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Certamen

Fotografía con alma y naturalidad

Fotografía con alma y naturalidad

La fotografía de Antoni Costa que quedó finalista en el Jazz World Photo fue tomada en Lovaina (Bélgica) de forma casual. «Me encontraba de visita en la sala de exposiciones Arte-Fac en Bruselas, donde exponía mi obra titulada 'Fenómeno vital' y, al día siguiente, me desplacé hasta Lovaina. Allí, paseando por sus calles me adentré en un edificio, desde cuyo interior se oía música. Fue en ese preciso instante cuando entré que pude plasmar la imagen que he presentado al concurso internacional», relata el fotógrafo mallorquín, el único español finalista en el certamen que celebró su final el pasado fin de semana. Los ganadores fueron Kasia Idzkowska, Jura Tros y Serge Heimlich.

En la instantánea de Costa, que ha quedado en la posición 16 (se leccionaron a 347 fotógrafos de 41 países de todo el mundo) predomina la fuerza de las miradas de los protagonistas. Dicha fuerza «se aprecia tanto en la mirada atenta y penetrante de la portada del vinilo de jazz de Marshall Allen, uno de los más distintivos y originales saxofonistas de la posguerra, como detrás de él, la mirada casual de la solista de los jóvenes músicos de jazz, que estaban actuando en riguroso directo en la sala de conciertos anexa», relata el fotógrafo, convencido de que una buena imagen de temática jazz «debe reflejar naturalidad y tener alma».

Para esta fotografía, Costa obvió el color. «El blanco y negro lo que hace es eliminar distracciones centrando toda la atención en la imagen, la cual pasa a ser la esencia de la fotografía. Generalmente, las fotos de jazz no tienen por qué serlo. Hoy en día una buena foto de jazz en color también puede ser impactante», considera.

El fotógrafo confiesa que no es demasiado aficionado al género musical que ha retratado, aunque reconoce que, en los últimos años, algunos amigos que sí son amantes del jazz le han ido introduciendo un poco en este mundo. «Para una buena foto de jazz o cualquier otro género no es necesario conocerlo en profundidad. Yo lo veo desde una perspectiva fotográfica y veo que la fotografía tiene puntos en común con el jazz como es transmitir sensaciones y captar la improvisación», sostiene.

En estos días de confinamiento, explica que le gustaría tanto inmortalizar ese aislamiento en las casas como al personal sanitario que se está dejando la piel en los hospitales. «Me gusta fotografiar la vida. La vida diaria abarca múltiples y multitud de situaciones diferentes en un espacio corto de tiempo. En un mismo día podemos reír y llorar... en fotografía podemos capturar instantes muy diversos de nuestro entorno que cambian continuamente», señala.

Con más de 20 años como profesional en el mundo de la imagen, aprendió de la publicidad, campo que cultivó, «sobre todo a conectar y difundir el mensaje que se quiere transmitir para provocar y llamar la atención del receptor». Como fotógrafo de la Universitat de les Illes Balears, en el Servicio de Comunicación, «debido a la cantidad y diversidad de actos que se celebran en la institución, he tenido que aprender a desenvolverme día a día de una forma espontánea en diversos escenarios de características totalmente diferentes», admite.

Si le preguntan por sus referentes, Costa expone un extenso listado: Cartier-Bresson, Vivian Maier, Elliot Erwit, Cristina García Rodero o Steve McCurry, entre otros.

Sobre la relación entre la fotografía y las redes sociales, no se muestra reacio a la democratización de la disciplina que domina, pero responde con matices. «Todos estamos a un clic de una 'foto buena', aunque un poco más lejos de una 'buena foto' sin unos conocimientos técnicos necesarios».

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