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Penúltimas tardes con Marsé

Penúltimas tardes
 con Marsé

Penúltimas tardes con Marsé

Hay dos dieciochos de julio nefastos en la Historia de España. El otro es el 18 de julio de 2020. Era sábado y a la lista de muertos de este aciago año, se sumó ese día la de Juan Marsé. Para algunos, el mejor novelista español de las últimas décadas.

A las pocas semanas de su muerte, Lumen publicaba ‘Viaje al sur’, libro inédito que el autor de ‘Últimas tardes con Teresa’ escribió en 1963. Fue un año después del viaje que hizo por Andalucía con el fotógrafo Albert Ripoll Guspi y con Antonio Pérez. Era un encargo de este último y de José Martínez Guerricabeitia, responsables de Ruedo Ibérico. Pero la mítica editorial antifranquista radicada en París no llegó a publicarlo y el libro estuvo perdido durante décadas. Hasta que, felizmente, Andreu Jaume consiguió localizar el manuscrito y las fotografías en el Instituto de Historia Social de Ámsterdam. Jaume cuenta la peripecia editorial en una interesantísima introducción. El volumen se completa con la correspondencia de Marsé con Martínez Guerricabeitia y un misterioso A. González, quien, en nombre del editor, le notifica que Ruedo Ibérico renuncia a su publicación. Las cartas ponen de manifiesto la dedicación y el rigor que puso el escritor para pergeñar este texto. También, el acoso que sufrieron la editorial y los libreros españoles por el recién nombrado ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga.

En una de las misivas, Marsé le anuncia al editor su decisión de firmar la obra con pseudónimo y se muestra orgulloso del resultado final del libro. «Es el mejor que he escrito hasta la fecha. En estos momentos lo tiene Carlos Barral, y está encantado». No es para menos, porque con ‘Viaje al sur’, cincuenta y ocho años después de escribirlo, los lectores descubrimos un libro magnífico. Nos reencontramos con una prosa espléndida y cegadora. Deslumbrante, como la luz en blanco y negro de ese mísero sur que tan bien plasma Marsé y retrata Ripoll Guspi. A mí, que ya tengo unos años, el libro me ha despertado, también, recuerdos durmientes de una Andalucía en la que viví de muy niño. A los lectores más jóvenes, el viaje de Marsé les descubrirá la cotidianeidad de aquella España tan bien contextualizada con los titulares de los periódicos del día, que hábilmente inserta el autor a modo de contrapunto. La cuidada edición añade, además, las notas necesarias para que los que no vivieron aquellos años puedan seguir el hilo de esos titulares.

Marsé firmó el manuscrito con el pseudónimo de Manolo Reyes, el nombre del Pijoaparte, el inolvidable charnego de ‘Últimas tardes con Teresa’. Un detalle que, ya de por si, invita a pensar que la trama de la novela que le consagraría empezó a tejerse en este viaje al sur. Andreu Jaume confirma esa primera impresión. En su estudio introductorio, analiza con claridad el papel del Chato y Ana María -dos jóvenes que el viajero conoce en Ronda- en la construcción del personaje del Pijoaparte y de la familia Moreau. De manera, que el texto de Jaume se convierte en una sugerente invitación a la relectura de ‘Últimas tardes con Teresa’. Una relectura tanto más apetitosa después de haber vuelto, con este viaje, a paladear su maravilloso estilo narrativo. A la espera de que Lumen publique el último libro en el que estaba trabajando, ‘Notas para unas memorias que nunca escribiré’, es una buena manera de aplacar la bulimia lectora que su prosa nos provoca.

Mientras tanto, mucho cuidado. Como advierte Marsé en su crónica, «el domingo sigue siendo una encerrona en todas partes». Y esta maldita nueva normalidad de la que no acabamos de salir, cada vez se parece más a un domingo del franquismo.

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