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Josep Renau, director de bellas artes

Josep Renau, director de bellas artes

Josep Renau, director de bellas artes

El 80 aniversario del segundo Congreso Internacional de Escritores celebrado, principalmente en València, en julio de 1937 y otros acontecimientos culturales de la guerra civil española, como el Pabellón de la República española de París de 1937, han reabierto el interés de algunos colaboradores de prensa en estos temas.

Precisamente esos eventos tuvieron lugar mientras Josep Renau (1907-1982) era Director General de Bellas Artes de los gobiernos republicanos presididos por Francisco Largo Caballero (1936-37) y Juan Negrín (1937-38). Periodo en el que las carteras de Agricultura (Vicente Uribe) e Instrucción Pública y Bellas Artes (Jesús Hernández), recayeron en dirigentes del Partido Comunista de España.

Por la importancia de la labor de Renau en la gestión cultural de ese periodo de la guerra civil española (1936-38) que testimonió el propio artista en su libro Arte en peligro, 1936-39 (Fernando Torres Editor, Valencia, 1980) y luego corroboró el historiador Miguel Cabañas en la monografía Josep Renau. Arte y Propaganda en Guerra (Ministerio de Cultura, Madrid, 2007), hemos creído oportuno resumir algunas de sus actuaciones puestas en cuestión, últimamente, por un profesor universitario en las páginas de este suplemento de artes y letras.

En líneas generales la labor de Renau en bellas artes se concretó en la salvaguarda del patrimonio artístico y cultural español que, tras los bombardeos de la aviación franquista de la capital española, el Gobierno republicano decidiría trasladar a València, Barcelona y Pedralbes, antes de llegar en tren a Ginebra en 1939, sede entonces de la Sociedad de Naciones.

Esos fondos, organizados por la Junta de Defensa del Tesoro Artístico, procedían principalmente del Museo del Prado, la Biblioteca Nacional, el Palacio de Liria del Duque de Alba, etc. Una labor en la que participaron notablemente intelectuales como Timoteo Pérez Rubio y Roberto Fernández Balbuena. Un legado trasladado en camiones a Valencia donde tras informes técnicos de los arquitectos José Lino y Jesús Martí, y cuyas piezas serían ubicadas en las Torres de Serranos y el Colegio del Patriarca.

Sobre esta experiencia Renau publicaría el documentado texto L´organisation de la Défense du Patrimoine Artistique et Historique Espagnol pendant la Guerre Ciivile (1937) en la Revue Museion, órgano del Office International des Musées. Un texto, por cierto, que serviría de orientación para proteger el patrimonio de diversos países en la guerra europea de 1939-45. Sobre el balance de esa gestión valdría la pena recordar algunos testimonios de la época.

Pérez Rubio, presidente de la Junta Central del Tesoro Artístico diría en 1937: «Algún día se conocerá la labor realizada por las Juntas de Protección y Salvamento del Tesoro Artístico, labor silenciosa, llena de sacrificios y de peligros. Se verá entonces que el Gobierno y los artistas, poetas, bibliotecarios, archiveros, críticos de arte y profesores, han estado a la altura de as circunstancias».

Juan de Contreras, Marqués de Lozoya y Director General de Bellas Artes del Gobierno de Franco diría en 1945: «el marxismo lo ha alterado todo, amontonando los objetos en almacenes inconmensurables y es tarea del Nuevo Estado el que cada cosa vuelva a su lugar. Afortunadamente, nada se ha perdido y las colecciones del Estado de encuentran hoy íntegras como antes de 1936».

Otra de las actuaciones destacables de Renau como Director General de Bellas Artes fue su intervención en el Pabellón de la República española en la Exposition Internationale des Arts et Techniques dans le Monde Moderne celebrada en París en 1937. A la labor de José Gaos y Max Aub, comisarios del pabellón, se sumó la de Renau tanto como artista realizando una serie de fotomontajes, como político gestionando la participación de destacados artistas españoles de la Escuela de París que realizaron obras emblemáticas para esa muestra como el mural exterior del Guernica de Picasso; el mural interior El Pagés català en revolució de Joan Miró; la escultura Montserrat de Julio González; la escultura El pueblo español tiene un camino que le conduce a una estrella de Alberto Sánchez y la Fuente de Almadén de Alexander Calder.

Otras actuaciones notables fueron el nombramiento de Pablo Picasso como director del Museo el Prado y el de Rafael Alberti como director del Museo Romántico, así como propiciar la edición de publicaciones como Los dibujantes en la Guerra de España; el Álbum de Homenaje al General Miaja, Los desastres de la guerra de Francisco Goya y la colección «El arte del momento» de dibujantes como Bagaria, Pul, Bluff, Rivero Gil, Gimsay, etc. así como el apoyo a diversas exposiciones del patrimonio y de las bellas artes de la época.

Sorprende que tras este balance de la actuación de Renau el profesor Guillermo Carnero cuestione en el artículo sobre Juan Gi Albert (Posdata, 20-01-2018, págs. 2 y 3), ochenta años después, tanto la importancia de la defensa del tesoro artístico, como la defensa de las libertades creativas de ese periodo.

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