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Dime que me lees

Un sabio llamado Morin

Pensar la complejidad, ese es el reto filosófico al que se ha enfrentado durante toda una vida. Se llamaba Edgar Nahoum, pero, cuenta la leyenda, que en una reunión de la Resistencia se presentó como Edgar Manin, un nombre de guerra tomado de una novela de André Malraux que un camarada confundió con Morin. Él no le corrigió y a partir de entonces, fue para la historia del pensamiento Edgar Morin, un sabio que el próximo día 8 de julio cumplirá 101 años. Ahora se publica en castellano Lecciones de un siglo de vida (Paidós). Un breve ensayo en el que el antropólogo y sociólogo hace un trepidante recorrido por su trayectoria vital e intelectual, de las que intenta sacar algunas lecciones e invitar a los lectores a hacer lo propio y buscar su propia vía. Para quienes no hayan leído a Morin, el libro es un seductor resumen de su obra y una invitación a profundizar en su lúcido pensamiento humanista. Y para los lectores que ya conocen sus textos, esta síntesis no sólo refrescará sus lecturas, sino que además les permitirá contextualizarlas vitalmente con el plus añadido de la autocrítica que destilan muchas de sus páginas.

La primera lección que nos ofrece Morin, hijo de inmigrantes sefardíes de Tesalónica, es que la identidad es una y plural, como corresponde a alguien que se define como «posmarrano, es decir, como hijo de Montaigne (de ascendencia judía) y del Spinoza anatemizado por la sinagoga» y que es consciente de la unidad plural de la personalidad. Edgar Nahoum nació a pesar de haber sido un feto sometido a prácticas abortivas, de manera que la desgracia que le destinaba a la muerte se convirtió en la suerte de vivir. Una experiencia que le hace saber desde el principio que vivir es navegar en un océano de incertidumbre, por lo que lo inesperado debe integrarse en la historia humana.

Cuando Nahoum decidió ser Morin, optó por una identidad francesa capaz de asumir la pluralidad y también por una permanente identidad de resistente. Un resistente que no solo se enfrentó al fascismo, a la «segunda glaciación estalinista» y a la revolución cultural china, sino también a la ciencia sin conciencia, a la crisis ecológica, a los efectos perversos de la globalización tecnoeconómica, a la subordinación europea a la élite financiera y a la lamentable actitud de la Unión frente a los migrantes de Siria y Afganistán.

El pensamiento complejo de Edgar Morin explica las necesidades humanas de responsabilidad y solidaridad. Con este libro, nos deja una última lección: la propuesta de un círculo virtuoso en el que cooperan la razón abierta y la benevolencia amable. Gracias Morin, camarada de la humanidad.

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