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Julio Monreal

El noray

Julio Monreal

València dice adiós a su mejor evento

Copa del América: el Team New Zeland. VICTOR FRAILE

Decepción entre los empresarios, bronca política e indiferencia social. Así ha sido acogido en València el acuerdo entre el Defensor de la Copa del América, el Team New Zeland, y las instituciones catalanas para que la próxima edición del torneo se celebre en Barcelona en 2024 y no en el campo de regatas de la playa de la Malvarrosa, en el que se disputaron las ediciones 32ª y 33ª de este trofeo y al que podrían haber vuelto si la Generalitat Valenciana y el Ayuntamiento de València no hubieran considerado excesivos los 200 millones de euros que había que poner sobre la mesa para que la Copa de las Cien Guineas regresara en dos años.

Los actuales campeones querían repetir en València, y se acercaron al Real Club Náutico, solicitante de la competición de 2007 y su secuela de 2010, para que moviera los hilos necesarios. Pero la ciudad y sus instituciones ya no son las mismas de aquellos años de opulencia en los que brillaba el dinero de la burbuja inmobiliaria y cualquier proyecto de relieve nacional o internacional encontraba acogida e impulso bajo las batutas de Eduardo Zaplana, Francisco Camps y Rita Barberá.

En cuanto saltaron a la luz las opciones de València, buena parte del empresariado salió en su defensa, con declaraciones de apoyo, pero el alcalde Joan Ribó dejó claro desde el primer momento que la ciudad aportaría las instalaciones creadas entre 2003 y 2007 para la Copa y que no pondría dinero.

Y la Generalitat presidida por Ximo Puig recibió a los embajadores y les hizo saber que respaldarían el evento si representaba un coste “razonable”. Pero todos los reunidos sabían que los partidos del Pacte del Botànic (PSPV-PSOE, Compromís y Unides Podem) estaban muy lejos de regresar a la senda de los “grandes eventos” que el PP recorrió en la primera década del milenio tanto por sus diferencias con aquel modelo económico y turístico como por la estela de corrupción y deudas que dejó tras de sí.

Los populares son los únicos que hoy critican públicamente la marcha de la Copa a Barcelona y acusan al Consell y al ayuntamiento de renunciar a la competición por prejuicios ideológicos. Los representantes gubernamentales valencianos desean suerte a Barcelona y respiran aliviados, añadiendo en los corrillos que si el evento resultara tan rentable como señalan sus promotores y defensores no habrían faltado empresarios locales y nacionales para impulsar la candidatura de València. De hecho, ésta ya estaba descartada desde que hace dos semanas el sindicato neozelandés anunció que centraba en Málaga sus negociaciones, al ver que no cuajaría su intento en la capital del Turia.

El evento mejor y más rentable

Y eso que la Copa del América que València captó en 2003 en subasta pública convocada por el millonario Ernesto Bertarelli y su sindicato suizo (sin mar) Alinghi está reconocida económica y socialmente como el evento mejor y más rentable de los que recalaron en la ciudad en la época dorada, por contraste, por ejemplo, con la desastrosa Fórmula 1 en circuito urbano. Un informe del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), el mismo que sustenta hoy con sus trabajos y análisis las reivindicaciones de Ximo Puig sobre financiación autonómica, estimó en 2.724 millones de euros el impacto total de la Copa sobre la renta (valor añadido) de la Comunitat Valenciana, mientras que en términos de producción (output) la cifra alcanzaba los 5.748 millones. El empleo generado o mantenido se cifró en 73.859 puestos de trabajo, todo ello referido al período comprendido entre 2004 y 2007, año de finalización de la primera de las dos disputas de València.

De los 2.768 millones de euros gastados en los preparativos y el desarrollo de la 32ª America’s Cup, el 74 % estuvo destinado a la creación de las infraestructuras para acoger a los equipos participantes (once desafiantes más el defensor Alinghi) y a necesidades de la prueba. El Gobierno de Rodríguez Zapatero concedió 500 millones de euros para los trabajos, pero como crédito, no a fondo perdido como había hecho con otras ciudades en escenarios similares, lo que dio munición de agravio al PP durante años. El grueso de aquella deuda, 340 millones, ha sido condonado en los últimos meses por el Gobierno de Pedro Sánchez.

Con el dinero disponible, València reconvirtió la dársena interior de su puerto en la sede de la competición, con las bases de los equipos en semicírculo sobre los muelles; abrió un canal directo hacia el Norte para no compartir la salida con los mercantes del puerto comercial; construyó un pantalán para megayates y erigió el singular edificio Veles e Vents, del arquitecto británico David Chipperfield, como sede oficial de las regatas. Ese espacio, bautizado inicialmente como Marina Real Juan Carlos I, rebautizado luego como Marina de València, acoge hoy nuevos usos pero mantiene su estructura de equipamiento deportivo y ofrece unos 700 amarres y propuestas sobresalientes de gastronomía y ocio.

El paso de la Copa del América de vela por Valencia no sólo dejó una marina. La capital se abrió al turismo desde Estados Unidos, hasta entonces ausente, gracias a una competición que allí tiene bastante seguimiento, e incrementó la presencia de visitantes italianos tras el reclamo de tres equipos transalpinos regateando frente a la Malvarrosa. Las tapas de alcantarilla con la imagen de la Copa de las Cien Guineas son hoy recuerdos mudos de aquella Fórmula 1 del mar que ha tomado rumbo al Norte.

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