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EL CAMINANTE

Nostalgia

Nostalgia | ILUSTRACIÓN: T. GORRIA

Nostalgia | ILUSTRACIÓN: T. GORRIA

Un Karajan octogenario dirige con su habitual contención en el gesto la Filarmónica de Viena y los Wiener Singverein, con José van Dam y una espléndida Kathleen Battle como solistas. La obra es Un réquiem alemán de Brahms, y el lugar es la Gran Sala de la mítica Musikverein de Viena, en la que brillan las cariátides y los múltiples dorados de una decoración que ha popularizado hasta el exceso la retransmisión del Concierto de Año Nuevo. Los cantantes, la orquesta, el público, todos están apiñados. Es una grabación de 1985, que emite por televisión el canal Mezzo, y la sensación visual es de que no cabe un alfiler. Más allá del interés de la espléndida versión y de la alta calidad del sonido, me atrapa la alegría de la sala llena, y pienso en los auditorios repletos de público, especialmente cuando además hay unos numerosos coro y orquesta. Siento nostalgia de una imagen que ya hace casi un año que no vemos y que aún no sabemos cuándo podrá volver.

Poco después veo en directo, a través del Digital Concert Hall, un concierto de la Filarmónica de Berlín que dirige Daniele Gatti. Apollon Musagète de Stravinski y una intensa, profunda y fogosa Quinta sinfonía de Shostakóvich. La imagen en alta definición es óptima y el sonido, inmejorable. No obstante, cuando vemos a Gatti de frente o en determinados planos de la orquesta, se ve el patio de butacas de la Philharmonie de Berlín completamente vacío. Y la sensación de extraña frialdad se agudiza cuando, en un plano general, el director saluda, tras acabar una gran interpretación, a una sala completamente desierta.

Junto a los efectos devastadores de la pandemia sobre la población están los que está teniendo en sectores como la hostelería o el espectáculo, que quizás nunca recuperen los hábitos de hace solo un año. Muchos teatros de ópera del mundo han suspendido sus temporadas. Algunos festivales, como el mítico de Bayreuth, no han anunciado programa para el próximo verano y puede que ya no lo hagan. En València unos contagios de Covid hicieron suspender las representaciones de Falstaff en el Palau de les Arts. Y la programación del Palau de la Música, tras el hundimiento, practica un nomadismo por diversas salas de la ciudad que favorece poco la asistencia del público. No es sorprendente que sus abonos hayan caído un 60%.

Siempre he vivido con la mirada puesta en el futuro. No sé si es la pandemia, y las horas de reclusión a que obliga, lo que me hace ahora recordar con nostalgia el pasado. Echo de menos las salas de concierto llenas, pero también los restaurantes, los bares, los actos públicos. Pienso mucho más que antes en mis años de juventud y leo con interés La rama verde, último libro del poeta Eloy Sánchez Rosillo, con quien tuve la fortuna de compartir tiempos de universidad. La suya es una poesía de elaborada sencillez, de líneas claras, como la pintura de Ramón Gaya o la música de Bach. Sus poemas están llenos con frecuencia de una nostalgia que enlaza con la que siento y de serena tristeza: «Caminas cabizbajo junto al mar, / que va y viene con mucha mansedumbre, / ajeno a tus extrañas entelequias. / Has llegado a tu casa. / Por el balcón empieza a entrar la noche. / Y tú, en tu cuarto, ya eres sólo sombra». El libro está escrito antes de que la Covid cambiara por completo la vida del mundo, pero es muy buena lectura para estos tiempos de extraña soledad, de tristeza y de nostalgia.

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