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El adiós ensayado de Brines

Los poetas Carlos Marzal, Vicente Gallego y el editor Juan Cerezo presentan “Donde muere la muerte”, el poemario póstumo del Premio Cervantes - Elca acoge la inauguración del XVII Festival de Poesia d'Oliva

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Elca acoge la presentación del poemario póstumo de Brines

Viajar a Elca, el paraíso espiritual de Francisco Brines, con sus discípulos es una aventura poética sabrosísima. En esta partida de Oliva, donde el Premio Cervantes maduró toda su obra y falleció hace cinco meses, se presentó ayer su último poemario, un libro póstumo que cierra el círculo literario de uno de los mejores poetas valencianos de los últimos años. Donde muere la muerte, editado por Tusquets Editores, es el título que los poetas Carlos Marzal y Vicente Gallego aconsejaron a su maestro y así cuelga ya en todas las librerías a modo de vademécum lírico total.

Llegar hasta este oasis de la historia de la literatura valenciana, situado en un altiplano donde se divisa el parque natural del Montgó y el mar Mediterráneo en el mismo golpe de vista, con los poetas Carlos Marzal, José Saborit, Lola Mascarell y el editor de Tusquets, Juan Cerezo, en el mismo coche es conocer más a fondo a Francisco Brines. Escuchar sus vivencias junto al maestro es una reserva de sabiduría inagotable que queda como off the record periodístico.

"Paco escribía cuando la poesía le ponía una pistola en el pecho, la entendía como una fatalidad"

Vicente Gallego - Poeta

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Pero sí hay que decir que cada vez que el Premio Cervantes recibía a uno de ellos en Elca, además de ofrecerles el licor de crema catalana que siempre tomaba después de comer, tenía que apartar los libros de las sillas para que se pudieran sentar. «Paco tenía libros hasta en la bañera», recordó Marzal de vuelta a casa. Más de 20.000 libros conserva su biblioteca personal, en el piso superior de su finca, además de un búnker en la almazara que también está lleno de títulos.

Antes, una vez atravesamos la entrada, un pasillo que es un palmeral precioso, se abrió el patio central como un rugido de vida a través de esa pampa húmeda olorosa que tejen los naranjos, los laureles y los cipreses. El parking que Brines dedicó a la memoria de Antonio Cabrera estaba lleno de coches. No cabía uno más: «Ha venido gente de lejísimos, hasta de Logroño», manifestó Marzal.

Sentarse allí, rodeado de esa súbita floración perfectamente dibujada dentro del «teatro mitológico de su poesía» -acuñó Marzal-, es comprobar el fluir vivo, vencedor, apasionado y sonoro de la memoria de Francisco Brines.

El regidor de Cultura de l'Ajuntament d'Oliva, Julio Llorca, abrió el acto. El propio Marzal, junto al también poeta Vicente Gallego -dos escritores capaces de alumbrar la honda cripta del alma con la antorcha de sus versos-, el editor de Tusquets, Juan Cerezo, y la directora de la Fundación Francisco Brines, Àngels Gregori, presentaron Donde muere la muerte, «la despedida rotunda del mundo, el adiós que había ensayado para toda su obra», destacó Marzal. En ese sentido, también manifestó del libro su «sequedad conceptista, la intensidad del placer físico y de la belleza» y terminó su exposición con la lectura de un poema inédito, titulado La mañana que enterramos a Francisco Brines.

"Paco reinaba, sin querer, en esa especie de Secreto de Camelot literario poético de València y lo ha sabido transmitir"

Juan Cerezo - Director editorial de Tusquets

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Por su parte, Gallego aseguró que «Brines sabía que no iba a escribir un libro igual. Tardó 25 años para escribir 24 poemas, pero él siempre ha escrito cuando la poesía le ha puesto una pistola en el pecho porque entendía la escritura como una fatalidad». Y también concluyó su ponencia con unos versos inéditos, revelados con la resonancia que el tabaco le ha dado a su voz, bajo el nombre de En Elca con Francisco Brines.

Su editor, Juan Cerezo, reconoció sentirse «emocionado» por estar en Elca y «por el deber cumplido» de la publicación: «Paco supo rodearse de poetas jóvenes porque se inspiraba y los inspiraba. Él reinaba, sin querer, en esa especie de Secreto de Camelot literario poético de València y lo ha sabido transmitir».

Un atardecer que solo se divisa desde allí puso punto y final después de que la actriz Rosana Pastor recitase algunos poemas de Donde muere la muerte. Solo los gorriones rompían el silencio mineral. La imagen rebasó la cita e hirió, allí donde las voces suenan de verdad por todos los siglos: en el corazón. Porque Brines es un genio inmortal. 

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