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Tradición que agoniza

La "cremà" escolar se apaga

Sólo 34 de los 102 colegios públicos de Infantil y Primaria de Valencia quemarán el viernes un monumento hecho por alumnos

«Cremà» escolar en un colegio público el curso pasado.

«Cremà» escolar en un colegio público el curso pasado. Levante-EMV

La tradición de las Fallas agoniza en la escuela pública del Cap i Casal. De los 102 colegios públicos de la ciudad „ 90 de Infantil y Primaria y 12 Escuelas Infantiles „ sólo 34 quemarán una falla este viernes. El retroceso de las fallas escolares a un tercio de los colegios se debe, critican fuentes de la Associació Valenciana de Directors d´Infantil i Primària (Avdip), «a las trabas impuestas por la Conselleria de Educación y el Ayuntamiento de Valencia». Desde el colectivo de directores alertan que en los últimos dos cursos la cremà escolar se ha reducido a la mitad en la enseñanza pública.

El origen del declive de esta tradición tan valenciana en las escuelas públicas de la capital hay que buscarlo en el incidente de la cremà de 2013 en el colegio Nicolau Primitiu del barrio de San Isidro. Una pavesa de la falla arrastrada por el viento prendió un colchón abandonado en un solar colindante que se usa como aparcamiento, incendiando la parte delantera de uno de los coches allí estacionados. La conselleria no quiso hacerse cargo de los daños, a los que tuvo que responder el director con su patrimonio personal.

El seguro de responsabilidad civil de la conselleria por daños a terceros no cubre las fallas escolares pese a ser una actividad que se desarrolla en horario lectivo, por lo que tras el accidente del Nicolau Primitiu, el departamento que dirige la consellera Mª José Català endureció las condiciones para que los colegios públicos quemaran su falla. Desde el curso pasado Educación no autoriza la cremà si no está incluida expresamente en la Programación General Anual (PGA) del centro. Así, en colegios como el Eliseu Vidal del barrio de Safranar se quedó la falla sin quemar porque en la PGA sólo constaba la plantà.

La última vuelta de tuerca la ha dado este año la Concejalía de Educación del Ayuntamiento de Valencia. En la circular que remitía a los directores el pasado 3 de febrero para que solicitaran la presencia de los bomberos en la cremà escolar, incluía en el último de sus seis puntos: «en todo caso el centro, estén o no los bomberos presentes, asumirá la responsabilidad de los daños y perjuicios que puedan ocasionarse con motivo de la quema de la falla». Desde la Avdip aseguran que es la primera vez que el consistorio incorpora dicha apostilla. Tras la circular municipal, según el colectivo de directores, un total de 17 colegios públicos del Marítimo, Algirós y Blasco Ibáñez descartaron plantar falla.

Fuentes de la Avdip destacan que la falla «es una actividad escolar, realizada por los alumnos en horario lectivo, que se hace para todo el centro y ayuda a profundizar en la asignatura de Cultura del Poble Valencià que Educación ha introducido este curso en quinto de Primaria». Por ello critican la «falta de respaldo de la conselleria» a los directores que quieren celebrar las fallas en la escuela. «No entendemos que, si cumplimos todos los requisitos de distancias de seguridad, precaución ante el viento y la cautela que exigen Educación y los bomberos, nos dejen a los directores desamparados a pesar de que se trata de una actividad para impulsar la cultura valenciana entre nuestros alumnos», añaden.

Mientras las fallas se mueren en la escuela pública, la práctica totalidad de colegios privados concertado de Valencia plantan y queman el monumento que construyen sus alumnos. En este caso, el seguro de responsabilidad civil que obligatoriamente tiene que suscribir la propiedad del centro cubre todas las actividades realizadas en horario escolar, entre ellas las fallas.

«Miramos por los niños más que por conselleria»

El es uno de los 34 directores que no ha renunciado a la «cremà» escolar a pesar de que si algo sale mal tendrá que pagarlo de su bolsillo. «Trabajamos sabiendo que la conselleria no está con nosotros (los directores), no va a ayudarnos si lo necesitamos, pero seguimos mirando más hacia los niños y sus familias que hacia ellos», dice. Prefiere preservar su identidad. «Me duele tener que vivir con miedo a expresarme», lamenta. «En los despachos de conselleria nos han demostrado ver las fallas escolares como algo añadido, extracurricular y no le dan el valor que tiene», apostilla. Todos los años construye una falla con alumnos y padres «por la riqueza pedagógica que tiene este tipo de actividades». «Las fallas escolares son actividades educativas ricas en aprendizajes y que fomentan la unidad de la comunidad escolar (maestros, alumnos y padres) y ayudan a hacer centros activos, alegres, vivos y más formativos que los que se van apagando y se reducen a los deberes, exámenes y calificaciones», concluye.

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