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Complicidades

Un debut de maestra

Un debut de maestra

En cierta ocasión, hace ya muchos años, hablando de los primeros libros, de los debuts en cualquier género, Paco Brines me dijo algo que no he olvidado nunca: Todas la virginidades hay que perderlas bien.

Es decir, no hay que precipitarse, hay que escoger con inteligencia, conviene esperar hasta saber qué tenemos entre manos, lo que podemos ofrecer.

Los lectores de Lola Mascarell ya sabemos que sus tres libros de poemas (Mecánica del prodigio, Mientras la luz, y Un vaso de agua) la sitúan entre los mejores escritores de su generación. Su universo es de carácter hímnico, celebratorio, con vocación de claridad, y especial atención contemplativa hacia la naturaleza y el universo doméstico.

Si digo esto es porque creo que las claves de su obra poética nos pueden servir para entender mejor Nosotras ya no estaremos (Tusquets Editores, 2021), la primera novela de la autora. Esa misma intención de transparencia, de difícil sencillez expresiva, es la que rige su prosa. Esa misma actitud de análisis entusiasta del mundo familiar se convierte en uno de los principales intereses de esta narración.

Lola Mascarell sabe que la verdadera patria del hombre, como nos indicó un célebre poeta, es la infancia. De uno u otro modo, todos nos sentimos en deuda con la nuestra, todos pretendemos regresar a su reino atemporal, todos nos sabemos expulsados de su paraíso, todos nos preguntamos con perplejidad cómo pudo acabarse. Esta novela es una indagación, escrita desde el asombro de la adulta, en el asombroso mundo de la niñez y de las relaciones de familia.

Sin que desvelemos las sorpresas argumentales, podemos aludir al nudo del relato: cuando los padres de la protagonista deciden vender la casa en donde ella ha pasado todos los veranos de su vida, decide luchar para comprarla, un acto que supone el propósito de mantener viva la memoria propia y la de sus seres queridos, de salvaguardar el pasado y la intimidad. (Poco más o menos como trata de hacer siempre la alta literatura, cuyos autores aspiran a conservar en buen estado la casa del padre, es decir, la casa de la tradición, mientras tratan de sumar a ese edificio inabarcable su propia estancia luminosa.)

Lola Mascarell ha escrito una espléndida novela en su primer ejercicio narrativo, una obra llena de encanto, con un perfume de embriagadora naturalidad, llena de aciertos en la observación del corazón humano. Sin que tenga demasiado que ver con ellas -salvo en su resplandeciente brevedad, en su melancólico análisis del tiempo vivido- la emparento para siempre en mi memoria agradecida con obras para mí mitológicas, como Helena o el mar del verano, de Julián Ayesta, o Miss Giacomini, de Miguel Villalonga.

Porque hay virginidades que no sólo se pierden bien, sino de manera extraordinaria.

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