencia a los antibióticos, esa es una crisis sanitaria más importante. Pues en el diseño de antibióticos contra las superbacterias se trabaja con inteligencia artificial. El diagnóstico de enfermedades se hace usando fórmulas y tantos por ciento. La inteligencia artificial hace lo mismo que el médico, pero con muchos más datos.

Pero no siempre se usa con fines tan altruistas.

A mí me gusta decir que las Matemáticas son como la fuerza en «Star Wars»: hay unos jedis buenos, que la utilizan para mejorar el diagnóstico de enfermedades o para luchar contra el cambio climático fabricando invernaderos que funcionan autónomamente... y luego están los Dark Vader. Se pueden hackear cerebros, eso ya se vio con Cambridge Analityca y la campaña de Donald Trump. Hay algoritmos de control y otros capaces de detectar la ironía en un comentario en tus redes sociales: yo soy absolutamente atea, si escribo que me voy a misa, el logaritmo detecta que estoy bromeando.

¿Hay alguna manera de escapar a ese control?

Como usuarios de a pie poco podemos hacer, salvo que te vayas a vivir a la montaña, rompas tu móvil, no uses el correo ni la tarjeta de crédito... Algo inimaginable. Las administraciones pueden ejercer su control con más algoritmos pero el usuario de a pie no tiene opción. Se pueden articular superalgoritmos policía, logaritmos que controlan a otros logaritmos. La mayoría son buenos y están aquí para mejorar nuestra vida. No son más que recetas. No son más peligrosos que una furgoneta: puede servir para llevar comida a La Palma o para matar a gente en la Rambla de Barcelona. ¿Y quién vigila al vigilante? ¿Quién vigila a los políticos, a los jueces, a la prensa...? En última instancia hay que confiar en ellos.

Los algoritmos revelan nuestros sesgos personales.

Son como bebés, nosotros les enseñamos lo que saben y el sesgo que tienen es el de la sociedad. Aprenden de Google, de las redes sociales... Un algoritmo no dará un crédito a un negro que vive en Harlem, pero es que tampoco se lo va a dar el señor que está en el banco. El problema es que no hay diversidad en el gobierno de las empresas tecnológicas. En las cúpulas dirigentes la mayoría son hombres, blancos y protestantes. La desigualdad de género es especialmente sangrante porque afecta a un 50 por ciento de la población. Hasta 2012, que es anteayer, nadie se dio cuenta de que las mujeres tenían peor índice de recuperación en caso de infarto porque sus síntomas eran diferentes. Llegaban al hospital y les decían: «Usted tiene ansiedad, váyase a casa», y no se le diagnosticaba un infarto hasta que volvía cinco o seis veces. Pasa lo mismo con todo. Los que diseñan los algoritmos no detectan los sesgos, pero no es por maldad es porque no los ven. Yo tengo un amigo parapléjico en silla de ruedas y antes de conocerlo nunca me había preocupado por la accesibilidad en los edificios, ahora cada vez que entro en uno me pregunto: «¿Y aquí, por dónde entraría mi amigo Pepe?

¿Las Matemáticas y las ciencias arrasarán con las Humanidades?

El éxito que están teniendo las Matemáticas es impresionante, y eso tiene partes muy buenas porque la gente se da cuenta de que son lo más importante del mundo (se ríe) y porque se les da el prestigio y el reconocimiento que merecen. Pero hay cosas no tan buenas: hay tanta demanda de matemáticos que los estudiantes ya no quieren ser profesores, en España faltan profesores de esta materia y sin ellos la calidad de la enseñanza empeorará. Además, las Matemáticas son cada vez más competitivas y el porcentaje de mujeres que se dedica a ellas ha ido decreciendo en la misma medida.

¿La competitividad ahuyenta a las mujeres?

No puedo decir que sea una relación causal, pero es una intuición. Yo doy clase en Sevilla, y tenemos titulaciones en las que casi no hay chicas. Mis clases son como despedidas de soltero. Hay que enseñarles a las niñas qué es la Informática y las Matemáticas. Hay quien me dice: «Tú, que vas de feminista, ¿por qué no dejas que hagan lo que les dé la gana? En mi escuela, la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Sevilla, se estudian las especialidades de Software, Tecnología, Computadores e Ingeniería de la Salud. El porcentaje de mujeres en Computadores es del 10 por ciento, Software y Tecnología no pasan del 14 por ciento y la Ingeniería de la Salud tiene un 54 por ciento de mujeres. Hay más mujeres porque es evidente el servicio a la comunidad. Por eso hay que dar charlas explicando qué hace un informático o una informática. Una amiga, doctora en Matemáticas, trabaja con inteligencias artificiales en patologías asociadas al embarazo. No somos frikis que se ponen a cantar para celebrar el descubrimiento de un nuevo número primo, que también.

¿Algún otro efecto perverso del auge de la materia?

Sí, como la nota de corte es tan alta se están quedando fuera de la universidad alumnos brillantísimos, verdaderos talentos matemáticos que no son tan brillantes en otras asignaturas. En el examen tipo para acceder cualquiera, con un talento medio, puede sacar un diez. El talento matemático es el petróleo de un país, cuanto más tiene más progresa.

Y usted, ¿por qué estudio Matemáticas?

Porque mi profesor de Filosofía me lo aconsejó. Yo, al acabar COU, quería estudiar Filosofía, escribir… Matemáticas y bailar, eso respondía cuando me preguntaban que era lo que más me gustaba. Hubo algo de chantaje emocional, me convencieron de que tendría más oportunidades y podría ayudar a la familia. Me dediqué a ellas y descubrí que eran más bonitas de lo que pensaba.

Inteligencia artificial, supercomputadoras... ¿Adiós a la Filosofía?

A partir de ahora vamos a necesitar más que nunca sentarnos a pensar. Se nos viene un mundo totalmente nuevo. Ahí están los coches autónomos. Por primera vez en la historia de la humanidad habrá una máquina decidiendo sobre la vida en cuestión de segundos. Hay un proyecto del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) la máquina moral, para definir la ética para los coches autónomos: se tienen que pasar 13 test, te van poniendo en diferentes situaciones -se te cruza una embarazada o ahora un delincuente-. Las primeras conclusiones son que cada cultura tiene su ética. En nuestra burbuja europea hay un pequeño sesgo en favor de los niños sobre los ancianos. En Asia es el contrario, los ancianos van por delante de los bebés. En África y en Sudamérica se salva antes a un rico que a un pobre. Habrá que sentarse a revisar las Humanidades. Además, si las Matemáticas resuelven todos esos problemas tendremos más tiempo para la poesía y para pensar.

Con supercomputadoras que resuelven cualquier problema, ¿qué hacen los matemáticos?

De momento los algoritmos los programan personas, cuando abres una puerta aparecen muchos problemas nuevos. Aprender Matemáticas no es aprender a hacer cuentas, es aprender a usar la intuición y el pensamiento lógico para vivir. Yo, cuando tengo un problema en la vida y no sé por dónde tirar, buscó la solución con un algoritmo. Si se enseñaran como un reto, servirían para despertar el espíritu crítico y para educar a ciudadanos más libre y menos manipulables. Los algoritmos sirven para ordenar la vida y entender el mundo.

Para usted eran un juego de pequeña: había que aprender ciertas reglas y resolver adivinanzas. ¿El fallo está en quién enseña y en cómo lo hace?

A mí me encantaban las Matemáticas, hice la carrera con amigos a los que también les gustaban y cuando empecé a dar charlas divulgativas me llamó mucho la atención que, en Primaria o en Infantil había niños que me decían que eran muy malos en Matemáticas o que no les gustaban, pero no lo podían saber, no les gustaban antes de entrar en el colegio. El problema es poliédrico, tiene muchas caras y muchas aristas. Es imposible mantener a nuestras hijas a salvo de los estereotipos y lo mismo con esta materia. Llegas al colegio, con las clases masificadas, y ahí, ni siendo Pitágoras aprenderías nada con cierta calidad. Los maestros muchas veces han sido niños con miedo a las Matemáticas, en Magisterio no se enseñan y ellos mismos se ponen nerviosos. Eso se junta con las ratios altas, se hace todo una bola y los niños llegan a Secundaria con el miedo a las Matemáticas metido en el cuerpo. En Europa necesitamos más de medio millón de matemáticos, dicen. Algunos van a trabajar en puestos que ni siquiera existen y que van a necesitar un alto conocimiento matemático. Hay que detectar el talento y cultivarlo y eso se hace incentivando a los profesores, actualizando los sistemas de enseñanza. No hacerlo es como tener una bolsa de petróleo bajo nuestros pies y no querer gastar dinero en extraerlo. La escuela pública no detecta el talento, ningún talento, y aunque un maestro lo detecte no tiene medios para estimularlo.

La divulgación, ¿debería contemplarse como una salida en las carreras de ciencias, como la docencia o la investigación, la empresa o la Universidad?

Yo estuve hace unos años en el Centro de Investigación Matemática de México y allí tenían el doctorado el Divulgación de las Matemáticas. Aquí no hay nada parecido, entre otras cosas porque todos los alumnos quieren trabajar en la empresa. Habría que ofrecer cursos pagados a los maestros para enseñarles cómo llegar a los niños. Las cuentas, la parte detectivesca le gusta todo el mundo, es un juego y jugar nos gusta a todos.

¿Por qué no terminan de funcionar los modelos matemáticos para explicar la evolución del covid?

Los modelos matemáticos de epidemias tienen más de un siglo y son muy simples, están muy bien hechos y si los datos de entrada son correctos hacen la predicción casi perfecta. ¿Cuál es el problema? Los datos de entrada. Con el covid no hubieran podido ser correctos ni aun dedicando todo el dinero del mundo para ello, con los asintomáticos es imposible. Sí pueden decirnos qué porcentaje de población hay que vacunar para detener su avance.

Según usted no hay actividad humana en la que de un modo u otro no intervengan las cifras.

No, no. Espero y deseo que no lo controlen todo, no controlan los sentimientos humanos, el amor en todas sus vertientes ni el odio, pero me gusta menos hablar de él. Los algoritmos no sirven para enamorarse. El amor es más bien un asunto de químicos y neurocientíficos. El segundo entrenador del Eibar -mi hijo pequeño es del Eibar- me enseñó los programas que los equipos de fútbol usan para estudiar al contrincante, analizan el mínimo detalle. Yo le dije que con aquello ganarían siempre y me respondió que no porque los jugadores son personas y están llenos de sentimientos. Soberbia, tristeza, pueden tener un bajón de ego o un exceso de confianza.

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