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Quemando contenedores

El dramaturgo y gestor cultural sostiene que el sector se juega el futuro en los próximos meses, porque lo fácil eran las ayudas públicas para paliar la catástrofe, y propone un cambio de estrategia en las artes escénicas para pensar planes a largo plazo.

Quemando contenedores

Quemando contenedores

Tengo una sensación de vacío entre costilla y pensamiento..., un vacío justo en este momento en el que deberíamos estar hablando de cómo queremos que sea 2021 y tenerlo preparado para colocarlo sobre el tapete y sustituir el maldito 20, el inicio de esos felices años 20….

Creo que es momento de salir a quemar contenedores. Y no lo digo por decir. Y sí, puede que lo diga metafóricamente, pero después de estos días de Consejos y cancelaciones de reuniones por las fiestas puede ser que no. Toda crisis es un cambio de plano, no paro de repetir. Y no, la pandemia no ha puesto en crisis al ecosistema escénico. No. El ecosistema estaba ya en crisis desde casi siempre. Y cuando escucho en Consejos y en foros que lo peor ha pasado, que tenemos más recursos, que seguimos adelante, que retomaremos los circuitos y demás milongas de la misma manera…, me entra una sensación de vacío que se va convirtiendo en una especie de furia, poco a poco, y ardo en deseos de salir a tomar las calles. Sí, esta crisis es diferente y tanto el Ministerio de Cultura e Inaem, como la Conselleria de Cultura y Ayuntamiento de València han canalizado recursos extraordinarios que caerán sobre embalses secos llenándolos con agua, pero también creando, sin querer, la sed a la vez. Y la sed estará siempre presente.

Ha hecho falta un plan de choque desde Inaem con unas ayudas extraordinarias y las que seguirán en 2021 con esos más de 40 millones de los fondos europeos domados por la potente directora general, y desde la Generalitat con estímulos como el Reactivem y ayudas con mucho más presupuesto potenciados por la incansable secretaria de Cultura, y en València por la incombustible regidora de cultura... Digo, que ha hecho falta para saciar la sed y no colapsar un ecosistema entero… Hasta aquí mis halagos a las mujeres que nos han comandado en esta nueva crisis aguda y nos han mantenido a salvo. Potentes, incansables e incombustibles un poco como Ícaro, ahora hay que tener cuidado de no quemarse y saber salir de la situación con planes nuevos.

Porque ahora viene lo difícil. Lo fácil ha sido que Inaem, Generalitat y Ayuntamiento nos hayan hecho trasvases con muchos más recursos y, acostumbrados a no tener casi nada y regar por inundación, han sido absorbidos rápidamente… hasta las próximas lluvias…

Creo que ahora toca ser revolucionario y la propia administración salir a quemar contenedores. ¿Cómo desde lo público se es revolucionario y se quema lo propio? Siendo arriesgado, decidido, vislumbrando un futuro diferente a esa vieja normalidad en la que nos quieren dejar los poderes fácticos y las propias inercias del sector; vislumbrarlo y encaminarse hacia él con tesón. Y eso da miedo, sí, miedo. Ahora que parece que hayan pasado los huracanes y que solo queden algunas borrascas o por lo menos tengamos claro las reglas del nuevo juego, todo el mundo tiene claro que con el reparto del dinero que nos viene como maná y poniendo en pie lo que se había caído seguiremos adelante. Las crisis deben hacernos ver «a ostias» que la normalidad no funcionaba, que la precariedad era galopante, que los circuitos no funcionaban, que las grandes infraestructuras al igual que los centros urbanitas se lo fagocitaban todo…

Hace poco decía que en qué lugar queremos estar. Y no paro de reflexionar sobre esa idea, incómodo, viendo como no nos gusta salir del confort, que queremos volver a ese lugar cómodo y desaprovechar esa oportunidad de cambio, que nos lleve a entender la cultura como una necesidad no como un negocio, la cultura como un bien que cambia y construye seres y sociedades, no que crea sectores económicos en que los que más tienen, como siempre quieren estar arriba.

En 2021 seguiremos adelante y protegidos. Por lo que voy viendo y escuchando es muy posible. Puede ser que nadie caiga o que nos tambaleemos lo justo a no ser que se tuerza y las reglas del juego cambien, que nos mantengamos como niños nuevos y recién peinados; «Bienvenido, Mr Marshall» está aquí y nos salvará como parece que nos hayan salvado las administraciones en este largo viaje de 2020. Pero lo grave es que todo parece indicar que no se quiera variar ni modificar nada sustancial, replantear o abordar desde otros lugares… pero qué pasará en los años en los que Europa quizás se esconda meta la cabeza en el agujero, como otras tantas veces, y vengan derivas políticas, y tengamos que recogernos de huracanes mayores. El alcalde de Bellreguard dice que él podría reconstruir y reconstruir su paseo marítimo destrozado por la tormenta Gloria en 2020 cuantas veces le dejara el presupuesto pero que el mar seguiría echándolo abajo, y él propone que por qué no se construyen sistemas de dunas como estaban antes y dar al mar y a la playa lo que es suyo y no malgastar dinero de todos… ¿Por qué no cambiamos de estrategias en las artes escénicas y pensamos en regeneraciones y planes a largo plazo? ¿Por qué no abandonamos los valores objetivos que tanto demandan los fuertes y examinamos primero qué función quieren tener las artes en la construcción de los pueblos, de los ciudadanos y desde ahí empezamos a construir….?

¿Por qué no quemamos unos contenedores (ecológicos, claro) y nos vemos en las calles para darnos ostias y entendernos y luego construimos de nuevo los cimientos?

Ah, sí, lo mejor para 2021, no se atraganten con tanta cultura… La cultura es segura, de siempre, y debe es o deber ser revolucionaria, en todos los sentidos.

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