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¿Quién teme a Melchor Marín?

Cercas tiene personaje para rato. El mosso d’esquadra parece llamado a ocupar un lugar de relieve entre los amantes de un género, «Independencia» es una novela intensa y sugestiva, da para «el negro» y mucho más.

Javier Cercas.  pd

Javier Cercas. pd

Con dos años de rocambolesca existencia y en tan solo dos novelas: Terra Alta (Premio Planeta 2019) e Independencia (marzo de 2021) Melchor Marín, un mosso d’esquadra (pronúnciese mossu) charnego, huérfano de padre e hijo de prostituta asesinada en el extrarradio barcelonés, se nos revela como un personaje no solo carismático y complejo, brutal y tierno a la vez, sino preparado para destacar en la peculiar galería de protagonistas de la novela más negra y criminal.

Javier Cercas (Ibahernando, Cáceres, 1962), maestro de narradores, extremeño de origen y catalán de adopción, es un experto rastreador de la memoria (Soldados de Salamina, Anatomía de un instante), un investigador nato de las humanas flaquezas y sus circunstancias (El caso Marco, Las leyes de la frontera) que nos ofrece en su Independencia, la segunda parte de las andanzas de este peculiar mossu que es Melchor Marín. Y, parece evidente que le quedaban cosas por decir sobre él. Ahora bien, ¿contiene esta segunda entrega todo lo que quería decir sobre el personaje o, será la segunda puerta que conduce a otras tantas entregas?

Melchor Marín es un ciclón a la par que un conspicuo observador. Habla poco, pregunta mucho y actúa con rapidez y aplomo. Demasiado para una vida tan corta. Y además no está solo. Hay una abundante galería de tipos, con la que empatizamos, que le acompañan. Unos entrañables como el abogado Vivales, examigo de su madre y para él, algo más; como el Francés, al que conoció de bibliotecario en la prisión Modelo de Barcelona y que le hizo leer Los Miserables, novela que le llevó a meterse a policía para perseguir a los asesinos de su madre; como Rosa Adell, a la que le unen invisibles lazos sentimentales… No menos simpatía despiertan el inspector Blai y el sargento Vázquez, sus superiores en el cuerpo, así como otros secundarios que nos entretienen e intrigan.

Nos inquietan y mucho personajes del calibre económico y social de los Daniel Casas (Teniente de alcalde), Enric Vidal (concejal) y Rosell (portavoz del PP), hijos de la más poderosa burguesía catalana que usan y abusan de la política en función de sus intereses con marchamo de impunidad en caso de cometer torpezas, algo frecuente como se irá viendo y la práctica política habitual, demuestran. En ese mismo tono se nos presenta la apabullante trayectoria de la alcaldesa de Barcelona en esta ficción, mujer empoderada a quién se intenta chantajear por medio de un video de contenido sexual que, un personaje clave asegura que lo que muestra, «no es la violación de una mujer por tres hombres sino la violación de tres hombres por una mujer…».

Javier Cercas/Melchor Marín o viceversa, transitan por las aguas turbulentas de la política catalana y sus corruptelas económicas y sociales sin necesidad de ser originales en planteamientos y metodologías. Los sucesos son abruptos, crueles; las ansiedades abrumadoras, las estafas y violencias extremadamente inmorales pero son las habituales y pensamos, al leerlas, haberlas visto anteriormente… Melchor es, no obstante, un policía peculiar, capaz (como fue) de enfrentarse a cuatro terroristas islámicos y abatirlos de una vez («el héroe de Cambrils») y de abordar, sin torcer el gesto cuando toca, el ceñirse a una investigación rutinaria por chantaje. Sin dejar de obedecer órdenes, toma iniciativas (jugando con los límites de la legalidad) para buscar y conseguir la máxima eficacia en su trabajo.

De insistir, Cercas, tiene Melchor Marín para rato. El personaje parece llamado a ocupar un lugar de relieve entre los amantes de un género. Independencia es una novela intensa y sugestiva, da para «el negro» y mucho más… Es posible tomar el título como metáfora de la Barcelona soñada por una poderosa minoría pija de retoños de la más poderosa colla de ricos convergentes que hicieron y hacen del nacionalismo y sus derivas un modus vivendi; un próspero negocio para sus pares. Minoría excluyente y explotadora de la mayoría (incluidas capas medias) pobre o empobrecida, de las «clases subalternas» como las llamó Raimon, temerosas de conturbar a quienes detentan la soberanía política y social. «Cataluña siempre ha estado en manos de un puñado de familias… mandaban antes del franquismo, mandaron durante el franquismo, mandan después del franquismo y mandarán cuando tu y yo estemos muertos…», leemos en la página 58.

En ese río de palabras titulado Independencia, navegamos engullidos por la forma que, por momentos, se impone al fondo y nos arrastra con toda la potencia de su juego imágenes al recrear tramas negras con toques de inhumanidad que nos importan.

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