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Dime que me lees

Días de feria

1. Márkaris, en València. El comisario Kostas Jaritos o al menos su padre putativo, el escritor Petros Márkaris, pasó por la Feria del Libro de València de la mano del periodista Joan Carles Martí que presentó su último libro, Cuarentena (Tusquets). Son seis historias que este escritor griego nacido en Estambul pergeñó a lo largo de la pandemia «como una forma de supervivencia»”. Márkaris no se veía con fuerzas para escribir una novela y recurrió al relato corto, que era hasta donde sentía que su pluma podía llegar. No son lo mejor de su obra, pero mantienen las constantes de su narrativa: una mirada crítica al poder, la denuncia de las injusticias del capitalismo, un antifascismo implacable, la compasión por los más vulnerables y una voluntad militante de, pese a todo, transmitir esperanza con una prosa ágil no exenta de sentido del humor. Lo mejor del libro es el epílogo, Jalki: el vacío y la bicicleta, un hermoso relato lleno de nostalgia que puede ser leído como un testamento literario.

2. Cancelar a Estellés. Leo en este periódico que la familia de Vicent Andrés Estellés ha desautorizado el libro de Antoni Martínez Revert Vicent Andrés Estellés de prop (Tirant) que se presentó el domingo en la Feria. El libro recoge una serie de conversaciones con el poeta que el autor mantuvo durante los años 1978, 1979 y 1980. La familia ha emitido un comunicado en el que se queja de que las grabaciones que se realizaron hayan sido transcritas «literalmente» sin respetar «los límites» que, aseguran, fijó el poeta, por lo que, concluyen, «no cuentan con nuestro visto bueno». Me quedo con la boca abierta. ¿Desde cuándo las familias de los escritores tienen que dar el visto bueno a las obras que se escriban sobre ellos? Me parece el colmo de la gilipollez de lo políticamente correcto y de la censora cultura de la cancelación.

3. En octubre, otra feria. El presidente de la Generalitat, Ximo Puig, ha ofrecido a los libreros la posibilidad de hacer una miniferia en octubre, como complemento de la tradicional de primavera. Parece una buena idea y el heroico gremio se lo está pensando. Así las cosas, cabría preguntarse si no sería un buen momento para experimentar con una fórmula que fuera más allá de las tradicionales casetas que, comprensiblemente, en aras del negocio, repiten los títulos que más se venden. Sería la ocasión para, además de las casetas, instalar una gran librería común en la que los lectores tuvieran acceso a obras menos conocidas y publicitadas. Algo así montó, a principios de los años ochenta en La Lonja, el añorado Paco Camarasa, entonces presidente del gremio, y fue una auténtica gozada para los lectores más curiosos.

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