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Proyecto

Gandia da por fracasado el parking en altura de Corea

La única empresa que se presentó reconoce que el proyecto está «más muerto que vivo» - Por primera vez en la Safor se había autorizado una «zona verde» en la terraza de un edificio

Gandia da por fracasado el parking en altura de Corea

Gandia da por fracasado el parking en altura de Corea

La ciudad de Gandia ya no dispondrá de la primera «zona verde» que la Generalitat había autorizado a habilitar en la terraza de un enorme bloque de hormigón reservado, en sus plantas inferiores, a parking de vehículos y a zona comercial. Se trata del proyecto que, hace más de dos años, se presentó para el solar del distrito de Corea entre las calles Jaume II, Joan Martorell y Blasco Ibáñez en el que ahora están ubicadas las aulas prefabricadas del colegio Cervantes.

De haberse cumplido los planes del ayuntamiento, este habría sido un edificio singular en toda la Safor. Los técnicos municipales, para poder autorizar la ocupación de todo el solar para levantar el bloque de hormigón, tuvieron que pelear con la Generalitat para trasladar un espacio dotacional y verde que se contemplaba en esa misma parcela. La solución finalmente consensuada con la Conselleria de Urbanismo consistió en poner ese espacio en la terraza. Más aún, allí se diseñaron una decena de pistas deportivas públicas y todos los servicios necesarios para su funcionamiento.

Aprobado el diseño, todavía en la anterior legislatura el Gobierno local sacó a licitación la construcción del complejo, que requería la inversión, exclusivamente por parte privada, de unos 4,6 millones de euros. La aportación municipal era el propio solar, cedido durante 20 años. El inversor se beneficiaría, fundamentalmente, del párking y del alquiler de espacios construidos para abrir supermercados y otras tiendas de carácter minorista, dado que las grandes superficies comerciales habían quedado excluidas.

Documentos de solvencia

Aunque hubo quien cuestionó que existiera un inversor dispuesto a arriesgar tanto dinero para una aventura de este tipo, finalmente se presentó una única empresa, Gandia Sport Management, que, pese a todo, no resultó la adjudicataria porque el consistorio solicitó que demostrara su solvencia económica para evitar que, en plena crisis del ladrillo, se pudieran iniciar obras pero después no se ejecutara la totalidad del proyecto.

Transcurrido casi un año, y ante la falta de esos documentos, el consistorio optó por aprovechar el solar para instalar allí, de forma provisional, los barracones del colegio Cervantes, que está en pleno proceso de remodelación integral.

Ahora, tanto responsables municipales como de la empresa Gandia Sport Management han señalado a este periódico que prácticamente dan por finiquitado este proyecto, que llegó a ser uno de los emblemas urbanísticos del anterior alcalde, Arturo Torró.

«En realidad, puede decirse que es un proyecto latente, pero no a corto plazo», señalaron ayer desde la empresa que optó al concurso, si bien reconocieron que se trata de una actuación que, en las actuales circunstancias, «está más muerta que viva».

En el ayuntamiento también se interpreta que, transcurrido tanto tiempo sin haber conseguido la documentación requerida para completar el proceso del concurso público, aquella obra que habría marcado un hito en el urbanismo de la ciudad se ha quedado en una imagen virtual.

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