El negocio urbanístico no tiene techo en Xàbia. Las promotoras exhiben un fino olfato para encontrar preciados «retales» de suelo en los que construir chalés de lujo. Una de las zonas más codiciadas es el litoral del Portitxol. Allí está ya en marcha un nuevo proyecto urbanístico.

Palmitos talados en los terrenos del Portitxol A. P. F.

Una firma inmobiliaria ha colocado un cartel en el que ofrece cuatro parcelas de 1.070 metros cuadrados. Las parcelas han «surgido» de lo que hasta ahora había sido un frondoso bosque. En esta ladera del Portitxol, donde se alzaban pinos de considerable porte y abundaban los acebuches, lentiscos y palmitos, hay ahora piedras removidas y astillas.

Algunos de los pinos talados tenían un considerable porte A. P. F.

La empresa ha llevado a cabo una tala indiscriminada. Ha arramblado con todo. Solo han sobrevivido algunos de los pinos que están pegados a las calles Truita y Rascassa, que son de las que se sale de la cala de la Barraca y por las que se accede al espectacular mirador de la Falzia.

La tala indiscriminada ha enfadado a los vecinos. Les ha sorprendido que de la noche a lamañana se haya arrasado toda la vegetación de la ladera. Lamentan que ni siquiera se haya conservado algunos de los pinos de mayor porte o especies de importante valor botánico como los lentiscos y palmitos. Las máquinas han entrado en este suelo, que es urbano, con el objetivo de despejarlo de todo. No han dejado ni un arbusto.

Estos terrenos coronan una ladera del Portitxol que está salpicada de chalés. Es frecuente que de un día para otro se desmochen pinos. Los chalés y las parcelas se revalorizan si nada tapa el horizonte.

La normativa en Xàbia respecto a salvar la vegetación de un suelo urbano es extremadamente laxa. Se puede talar todo. En Teulada Moraira, se obliga a plantar dos árboles por cada uno que se corta. En Xàbia, cuando luego se inspecciona el chalé acabado, la promotora o los dueños deben haber sembrado un árbol en cada 50 metros cuadrados del jardín.

Mientras que este suelo del Portitxol es urbano (se aprobó un plan parcial hace la tira de años), la parte norte de esta costa sí está protegida. Más de 100.000 metros cuadrados se han salvado de la vorágine urbanística. Pertenecieron a un pionero del ecologismo, Guillermo Pons, quien vio que tenían un enorme valor natural y paisajístico y se negó a urbanizarlos. En 1999, el ayuntamiento inició los trámites para blindar esos terrenos.