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El Colegio de Minería, la obra cumbre del valenciano Manuel Tolsá, portada de la revista ‘Annali di Architettura’

Una fotografía de la escalera del Colegio de Minería, realizada por Joaquín Bérchez y expuesta en el Centro Cultural La Nau (’De ahir a avui, 250 anys de la Reial Acadèmia de Belles Arts de Sant Carles’, 2018), ilustra la portada de la prestigiosa revista del Centro Internacional de Estudios de Arquitectura Andrea Palladio de Vicenza.

‘Annali di Architettura’

El último número de Annali di Architettura, una de las revistas de arquitectura más prestigiosas del mundo, editada por el Centro Internazionale Studi Architettura Andrea Palladio, ilustra su última portada con una fotografía de Joaquín Bérchez. Especializada en la historia y cultura arquitectónica del Renacimiento, Annali di Architettura también reúne entre sus páginas contribuciones teóricas sobre la arquitectura de todos los tiempos: una amplitud de miras que se refleja asimismo en unas portadas que, desde 2003, llevan el sello de este valenciano de adopción, que ha presentado su trabajo como fotógrafo en instituciones como el Museo del Prado, el Queen Sofía Spanish Institute de Nueva York o la Academia de España en Roma.

En esta ocasión los honores de portada tocan a la escalera del Colegio de Minería de México. Como sucede con sus restantes portadas se establecen fructíferos diálogos con la arquitectura en general desde una fotografía elaborada -diríamos de cocción lenta- por quien es también su historiador. «Dialoga esta majestuosa escalera del Colegio de Minería tan espectacularmente clásica, con otras arquitecturas prestigiosas de diversas épocas históricas y lugares internacionales, con enfoques peculiares tanto de detalles como de conjunto que he publicado en otros números de la revista; entre ellas, la Barrière de La Vilette en París, de Claude-Nicolas Ledoux; la recuperación del Teatro Romano de Cartagena, que hace Rafael Moneo; la fachada de Juan de Villanueva del Museo del Prado; el atrio de Santa Maria Maggiore en Roma; la fachada de la catedral de Vigevano (Italia) proyectada por el español Juan Caramuel; el claustro de Juan III de Portugal en el monasterio de Tomar (Portugal), el detalle del interior de la iglesia del Gesú en Roma, o las sensuales columnas salomónicas de la iglesia de San Bartolomé en Benicarló (Castellón), entre otras».

La portada del número 32, correspondiente al año pasado pero publicada ahora, se recrea en la obra cumbre del escultor y arquitecto valenciano Manuel Tolsá (Enguera, Valencia, 1757 – Ciudad de México, 1816). Como máxima expresión de la arquitectura novohispana de la época moderna e ilustrada entra en fructífera conversación con la diversidad de contenidos de un número de la revista donde desfilan la villa Adriana o la columna Trajana, proyectos de Baldassarre Peruzzi o diseños de Vincenzo Scamozzi y Guarino Guarini.

Las circunstancias recientes y todavía presentes parecen añadir nuevos significados al particular paseo mental que Bérchez establece con esta piranesiana visión de la escalera del Colegio de Minería, como ya lo hizo hace cinco años en las páginas de Posdata / Levante-EMV (24/diciembre/2016) con motivo del 200 aniversario del fallecimiento de Tolsá en México. Rememorando el poderoso porvenir de su obra señaló cómo en 1886, con motivo de la fiesta que se organizó en honor del presidente de la república, Porfirio Díaz, el escritor y cronista de sociedad Manuel Gutiérrez Nájera comentó jocosamente que si los españoles habían decidido que la única industria posible en México era la minería, «nosotros hemos resuelto que Minería es el único edificio en el que se puede bailar, comer, repartir premios… Minería –concluía– está condenada por el cielo a ser como un hospicio sempiterno de todas las solemnidades que no tienen domicilio». A esa mudanza perpetua de contenidos a la que aludía Gutiérrez Nájera, nos comenta el propio Bérchez, cabría apuntar esta nueva «copertina» de Annali di Architettura. Los peldaños vertiginosos parecen alumbrados por una evanescente Eurídice que desciende al mundo de los muertos. Así tituló la fotografía en 2008. Natalia y Paola Villalobos, sobrinas del generoso y prolífico arquitecto mexicano Javier Villalobos Jaramillo, colaboraron en calidad de modelos excepcionales - unas figurantes que Juan Antonio Ramírez describió como «visitantes casuales… para darle escala y para poblar lo que fue hecho (y lo que es fotografiado) para vivir y para disfrutar».

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