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"La censura se inventó para Berlanga y Bardem"

Miguel Ángel Villena firma la biografía canónica «Berlanga» (Tusquets), que obtuvo el Premio Comillas, un género, el biográfico, que el escritor y periodista afirma que debe incluir buenas dosis de reporterismo.

Miguel Ángel Villena en la 
exposición de Berlanga 
en el MuVIM. m.á.montesinos

Miguel Ángel Villena en la exposición de Berlanga en el MuVIM. m.á.montesinos

Dos años trabajando el universo berlanguiano ha dado la biografía más completa sobre el cineasta. Miguel Ángel Villena (València, 1956) afirma que para entender la segunda mitad del siglo XX en España hay que ver el cine de Berlanga. Es la cuarta biografía del periodista y colaborador de Levante-EMV después de Ana Belén, Victoria Kent y Azaña. «Siempre me gustó la biografía como género», se justifica, al tiempo que sostiene que el género biográfico es «casi la prolongación del trabajo del periodista».

Un compañero de redacción me dice que no entiende porque tanta cancha a un «cineasta facha».

¿Facha?, para nada. Berlanga fue liberal y criticó a todos. Tu colega está mal informado, o no ha visto bien el cine de Berlanga. Fue muy crítico con todo el poder, el político, el económico y el religioso.

¿Algunas de sus películas pueden considerarse obras maestras?

De las diecisiete películas que dirigió, hay dos o tres fallidas, pero hay media docena de obras maestras, que arrancan con Plácido y El verdugo, siguen con La vaquilla, La escopeta nacional y Todos a la cárcel. Buena parte del cine que hizo Berlanga fue bajo una dictadura y tuvo muchos problemas con la censura. De hecho había críticos de cine en los sesenta que decían que la censura cinematográfica se había inventado para Berlanga y Bardem.

¿Sin censura hubiera hecho más películas?

Posiblemente, pero diecisiete largometrajes, una serie de televisión y tres cortometrajes en cincuenta años de carrera tampoco es mala media de productividad.

Tarantino ha dirigido solo nueve.

Hay grandes directores que hacen una película cada cuatro o cinco años. Berlanga escribió solo o en colaboración con otros, especialmente con Azcona, una cincuentena de guiones que nunca se llevaron a la pantalla. No solo por la censura, también por razones industriales.

¿Qué influyo más en la ruptura entre Berlanga y Bardem, el ego o la ideología?

Las dos cosas. Los egos de gente joven que empezaba a destacar, y que Bardem era un comunista ortodoxo, mientras Berlanga un liberal descreído. Por eso tuvieron distintas miradas, la de Bardem era dramática y la de Berlanga era en clave de comedia.

¿Cómo acabó en la División Azul?

La figura de su madre y la de su tío Luis Martí Alegre pesa más que la de su padre. Berlanga es el menor de cuatro hermanos, su padre está en la cárcel condenado a muerte porque ha sido diputado republicano, y su madre, como me ha confirmado gente de la familia, le pide al hijo pequeño que está en edad militar que vaya a la División Azul porque eso ayudará a conmutar la pena a su padre. Ahora bien, también va porque intenta impresionar a una ‘novieta’ que se llamaba Rosario Mendoza y está rodeado de amigos falangistas que le invitan a la aventura.

Cuenta que muchas de sus escenas son autobiográficas y como su boda se asemeja mucho a la de «El verdugo».

Habré entrevistado a una treintena de personas, de la familia Berlanga, que trabajaron con él o que eran amigos fuera del mundo del cine. Además de consultar unos setenta libros, he vuelto a ver todas su películas. Es una biografía reportajeada.

En su discurso de Doctor Honoris Causa en la Politècnica Berlanga hace una reivindicación de la mediterraneidad, Sorolla y Blasco Ibañez.

Tanto en ese discurso, como en los últimos años, queda claro que Berlanga fue profeta en su tierra. Se marchó a Madrid con 25 años pero nunca perdió la vinculación con València. Berlanga es de los pocos intelectuales o artistas que han sido profetas en su tierra. Este centenario está demostrando que Berlanga es junto con Sorolla, Blasco Ibáñez y Benlliure una de las grandes figuras de la cultura valenciana.

¿Qué le llevó a Berlanga?

Mis abuelos maternos eran de Utiel, donde he pasado todos los veranos de mi infancia y mi juventud, y una de las calles principales lleva el nombre de su abuelo Fidel, que fue alcalde y presidente de la Diputación de València. Mis padres eran muy aficionados al cine y cuando era niño todavía existía Postres Martí, la pastelería de la familia materna de Berlanga. Siempre me encantó su cine y me intrigaba saber cuales eran las claves de un genio como él.

¿Cuáles son?

Era un gran observador y una gran esponja que absorbía todo lo que le contaban y leía para traducirlo en una película.

El fotograma final de su último film. «París-Tombuctú» es una pintada en un toro de Osborne: «Tengo miedo. L.».

Cuando dirige París-Tombuctú tiene 78 años y anuncia que es su última película. Es un compendio de todo su cine. Una película muy divertida pero en clave triste, porque Berlanga, que era una persona bastante miedos, ve acercarse la muerte.

¿Hipocondríaco?.

Hipocondríaco, supersticioso, huidizo del dolor. En los últimos años se rompió la cadera y perdió en parte la memoria. París-Tombuctú es un gran traca, donde vuelve a rodar en Peníscola 43 años después de Calabuch.

¿Película preferida?

El verdugo.

¿La peor?

La boutique.

¿Por qué películas deben empezar los jóvenes que no han visto ninguna?

Recomendaría tres. Todos a la cárcel, porque es la más actual. La escopeta nacional, porque es un espléndido retrato de lo que fue el final del franquismo, y La vaquilla porque es una magnífica comedia sobre un tema muy serio como es la Guerra Civil. Además de hacer pensar y aprender, se lo van a pasar muy bien porque son tres excelentes comedias.

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