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Galardón

Un trastorno del orden

"Los errantes", el mundo fragmentario y transfronterizo de la polaca Olga Tokarczuk, premio Nobel de Literatura de 2018

Un trastorno del orden

Olga Tokarczuk nació en 1962 en un municipio de unos 20.000 habitantes en el oeste de Polonia. Graduada en Psicología por la Universidad de Varsovia, trabajó durante años en una clínica de salud mental al sudeste del país y vivió en un pequeño pueblo en el valle de Klodzho, lugar en el que ambientó sus primeros libros. Luego viajó por todo el mundo y realizó diversos trabajos ocasionales. En cuanto juntaba algo de dinero, se ponía otra vez en camino. Trabajaba como limpiadora en Londres cuando la publicación de Un lugar llamado antaño empieza a tener cierta resonancia. La llamada telefónica desde Estocolmo para anunciarle que le habían concedido el Nobel le pilló conduciendo por una autopista alemana. Se paró en el arcén, un poco aturdida. Sin palabras. Sintiendo como un vacío. Pensó en otra escritora polaca, Wislawa Szymborska, Premio Nobel en 1996, y en su nombre asociado al suyo. Hace tiempo ya que Olga Tokarczuk es una de las escritoras de referencia para la juventud polaca, por su literatura y por su compromiso con el feminismo y el medio ambiente. Comenta su traductora al español que si subes a un tranvía en Varsovia y ves a un chico o a una chica leyendo concentrados un libro, seguro que es de ella. Con todo, recibir el Nobel 2018 con un año de retraso y tener por delante el rescate mediático del posicionamiento personal de Peter Handke en la guerra de los Balcanes ha convertido a Olga Tokarczuk en una especie de finalista. Nada más injusto para ambos, que tanto tienen en común, alrededor de un Nobel que llega con un año de retraso a la sombra de otro que se juzga políticamente sin apenas abrir sus libros.

Los errantes, edición original de 2007, que obtuvo en su traducción al inglés el Booker en 2018, novela construida una vez más con «formas cortas» que acaban formando un todo, es una buena muestra de que no le interesan a Olga Tokarczuk los acontecimientos repetibles. Sí aquello que por una u otra razón se ha quedado a medio camino en su desarrollo o que, por el contrario, ha excedido los límites de lo previsto. Todo lo que se aparte de la norma, formas que descuiden la simetría, porque tiene la convicción de que es precisamente ahí donde el verdadero ser sale a la superficie y revela su naturaleza. Son precisamente los errores y los accidentes de la creación lo que busca en sus viajes. Mantenerse a un lado, porque el mundo se ve tan solo en fragmentos y no habrá otro. Instantes, migajas, configuraciones momentáneas que apenas formadas se desintegran en pedazos.

Olga Tokarczuk se considera discípula de Carl Jung al retomar el concepto del «inconsciente colectivo» como una especie de patria común y desconocida en la que los mitos, cuentos y leyendas antiguas funcionan como arquetipos de la expresión instintiva de la especie humana. La escritora polaca integra en esa patria común a los textos que pueda generar la fantasía contemporánea, pues pertenecen a la estructura heredada de nuestra psicología y son órganos de percepción psíquica cruciales para el desarrollo espiritual. Al igual que para Jung la sabiduría consiste en armonizar lo consciente y lo inconsciente, Tokarczuk compone sus libros desde un lenguaje híbrido que se alimenta de varias fuentes, combina mitos con hechos reales, baraja símbolos, ensaya alegorías religiosas y levanta con todo ello una polifonía precisa y clara.

La propia autora se refiere a Los errantes como novela constelación integrada por relatos sueltos, reales y ficticios, anotaciones cortas, entradas de un diario de viaje, apuntes hechos en servilletas de cafeterías de aeropuerto y citas de libros. Estar siempre en movimiento, cortar lazos de pertenencia y transitar lo fronterizo son las señas de identidad de sus personajes. Pero el sentido profundo de ese peregrinaje no es solo individual. Además de deconstruir una identidad que gravite sobre las raíces, el origen y el territorio, tiene un alcance metafísico, porque la única existencia posible digna de ese nombre, según la autora, es la de nómada: «Por algún lugar entre Bélgica y Holanda, no sé exactamente en qué país estoy, pues la frontera se ha difuminado por falta de uso, se ha borrado por completo». Descubrir a Olga Tokarczuk en estos tiempos que corren es un buen antídoto contra tanta deriva nacionalista de uno y otro lado.

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