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Complicidades

Los viejos y el deseo

Un poeta escribió que los celos duran más que el amor, y podría haberlo dicho también del deseo, esa energía difícil de entender y de explicar, y que nos constituye. El deseo, el desear, la voluntad, como queramos denominar el fenómeno, tal vez representa la esencia del ser mismo. ¿Qué somos?: una forma ambulante del deseo. ¿Quiénes somos?: los sustentadores de un deseo particular en los límites de nuestro cuerpo y nuestra vida. No sólo somos eso, pero puede que todo lo demás que seamos parta del acto de desear de forma indiscriminada. Otro cuerpo, el amor, el conocimiento, el reconocimiento, el dinero, la gloria. El deseo se viste con los ropajes de otras mil pasiones, pero no deja de ser nunca una pasión única: el deseo.

El erotismo, el deseo sexual, parecen destinados a casi cualquier generación, salvo a los viejos. El creciente infantilismo que tiñe nuestro mundo aspira a apartar de nuestros ojos todo lo que tenga que ver con la gravedad: la decrepitud, el dolor, la muerte. A los viejos se les consiente tan sólo el acto de ser protagonistas de su declive. Que no molesten, que no hagan ruido, que no ocupen ámbitos de la voluntad para los que ya no están llamados. Que no deseen, a ser posible.

Por fortuna, la mejor poesía contraviene siempre las prescripciones, las normas, los lugares comunes de los bien pensantes. Pere Rovira ha escrito un libro magnífico sobre el amor en la vejez, sobre el sexo, sobre los placeres, sobre ponerse el mundo por montera con respecto a lo que crean los demás que debemos y no debemos hacer cuando somos viejos. Se titula El joc de Venus (proa, 2021), un poemario con mucho juego serio y con mucha inspiración de la diosa del amor. I quan l´amor i tu rieu amb mi,/el llit fa olor de mar i gessamí.

Se trata de un ejercicio de libertad absoluta en todos los ámbitos en que trabaja el creador. Desde un punto de vista formal, es un conjunto de cuarenta y cinco sonetos, a veces italianos, a veces shakespeareanos, a veces caprichosos, con la naturalidad, la gracia y la fluidez que sólo se puede permitir un maestro del soneto. Hacen falta mucho poder verbal y mucha seguridad estética para atreverse con esta estrofa clásica, que muchos consideran vetusta (sobre todo quienes no saben escribir grandes sonetos).

Pero, sobre todo, creo este último libro de Pere Rovira (en mi opinión el poeta vivo más importante de la literatura catalana) es también un ejercicio de libertad civil, contra los aburridos, contra los estreñidos, contra los cejijuntos. Un libro escrito para los partidarios de la felicidad.

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