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CRÓNICAS DE LA INCULTURA

La rueda de la fortuna

La rueda de
la fortuna

La rueda de la fortuna

Cicerón (De fato) pensaba que la fortuna no es algo imprevisible, ya que responde siempre a una causa. Pero la decadencia de Roma introdujo una visión fatalista, la de la rueda de la fortuna, una imagen que remonta a Boecio (De consolatione Philosophiae) cuando la diosa dice: «Movemos una rueda de giro caprichoso, disfrutamos poniendo lo de abajo arriba y lo de arriba abajo. Sube si te agrada, pero con esta condición: no creas que cuando la lógica de mi juego te pida descender, se está cometiendo una injusticia. ¿Acaso ignorabas mis costumbres?». Los altibajos que está experimentando la evolución de la pandemia en el mundo parecen guiados por la diosa Fortuna y su rueda. Ayer éramos el peor país del mundo, hoy andamos a la mitad del recorrido. Ayer, Chequia, Australia o Bélgica eran ejemplo de buen hacer: hoy nadie se atreve a viajar a estos países. Lo mismo se puede decir de las comunidades autónomas: ¿qué se hizo del paraíso asturiano o de las Baleares? Y es que en cuanto aflojas la vigilancia, la rueda te vuelve a hundir en el abismo.

Estos son los hechos. Sin embargo, la actitud de la gente no es igual en todas partes. Es interesante observar las prevenciones que cada país occidental adopta en relación con la pandemia de cara a la Navidad. El esperpéntico confinamiento español de la primavera, que primaba los perros sobre los niños, se suspendió apresuradamente al llegar el verano, es decir, la estación del ocio. Ahora vuelve a suceder lo mismo con las Navidades. Mientras Angela Merkel y todos los presidentes de los Länder acuerdan un nuevo confinamiento parcial porque en la última semana han alcanzado los 168 casos por cada 100.000 habitantes, aquí abrimos la mano, aunque llevan la mitad de muertos que nosotros y nos doblan en número de habitantes. El ministro de Sanidad habla del «principio del fin» con cara de amargado, en absoluto triunfalista: seguramente sabe lo que se dice y es una forma de humor negro con tintes escatológicos. Está cantado que, con las timoratas medidas actuales, en España tendremos una enorme tercera ola de rebrotes hacia finales de enero.

Sospecho que nuestra particular rueda de la fortuna se rige por una variable causal que nos afecta mucho más que a otros: la fiesta. Todos los países coinciden en lamentar que las fiestas navideñas no vayan a ser como siempre, pero no todas las sociedades actúan igual y en ello se advierte un profundo trasfondo cultural. Se ve que en España hay líneas rojas que no se pueden tocar y la nuestra consiste en que las fiestas son sagradas. La pregunta del millón es: ¿por qué son tan sagradas cuando hay otras cuestiones de mucha mayor importancia en las que la ciudadanía se deja meter goles por el gobierno de turno sin inmutarse? Fíjense en la etimología de nuestra palabra negocio / negoci, la cual, como la italiana negozio o la portuguesa negócio, viene de NEC OTIUM. o sea de «no ocio». Basta echar un vistazo en derredor para darse cuenta de que en las demás lenguas occidentales el negocio se concibe como una actividad y una ocupación positiva: inglés business (de busy, «atareado»), alemán Geschäft (de schaffen, «fundar»), francés affaire (de faire, «hacer»). La lengua siempre nos delata: si en los países del sur de Europa vemos el trabajo como una esclavitud inevitable que nos impide practicar el ocio, no se sorprendan de que todo lo que atente contra el OTIUM nos resulte intolerable. Esto no significa que seamos unos vagos, como quiere el tópico: he vivido personalmente el ambiente de los inmigrantes españoles en Alemania a finales de los sesenta y puedo dar fe de que trabajaban más que nadie; pero, eso sí, su sueño era ahorrar lo suficiente para volver a su pueblo y poner … ¡un bar! Mientras la diosa Fortuna esté aliada con Dionisos, el dios de la marcha, lo nuestro no tiene remedio. Así que no brinden alegremente por 2021: podría ser mucho peor que el nefasto 2020.

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