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Afanes literarios y un rincón para la crítica

Todavía no es fácil de explicar por qué muchos desean triunfar como autores literarios de ficción, ensayistas o comentaristas políticos teniendo otras profesiónes que desempeñan con cierta habilidad.

Afanes literarios y un rincón para la crítica

Afanes literarios y un rincón para la crítica

Hay una gran inflación de novelas que intentan salir a la luz en pequeñas editoriales o mediante la autoedición. No tengo un cálculo exacto de cuántas se publican en un año porque no existen estadísticas que nos lo diga. Solo acudiendo a las Web de las editoriales podemos hacernos una idea, y desde esa perspectiva establezco una cifra aproximada de unos 400 libros de ficción que han podido editarse en el 2020, además de las remitidas a las editoriales que no obtienen respuestas positivas. Abarca tanto las traducciones de autores conocidos de otras lenguas, los ya reconocidos en el mercado español por su trayectoria o por los premios literarios de renombre alcanzados, las apuestas en posibles nuevos talentos y aquellos que insisten en dar a conocer sus relatos de ficción por pequeñas editoriales o por autoedición. Una gran parte pasan desapercibidas y las editoriales calcularán la cuenta de resultado. Entre todas ellas seguramente habrá una, o varias, con gran valor literario, pero en ese gran volumen resulta difícil que la crítica pueda alcanzar a distinguirlas. ¿Cuántos originales han recibido, por ejemplo, Planeta o Tusquets en el año? ¿Y cuántas de ellas se han publicado?

Puede existir, como ha ocurrido en otras ocasiones, que alguien con cierta capacidad de influencia crítica recabe en alguna, o que se divulgue por el boca a boca para que la obra salga del anonimato. Al final, es una cuestión aleatoria y una mayoría de los que lo intentan después de la primera publicación abandona el proyecto. Pero no solo ocurre con la novela, pasa también, aunque en menor medida, con la Historia, la Sociología, la Economía o el Ensayo. Hace unas décadas era posible que se editara una investigación de un tema o periodo histórico por una gran editorial, hoy día se hace con cuentagotas y en la perspectiva casi exclusiva de su posible impacto de ventas. Es complicado publicar en estos tiempos una biografía como la que construyó John Eliot sobre el Conde-Duque de Olivares o el estudio de Alejandro Nieto sobre Mendizábal, el ministro que llevó a cabo la desamortización del siglo XIX. La poesía tiene menores costos de edición, y su lectura es más restringida, a no ser que le den el premio Nobel como a la estadounidense Louise Glück en 2020. Pero la editorial valenciana, Pre-Textos, que sacó en castellano siete libros de los doce publicados en inglés desde hace más de catorce años, se ha quedado sin sus derechos ante el potencial de la Agencia Andrew Wylie, una multinacional de la edición, y se los ha ofrecido a Visor, especializada en la publicación de poesía, sin que se hayan oídos críticas contundentes desde la Sociedad de Autores o de las Administraciones, aunque Ximo Puig se solidarizó con Pre-Textos.

En el ensayo o la crítica política o literaria muchos acuden a los Blogs en Internet y cada día se publican nuevos, que duran una temporada y después se diluyen y solo unos pocos permanecen por la constancia y originalidad de sus autores. En algunos casos se crean plataformas en las redes sociales para ampliar contenidos que se han abordados en las radios o la prensa. Y es difícil discriminar en esa marabunta los que merecen la pena consultar porque seguramente haya varios de interés, pero el tiempo disponible impide recabar en todos. Aún así, puede señalarse el blog que publica Abel Ros, con el nombre de «El rincón de la Crítica», que se distribuye también en Facebook. La Asociación Fernando de los Ríos, el propulsor del socialismo humanista en los años 20- 30, y la librería Codex han editado Desde la crítica (2019) sobre distintas reflexiones realizadas por Ros, en el marco de un periodismo de opinión divulgado en Internet y las redes sociales, con análisis políticos, partiendo de la obra de Max Weber, sociológicos, filosóficos y literarios. Como señala José Luis Villacañas en el prólogo «no cabe esperar que el publicista político llegue a ser tenido en cuenta desde la dirección política, salvo en contadísimas excepciones» pero aún así vale la pena considerar sus opiniones, escritas con un lenguaje claro, sin recovecos, producto tal vez de su actividad como profesor de adolescentes. En su recuerdo por la obra poética de Miguel Hernández me ha transportado a Orihuela, su ciudad natal, que tanto me describió y ponderó mi amigo Antonio Escudero, catedrático de Historia Economía de la Universidad de Alicante y nacido allí, ese lugar de ambiente conservador, como señala Ros, «de curas y monaguillos». Es allí donde vivió el «sabio» Caralampio (Ruiz Martínez) que escribía en el escaparate de su barbería un proverbio cada domingo y fueron recogidos por sus seguidores oriolanos en «980 de sus frases de mundología» («Hoy he cumplido 83 años. Digo Yo: He visto pasar el aire y el tiempo, no me queda más que el recuerdo de lo poco que fui», decía una de ellas) Por eso, con cierta melancolía Ros siente vergüenza por querer ser libre y no poder al vivir en un país, España, acomplejado por la losa del pasado.

Resultan de interés sus opiniones cuando nacía Podemos, bajo la iniciativa principal de Pablo Iglesias, hoy vicepresidente del Gobierno de España, en las continuas alusiones a la patria como elemento de cohesión social para articular una nueva mayoría que, como señalan teóricos del populismo -Ernesto Laclau dixit-, converjan personas marginadas del sistema social vigente procedentes de tendencias ideológicas diferentes, al igual que hizo Hitler «sin que Podemos sea el preámbulo de un nuevo totalitarismo» (pg. 60). Los temas abordados son variados y se adecuan a la realidad temporal vivida por el autor en la última década del siglo XXI y aborda sin tapujos, y con criterio, lo que piensa. No es Ros, como él mismo declara, un hombre de partido porque no acepta la política de los aparatos, pero claro, es difícil, como ya señalara Weber, que sin «aparato» pueda constituirse una organización política. Como decía el que fuera diputado socialista murciano, Jorge Novella, allá por los años 80: «aparto es libertad».

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