Suscríbete

Levante-EMV

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Economista

José García-Montalvo: "Si no pasa nada raro, 2022 tiene muy buena pinta"

El Premio Jaume I de Economía de 2019 y catedrático de la UPF alertó del estallido de la burbuja inmobiliaria de 2007. Ahora su pronóstico es más esperanzador

Si no pasa nada raro, 2022 tiene muy buena pinta

Uno de los investigadores económicos de referencia y Premio Jaume I de Economía de 2019, José García-Montalvo (València, 1964) alertó en 2003 de la gran burbuja inmobiliaria en España, aunque los responsables políticos hicieron oídos sordos hasta que estalló la crisis financiera de 2017. Cinco años después, el catedrático de Economía Aplicada de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) ve con cierto optimismo el futuro, pero alerta de una alta inflación y del «complicado» factor geopolítico actual.

Da miedo preguntar por su pronóstico para este año.

Si no pasa nada raro, el año 2022 tiene muy buena pinta.

Ese «raro» es lo preocupante. No paramos de asumir rarezas.

Como la economía me aburre, desde 2015 estoy estudiando biología molecular y, según los cálculos computacionales, puede haber hasta 65 variantes del virus. Ómicron no quiere matar al huésped, pero uno de los riesgos es que aparezca una variante más letal.

¡Alto! ¿Dice que la economía le aburre?

En economía, desde Keynes no ha surgido nada interesante, mientras que en biología molecular cada día se descubre algo nuevo.

Sigamos con los riesgos.

Otro es la inflación. 2021 fue un año relativamente bueno, pero la percepción que tiene la gente sobre la recuperación económica depende mucho de la inflación. Y no se resolverá fácilmente, porque el puzle del comercio internacional se ha desencajado y recomponerlo no es sencillo. China, por ejemplo, paraliza una ciudad de millones de habitantes por tres asintomáticos, afectando a la cadena de suministros y al precio de los transportes. Y luego está el factor geopolítico.

¿Qué pasa con él?

Se está complicando. Rusia está enfrentada seriamente con EE UU, Irán continúa enriqueciendo uranio y China, que se consolida como potencia, tiene el control de una de las dos grandes empresas que producen chips.

¿Dónde ve lo bueno, pues?

Hay mucha inyección de recursos en el economía. Si los fondos de recuperación se dirigen a donde deben, las cosas van a cambiar.

¿No sería momento de cambiar de modelo económico?

A finales de 2020, cuando se decía que íbamos a salir reforzados como seres humanos y que cuidaríamos el medioambiente, escribí que en el fondo del mar, en lugar de plásticos, habría mascarillas. Y está sucediendo. Nada cambia. Cada uno va a la suya.

¿Mal concepto del género humano?

La gente solo reacciona a los incentivos o a los desincentivos. Todo el mundo quiere ser ecologista, pero le cabrea cuando le suben la factura de la electricidad. Y la única forma de consumir menos electricidad es pagar más por la emisión de CO2 que haces. Este tipo de contradicción es constante.

La desigualdad sigue creciendo.

Disminuye la desigualdad entre países y aumenta dentro de los países.

Eso es alarmante, ¿no?

En España, el 85 % de la desigualdad viene por la falta de empleo. Pero hay una redistribución enorme y no se le da importancia. ¿Podría ser mayor? Sin duda. Las universidades públicas están subsidiando a los hijos de los ricos, mientras no hay suficientes becas para los que no tienen recursos, por ejemplo. Aun así, la potencia del Estado de bienestar es enorme.

No es la percepción.

Si la gente teme al futuro es porque tiene miedo a qué pasará con su puesto de trabajo. Lo cierto es que hay 19,8 millones de personas con empleo registrado en la Seguridad Social. Si esto continúa, se corregirá.

¿Cuándo despejará del todo?

España no llegará a la posición anterior a la crisis de la covid hasta el año 2023.

Otros lo harán antes. ¿Qué nos pasa?

Los economistas no estamos de acuerdo en casi nada, pero sí en que, en el largo plazo, solo cuenta la productividad. El recurso más importante es el capital humano y en España hay un enorme desajuste entre lo que las empresas necesitan y la formación que la gente tiene. Muchos, en lugar de apuntarse a Matemáticas, se matriculan en Filología.

Tiene que haber de todo.

Sí, pero lo que no me parece bien es la queja. Antes de entrar en Filología, deberían pasarles un papelito con la probabilidad de estar en paro, el salario que tendrán cuatro años después y el subsidio que todos pagamos para que estén estudiando: unos 8.000 euros cada año.

¿Se lo dirá a sus dos hijos, aún pequeños?

Sí. Quiero que entiendan que la vida es una carrera de larga distancia. Y sobre todo que no se quejen, que hagan.

¿De dónde le viene esa mentalidad?

Yo era un anarquista absoluto, de los que cuestionaban el periodo de la Transición. Pero se me pasó rápido. Decidí que prefería ser consistente.

Compartir el artículo

stats