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El pionero de Instagram

La exposición de los bocetos de Piranesi de San Carlos expuestos en el Bellas Artes es una enseñanza de arte

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Carlos III fundó en 1768 la Real Academia de Bellas Artes de València para impartir las enseñanzas de las tres ‘nobles artes’: pintura, escultura y arquitectura. Diez años después del decreto real moría Giovanni Battista Piranesi (Mogliano di Mestre, 1720 - Roma, 1778), y justo otra década más tarde la academia adquiría un destacado conjunto de las famosas estampas de Piranesi, el deslumbrante «arquitecto véneto» (su ciudad natal pertenecía a la República de Venecia), al que se le llegó a calificar como el arquitecto loco. Aquel material de primer nivel destinado para sus estudiantes indica el nivel de modernidad de San Carlos a finales del siglo XVIII. Seguramente una de las mejores escuelas de Bellas Artes de la Europa de la época.

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Salvando todas las distancias de aquellas ‘artes nobles’, Piranesi sería el Santiago Calatrava del momento, y por eso la academia valenciana adquirió esos bocetos que están expuestos en el Museo de Bellas Artes que no pueden pasar desapercibidos. Una muestra indispensable comisariada por Adela Espinós Díaz y Joan Calduch Cervera (académicos correspondientes de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos).

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Bianconi, el biógrafo de Piranesi, como recoge Espinós en su estudio indica que: «En vez de estudiar el desnudo de las bellas estatuas de Grecia, se puso a dibujar los lisiados y jorobados que veía en Roma. Gustaba de dibujar las piernas ulcerosas, los trapos rotos, toda la miseria enferma, y cuando encontraba algún ejemplo en las iglesias, le parecía haber hallado un nuevo Apolo Belvedere o un Laoconte, y corría a dibujarlo».

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Pero en su regreso a Venecia a fines de 1743, entró en relación con el editor de estampas de origen alemán Giuseppe Wagner, quién le propone convertirse en su agente y editor de estampas en Roma. Un hecho decisivo, según Espinós, para establecerse en la ciudad papal, donde tiene ocasión de conocer arquitectos y eruditos como Giovanni Gaetano Bottari (1689- 1775), bibliotecario del Vaticano, lo provocó la eclosión de uno de los mejores grabadores de la historia del arte.

‘Piranessi. III Centenario (1720-2020). En la colección de la Academia de Bellas Artes’ expone 44 grabados y 5 tomos/libros imprescindibles para conocer la historia del arte. Como rescatan los textos de Joan Calduch, en Piranesi «las ruinas son las huellas que nos quedan como memoria de la antigüedad. Historia y naturaleza se funden en las ruinas reflejando las tres caras del tiempo: el pasado de una monumentalidad grandiosa irrecuperable que despierta la nostalgia por el esplendor perdido, el presente de una realidad decadente, impotente e indiferente que abandona ese legado, y el futuro como invención creativa de ambiciosos conjuntos estimulada por la magnificencia de los vestigios que perduran todavía. Viendo que los restos de las antiguas fábricas de Roma van disminuyendo día a día por la injuria de los tiempos, o por la avaricia de sus propietarios que con bárbara licencia los van derribando clandestinamente, me he propuesto conservarlos por medio de estampas».

Para el también académico de San Carlos Joaquín Arnau, Piranesi fue el «precursor de la cultura de la imagen, que hoy nos sobreabunda y anega, el arquitecto veneciano magnifica la Antigüedad (Antichità Romane), distorsiona el legado reciente (Vedute) e ironiza en clave brutal acerca de una rehabilitación a la inversa (Carceri). Que un monumento en ruinas se reutilice como prisión y artefacto de tortura no deja de ser un feroz sarcasmo».

Los profesores de arte tendrían que presentarlo como el pionero de Instagram.

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