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La Ribera asume el riesgo otoñal sin las obras de defensa de riadas diseñadas hace décadas

Los alcaldes piden que se contemple junto a los grandes proyectos otros más inmediatos que mejoren la seguridad

Una crecida del río Albaida, afluente del Xúquer que la CHJ prevé regular con la construcción de la presa de Montesa. | V. M. P.

El otoño ha comenzado bravo desde el punto de vista meteorológico y registros de lluvia de hasta cien litros por metro cuadrado en una hora en la Casella dieron el miércoles por la noche un primer aviso en Alzira. La historia se repite. La Ribera afronta de nuevo la época de mayor riesgo de intensas precipitaciones sin que se haya materializado ninguna de las actuaciones que planteaba el plan contra inundaciones del año 2000.

Una calle del barrio de l’Alquenència anegada por el agua. | R. SEBASTIÁN

La Confederación Hidrográfica del Júcar adjudicó poco antes del verano un estudio de alternativas que debe definir cinco proyectos que individualmente sean «viables y eficaces» y otros diez estudios piloto para reducir daños en caso de inundación. Uno de esos trabajos debe plantear soluciones a la amenaza que el barranco de la Casella representa para Alzira, según el compromiso asumido por las autoridades. La CHJ también acaba de cerrar la fase de consulta pública del segundo ciclo de los planes de gestión del riesgo de inundación que, en el caso de la Ribera, arrastra propuestas basadas en el Plan General de Inundaciones del Júcar centradas en el tramo medio y bajo del Xúquer y los barrancos que desaguan en el mismo y que, en los últimos años, han demostrado que el peligro no viene solo del río. Valga como ejemplo el caso de los barrancos de Barxeta, la Casella y la Murta o los torrentes que cruzan y envuelven Alginet.

El presidente de la CHJ, Miguel Polo, defendió durante un acto celebrado en Alzira el pasado mes de junio que, frente a las crítica por la aparente inactividad por la sucesión de planes contra inundaciones que no se han materializado en actuaciones concretas, la Confederación y el Ministerio de Medio Ambiente «no han parado de trabajar». Polo dejó claro que, en materia de infraestructuras hidráulicas, cualquier intervención requiere de muchos años, décadas de trabajo, y reconoció que en el caso de las inundaciones del Xúquer, las normativas europeas que entraron en vigor en 2007 obligaron a «empezar de cero» y cambiar el sistema de trabajo al imponer la elaboración de un plan de riesgos o someter cualquier intervención a un análisis coste-beneficio.

Polo ya confirmó entonces la intención del ministerio de licitar el proyecto de construcción de la presa de Montesa, una de las actuaciones previstas en el plan contra inundaciones, con el objetivo de regular el río Cànyoles, un afluente del Albaida que en los últimos episodios de lluvias ha mostrado su peligrosidad ya que las aportaciones incontroladas han acabado provocando el desbordamiento del Albaida en su confluencia con el Xúquer en Alberic. La construcción de presas genera rechazos en entidades como Xúquer Viu, que aboga por ampliar el cauce del Xúquer lo suficiente para que pueda absorber crecidas y recuperar el bosque de ribera en las orillas.

El alcalde de Carcaixent, Paco Salom, aprovechó el mismo acto al que asistió Polo para plantear la necesidad de «compatibilizar» las actuaciones de largo recorrido que contemplan estos planes de prevención con otras puntuales que corrijan cuanto antes los principales riesgos, ya que la amenaza de inundaciones persiste año tras año. Salom detalló que el Xúquer preocupa, pero también el Barxeta, que ha protagonizado las últimas inundaciones, no sólo en Cogullada, sino también en Rafelguaraf o la Pobla Llarga, además de complicar el desagüe de Alzira. Su confluencia con el barranco de la Casella es un punto crítico desde el punto de vista hidrológico.

Presión política

Los alcaldes de los municipios afectados se han mostrado por momentos reivindicativos en la demanda de soluciones, que no llegan, y la presión política se presume fundamental para que no se demoren las actuaciones necesarias para mejorar la seguridad de la Ribera frente a inundaciones. Se trata por lo general de propuestas que requieren de una elevada inversión.

En el caso de Alzira, el ayuntamiento ha realizado en los últimos meses pequeñas actuaciones para evitar los repetidos problemas que están causando los barrancos de la cuenca este -Fosc, Gràcia Maria, Les Estreles y de l’Arena-, aunque la actuación clave pasa por la ampliación del barranco de la Casella que permita desaguar todas las escorrentías en caso de fuertes lluvias. La conselleria de Obras Públicas ya ha mostrado incluso su disposición a suprimir la actual salida de la CV-50 hacia la carretera de Carcaixent para propiciar esa ampliación.

Por otra parte, el alcalde de Alzira, Diego Gómez, anunció días atrás que las obras de la segunda fase del canal interceptor de Les Basses podrían comenzar a finales de octubre, al haberse iniciado ya el procedimiento de expropiación. Se trata en cualquier caso de actuaciones puntuales a la espera de las que se derivan de los planes de prevención de inundaciones, de carácter más amplio y que siguen solo sobre el papel.

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