06 de mayo de 2009
06.05.2009
análisis

El desencanto lúcido del viejo Doro

06.05.2009 | 03:23
en 2009. Doro Balaguer, retratado en su casa de Rocafort.

El intelectual e histórico activista comunista y nacionalista Isidor Balaguer publica un libro de memorias y reflexiones. Repasa los principales nombres de la Transición

Alfons Garcia, Valencia
Cuenta Isidor Balaguer (Valencia, 1931) que ahora que vive una "ancianidad bastante confortable" -sin aspiraciones, el espíritu se sosiega, dice- ha decidido hacer caso a amigos y compañeros de tertulia y dar forma a un libro de memorias que se adentra en cuanto puede en el ensayo, al dar cabida a numerosas reflexiones sobre el presente ("es la última actualidad lo que me preocupa", confiesa al final). L'esquerra agònica. Records i reflexions (Editorial Afers) es el título de esta "distracción satisfactoria de jubilado" en la que Doro Balaguer -el nombre público desde hace décadas- lleva, con idas y venidas, desde hace siete años.
Tal vez los más jóvenes no lo sitúen, pero se trata de uno de los personajes imprescindibles en la cultura y política valenciana desde hace, digamos, medio siglo. El pintor Doro Balaguer fue unos de los miembros de la segunda hornada del Grup Parpalló en los años 50. El político posterior fue uno de los principales representantes del PCE en Valencia en los tiempos de la clandestinidad, del PCPV durante la Transición y participó después en la fundación de la Unitat del Poble Valencià (UPV). Según definición propia, tuvo "una militancia comunista no demasiado comunista" y, después, "un nacionalismo no demasiado nacionalista". El empresario de pasamanería es además autor de numerosos artículos sobre política y cultura.
Las páginas de L'esquerra agònica destilan "cierta impresión de desencanto" -como dice Francesc Pérez i Moragón en el prólogo- y un aire de pesimismo ante la convicción de ir siempre en contra ("me preocupa la creciente impresión de haber errado casi siempre", afirma). Pero al no caer en la renuncia, estas singulares memorias no pueden evitar desprender idealismo.
Comunismo
Asegura Balaguer que uno de los personajes que más le influyó en los años 50 en París fue Juan Goytisolo. Su entrada entonces en el PCE -se autodefine como "un activista poco activo y un dirigente calamitoso"- lo llevó a varias ciudades socialistas. Vista desde el presente, la caída del Muro ha tenido también como consecuencia, afirma, "la pérdida de ideales igualitarios, esperanzas en un mundo más razonable". "La Rusia de Putin -razona- está demostrando que el autoritarismo, la aspiración a construir una gran potencia militar, la corrupción [É] no era patrimonio del sistema comunista". "Resulta difícil saber quién es más tiránico y más cruel, si el repudiado Stalin [É] o el aceptado Putin", dice.
El PCE y Carrillo
Balaguer destaca el "inteligente" papel jugado por el PCE al final de la dictadura al organizar una oposición amplia y democrática, pero rezuma acidez en sus comentarios sobre Santiago Carrillo: un político "con una gran capacidad para maniobrar en la política en general fuera del partido y, al mismo tiempo, un dirigente de partido desastroso, duro y autoritario, intransigente". Se dio cuenta ya entonces, dice, de que "no tenía ni idea de los problemas autonómicos [É] Estaba convencido de que las inquietudes autonomistas se debían a una forma de antifranquismo y nada más".
El centralismo y antinacionalismo de los grandes partidos estatales ha sido uno de los ejes de la actividad de Balaguer y también de estas memorias.
Palomares, Broseta, Abril
De Antonio Palomares (el líder del PCE clandestino en Valencia) reconoce su firmeza y su "dedicación sacrificada", pese a sus discrepancias. "Pertenecía a los políticos comunistas que preferían entenderse con la derecha que con los socialistas, los nacionalistas o la extrema izquierda".
En la Transición conoció a Manuel Broseta, "una persona despabilada y compleja, con ambiciones no ocultas". Sus "manipulaciones" con Fernando Abril Martorell fueron "nefastas", dice, en el Estatuto de Autonomía y "consolidaron en muchos niveles la mediocridad política y cultural aún vigente".
n lengua
El activista ve la cuestión del valenciano así de negra: "Fomentar un valenciano diferenciado del catalán significa liquidarlo como lengua de cultura y hoy por hoy ya lo están consiguiendo".
n pintura
Balaguer, que ha vuelto a los pinceles, elogia a Palazuelo, Arroyo y Tàpies y se aparta del "efectismo" de Barceló y el "naturalismo estático" de Antonio López. Pero "son mis manías", apostilla. Las de quien ve la historia de la pintura contemporánea como "la historia del mercado de la pintura".
n la situación actual
"La despolitización y la indiferencia, el conformismo y la falta de consciencia no corresponden a la normalidad democrática", sostiene al mirar la realidad actual valenciana. El "abandono político colectivo" lo atribuye al desprestigio de la política, "el viejo objetivo reaccionario", sentencia.

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