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El nacionalismo español se rearma

Pablo Batalla Cueto repasa los muchos vehículos en que viaja el discurso modernizado.

Pablo Batalla Cueto, licenciado en Historia, periodista cultural, corrector de la editorial asturiana Trea, miembro de la generación del 15 M, ha escrito un libro necesario y en gran medida esclarecedor (’Los nuevos odres del nacionalismo español’) sobre la difusión de las nuevas formas en que se viene manifestando en esta pasada década el nacionalismo español que suponen una «modernización» de su mensaje formal difundiéndose a través de toda clase de soportes culturales actuales.

Más que investigar las causas del florecimiento de ese nuevo lenguaje nacionalista, repasa minuciosamente los vehículos en que se ha difundido, demostrando una gran capacidad analítica del contenido de ese inventario de nuevas formas de expresarse el nacionalismo español durante la década pasada.

Pocos soportes culturales le quedan por escudriñar: cuadros, videojuegos, novelas históricas y prehistóricas, tratados filosóficos, banderas, desfiles, ceremonias, monumentos, series, anuncios televisivos, gastronomía, memes, ‘merchandising’, himnos, acontecimientos deportivos, etcétera. Todo un inventario de las formas en que se ha vehiculado el nacionalismo español desde que la selección de futbol ganó la Copa del Mundo convirtiendo a Iniesta y a Casillas en héroes nacionales y después se acentuase su difusión a partir de los intentos de la secesión catalana de España.

En el análisis de todas esas formas del nuevo nacionalismo no sólo se limita a las actuales, sino que también lo hace de las históricas, dándole un componente histórico pertinente para el esclarecimiento de su objetivo. Dedica un capítulo entero a la genealogía intelectual de Gustavo Bueno como impulsor, a través de su concepción de los imperios benefactores, de ese nacionalismo español. Hace referencias a otros nacionalismos circundantes que han creado y difundido estas mismas formas de difusión del nacionalismo que se han desarrollado en España en la pasada década.

Batalla ha tratado de establecer correlaciones entre ese nuevo nacionalismo y el fenómeno religioso a partir de la idea de que ese nacionalismo es también una forma de religión para difundir en una sociedad secularizada. De ahí que ese actual discurso nacionalista tenga como la religión sus teólogos como Gustavo Bueno o Santiago Montero Díaz, sus catequistas que traducen a lenguaje comprensible para sus fieles la fe nacionalista como lo están haciendo los videojuegos, los anuncios, las series televisivas, las canciones populares (Marta Sánchez y su letra del himno nacional), los cuadros de historia como los de Ferrer-Dalmau o la elevación a los altares del nacionalismo a la figura del marino Blas de Lezo. Tampoco pueden faltar los misioneros que difunden esa fe poniendo en claro la excepcionalidad hispana para consumo de amplios sectores sociales como pueden ser los novelistas históricos (Pérez-Reverte, Pérez Henares. Isabel San Sebastián…) o los ensayistas históricos como María Elvira Roca Barea.

Batalla es un profundo conocedor de esa ola ascendente del nacionalismo español y de sus vehículos de difusión y también del fenómeno del nacionalismo histórico en general y de los análisis teóricos que se han realizado sobre el mismo. Sus menciones y sus pertinentes comentarios sobre la amplia bibliografía del nacionalismo lo demuestran palpablemente.

Por ello, muchos de los lectores de este brillante libro quizás hayan pensado al terminar de leerlo que el autor debería a continuación escribir otro en el que nos explicase las causas y consecuencias políticas, esto es, el significado histórico-político, de ese innegable ascenso del nacionalismo españolista.

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