12 de julio de 2019
12.07.2019

El faro del coach

La cabra tira al monte (¿o no?)

11.07.2019 | 15:36
La cabra tira al monte (¿o no?)

a he mencionado en varias ocasiones que los seres humanos somos ciegos en la acción, es decir, no nos vemos cuando actuamos. Esto, sumado a que cada persona es un mundo, dificulta enormemente medir el impacto que causamos en los demás con nuestro comportamiento.

Para saberlo, existe un recurso que apenas usamos, o usamos de forma poco constructiva, aunque coloquialmente se utilice con frecuencia su nombre, se trata del feedback.

Hay una serie de consideraciones sobre el feedback que quiero realizar.

La primera, el feedback es simple y llanamente «cómo nos sentimos con algo que hace otra persona». Por tanto, no es discutible, pues sólo nosotros sabemos cómo nos sentimos. Al mismo tiempo, habla más de quien lo da, qué de quien lo recibe. Esto es, habla de la sensibilidad, de las preferencias, de las necesidades, de los valores de quien lo emite y es totalmente subjetivo.

Recuerdo con cariño un feedback que le dieron a una clienta: «me canso de ver lo poco que estás en casa». Mi clienta, soltera, y con ganas de relacionarse con gente, sentía que aquello le cargaba las pilas, sin embargo, para quien se lo daba estar «poco» en casa resultaba agotador. Para aquella persona, el descanso era una necesidad urgente, pues acababa de tener un bebé.

Por eso, cuando nos dan feedback sólo decimos «gracias» y luego decidimos si nos resulta útil o no y cómo lo vamos a aprovechar, en su caso. Básicamente, que nos den feedback no significa que tengamos que cambiar algo, sino que nos dan una información que nos permite tomar una decisión de cambiar algo, si lo deseamos, al saber el impacto que genera en los demás un comportamiento nuestro, o porque nos muestra un posible impacto del que no éramos conscientes que también puede tener en nosotros (pese a no ser el caso, en el ejemplo que he relatado, el feedback podría haber permitido a mi clienta descubrir un posible motivo de su cansancio).

La segunda, se da sobre el «hacer» y no sobre el «ser». Decir «eres generoso» no es dar feedback, sino convertir una creencia propia en un pseudo hecho. Emocionalmente equivale a una sentencia. La forma correcta de dar feedback en este caso podría ser «cuando invitas a cenar me pareces generoso». El matiz es relevante ya que el «hacer» es relativamente sencillo de cambiar, mientras que el «ser» es una dimensión mucho más compleja.

La tercera consideración, como ya he anticipado, es que cada cual hace con el feedback lo que quiere, y por muchas ganas que tengamos de que alguien quiera cambiar algo, darle feedback no implica que tenga que cambiar nada. Lo hará solo si quiere y, como mucho, esa persona estará mejor informada sobre las consecuencias que su comportamiento tiene en su relación con otra persona (que no necesariamente con todas las demás personas).

La cuarta, el feedback puede ser de reconocimiento, no sólo sirve para brindar oportunidades de mejora, sino también para celebrar comportamientos que queremos que se repitan.

Y ¿por qué he escogido el título de «la cabra tira al monte»? Porque he escuchado a varias personas da r feedback acompañado de este comentario, que además de resultar poco alentador, me ha mostrado el gran desconocimiento que existe sobre la materia. Cuando damos feedback (de mejora, especialmente) no debemos pensar que a la persona le revelamos algo que está mal y debe cambiar, sino que solo le damos una información que puede serle útil y que, solo si quiere, aprovechará para cambiar algún comportamiento. Y me pregunto, ¿cuál es realmente la cabra que tira al monte, el receptor o el emisor del feedback?

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