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Buenos tiempos para la cultura. La colección Lladró y el Museo de Bellas Artes de València

La ciudadanía es más libre y la sociedad más democrática cuanto más invierte en cultura. Hoy, en València, los ciudadanos y ciudadanas son más ricos en cultura

Pablo González Tornel, director del Museo de Bellas Artes de València Juan Carlos Cárdenas

El diez de julio de 2022 la Generalitat Valenciana anunció que adquiriría la colección Lladró para el Museo de Bellas Artes de València. Se llegaba así a la penúltima etapa de un emocionante recorrido de casi un año de duración en el que la Presidencia de la Generalitat, la familia Lladró y quien firma estas líneas en representación del museo han ido de la mano. Sin estridencias, trabajando duro y teniendo siempre en el horizonte que el único final aceptable para este diálogo era el éxito. Un éxito que cada persona debe sentir como propio porque ahora, y para siempre, una parte capital del patrimonio cultural europeo será de todas y todos. La ciudadanía es más libre y la sociedad más democrática cuanto más invierte en cultura y hoy, en València, los ciudadanos y ciudadanas son más ricos en cultura y, por lo tanto, en democracia.

El camino hasta llegar aquí ha sido fascinante. Investigar la colección, valorarla en los almacenes de Alcalá de Henares donde se custodia, elaborar los informes preceptivos para la adquisición… Todo ello ha valido la pena. El diez de julio esta fase quedó atrás y se sucedió la avalancha de alegría de compañeros de profesión que, como yo, eran conscientes del enorme paso que se estaba dando en la Comunitat Valenciana para respaldar a la cultura y al Museo de Bellas Artes. Miguel Falomir, Joan Molina o David García Cueto desde el Museo del Prado, Ester Alba o Javier Pérez Rojas desde la Universitat de València, Carmen García Frías o Pilar Benito desde Patrimonio Nacional, Matilde Miquel desde la Universidad Complutense o Benito Navarrete desde la Universidad de Alcalá, toda la comunidad académica española ha sentido este hito como propio. 

Un retablo gótico completo, varias obras maestras de Joan de Joanes, dos lienzos de Zurbarán, una delicada naturaleza muerta ejecutada por la excepcional pintora Margarita Caffi, siete piezas de Joaquín Sorolla… Arte con mayúsculas coleccionado con mimo durante décadas por Juan, José y Vicente Lladró con el sabio asesoramiento de quien, probablemente, ha sido el más influyente historiador del arte español de todos los tiempos, Alfonso Emilio Pérez Sánchez. Es por ello por lo que este conjunto de setenta y tres obras de arte tiene un valor superior al que pudieran sumar sus piezas individuales. La colección Lladró es historia del coleccionismo en España. Es parte de la historia de la Comunitat Valenciana, forjada, en gran medida, a través de sagas familiares que, como los Lassala, los Serra, los Roig-Herrero, los Soler-Lloret o los Lladró consideraron que parte de sus beneficios económicos debían invertirse en cultura. Estas colecciones no deben disgregarse, porque, si esto ocurriera, se perdería para siempre una parte de nuestro patrimonio cultural.

Las obras que componen la colección Lladró son, además de muestra del coleccionismo privado, de un enorme valor artístico e histórico que se comprende en toda su dimensión solo poniendo cada pieza frente a los ya de por sí formidables fondos del Museo de Bellas Artes de València. Hoy, gracias a las setenta y tres obras de arte compiladas por los Lladró, nuestra pinacoteca está más cerca de ser ese museo imaginario que describió Andrè Malraux. Porque no debemos olvidar nunca, con orgullo, que este Museo trasciende cualquier localismo y es capaz, cada día más, de contar la historia y las historias del arte y la cultura universales. 

Las tres tablas de Vicent Macip y las cuatro de Joan de Joanes refuerzan la colección del Renacimiento español, época en la que, sin duda, València fue uno de los territorios más punteros de la Península Ibérica. Además, esta incorporación se suma a las veinte piezas de Joanes que ya custodia el Museo de Bellas Artes y posiciona a la institución como centro de referencia sobre un pintor que, según algunos, fue el más grande del siglo XVI en España. Con la incorporación de dos lienzos de Francisco de Zurbarán, dos de José de Ribera, un Claudio Coello o un monumental cuadro de altar de José Antolínez, se redondea la colección de pintura española del Siglo de Oro. El Museo ya contaba con magníficas piezas barrocas de Murillo, Ribera, Cano o Velázquez, pero con el ingreso de las obras de la colección Lladró se subsana una dolorosa ausencia, la de Zurbarán, y se refuerza la presencia del foco cortesano con magníficos lienzos de grandes dimensiones. El punto fuerte de la colección, no obstante, es, probablemente, la pintura del siglo XIX y primeras décadas del XX, otro momento de la historia en el que València se situó a la cabeza de la escena artística internacional. Desde la pintura académica y romántica de Vicente López (con tres obras), al vanguardismo de Ignacio Pinazo (con cuatro lienzos) o el preciosismo de José Benlliure (con dos piezas), la colección Lladró refuerza la que fue la edad de plata del arte valenciano. Este momento brillante de nuestra historia culmina con los cuatro lienzos de José Mongrell, los dos de Julio Vila y Prades, de quien el Museo no contaba con ninguna obra en exposición y, por supuesto, el magnífico conjunto de siete piezas de Joaquín Sorolla y Bastida, que, sumadas a las más de cuarenta de la institución, sitúa la colección del Museo de Bellas Artes de València entre los mejores conjuntos de pintura de Sorolla del mundo.

Arte de primer nivel, público y a disposición de la ciudadanía. La adquisición de la colección Lladró por la Generalitat Valenciana es el mayor respaldo recibido por el Museo en mucho tiempo. Con acciones como esta, que no hacen sino mimar como merece una institución que conserva lo mejor de nuestra historia y nuestra cultura para transmitirlo a las generaciones futuras, el Museo de Bellas Artes podrá llegar a ser la pinacoteca de referencia que queremos para València.

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