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Carmen Martín Carbonell

Carmen Martín: "La fallera mayor debe evolucionar, pero vamos por el buen camino"

«Me alegro de haber sido una sorpresa pero yo no me descartaba porque era la ilusión de mi vida»

Carmen, en la puerta de Levante-EMV, con un póster suyo. | MIGUEL A. MONTESINOS

¿Cómo acabó el día más importante de su vida?

Al final me quedé con los miembros de mi falla en el casal. No me lo podía creer. Todos mirándonos, todos ilusionados... Nos hicimos la foto final y no nos los creíamos. Veía todo emocionada, incluidos los centros de flores que llegaban, preguntándome si esto estaba pasando de verdad. Me subí a casa y nos quedamos hablando. Aún estaba en shock, temblando. Pensando lo que va a pasar y lo que han vivido otras falleras mayores.

¿Cuesta procesarlo?

Yo he sido muy seguidora de falleras mayores y cortes. Sé lo que voy a tener que hacer día tras día, semana tras semana. Me hace mucha ilusión, lógicamente, actos como la Crida o la Ofrenda, me ilusionan mucho, pero cualquier acto es único para aprender y para vivir. Y más, pensando en la posibilidad de volver a retomar la ilusión y que sean unas fallas más normales. Como eran antes.

Es un cargo que requiere mucha logística, ¿es consciente?

Mi madre siempre es la que me ha vestido, la que ha cuidado los detalles... la que estará conmigo. Mi padre creo que hará de chófer y sé que mi hermana también ayudará. Y hasta mi novio, aunque trabaje.

Vivimos en un momento de revisiones y la fallera mayor puede caer en el debate de si su figura está pasada de fecha. ¿Es necesario actualizar el cargo?

Poco a poco, se tiene más en cuenta su opinión. Nos eligen los falleros y esperan lo mejor de nosotras. Creo que cada vez están haciendo más cosas y las cortes también. No debe pasar de moda, pero sí ir cambiando como cambia la sociedad. Debe evolucionar y creo que vamos por buen camino. Más allá de chicas que saludan. Porque somos mucho más. Lo esencial es que el fallero, que es quien nos ha elegido, se vea representado.

Gestos como el de Marina Civera con el puño morado habrían sido impensables hace años. ¿No cree?

Me encantó. La figura de la mujer en el mundo fallero, sí, ha estado presente. Que una fiesta elija a una mujer como representación es un orgullo. No todas las fiestas lo hacen. ¿Machismo? Para nada. Todo lo contrario: ensalzar a la mujer es algo que nos debería orgullecer. Fuimos de los primeros en apostar por algo así. Para mí es un placer ser fallera, ser mujer y que esto siga existiendo. Y que Marina , un 8 de marzo, hiciera eso, marca un antes y un después. Fue una forma de decir «somos mucho más de lo que se ve, estamos dispuestas a todo y ahí queda».

¿Dónde estaba el 10 de marzo, cuando lo perdimos todo?

Venía de la Universidad. Me dijeron que pusiera la televisión. Empecé a llorar. Me quedé paralizada, recuerdo los abrazos de la familia y que los amigos de la falla empezaron a llamarme. No me lo podía creer y cuando se tuvieron que suspender las Fallas, lloré muchísimo.

Usted no estaba en las quinielas. ¿Mejor así?

A cada una le veía algo especial, por lo que veía normal si la llamaban. En mi mente no me descartaba. Cabía la posibilidad porque era mi ilusión. Me alegra que haya sido una sorpresa. Me encanta el factor sorpresa. Que casi nadie se lo esperara me alegra todavía más.

Usted ha hecho quinielas en otros años, seguro.

Y he acertado bastante

¿Como fue su crisis personal de la edad tonta?

Cuando empecé en la Universidad me vi muy abrumada. Siempre había ido al mismo colegio desde los dos años. Tuve una crisis, preguntándome si servía para los estudios. Pasé unos días malos, de flaqueza. En casa me tuvieron que animar.

¿Sin tatuajes, percings, pelos de colores...?

¡Nada de nada!

¿Qué hizo con su primer sueldo?

Lo conseguí el primer mes que trabajé tras acabar la universidad e invité a mi familia a comer. Me hacía mucha ilusión.

¿A pie, en bici o en moto?

Andar y transporte público. Se me ha quedado a medio hacer el teórico de conducir. Pregúnteme por autobuses y metros. Me los conozco todos.

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